viernes, 23 de diciembre de 2016

Re-sentimiento


El mundo tiene derecho a saber que tuve miedo.

Que parloteé siempre que pude, recreándome en mi narcisismo.

En el delirio, la ignorancia y la huida de mis sueños, perdidos y encontrados.

Pues, está claro que no soy un filósofo ideal.

La ignorancia no es algo en lo que nos podamos escudar,

ni de lo que podamos estar orgullosos de ninguna manera.

Ni de lo que podamos escapar. No se esquiva, cuando ya nos ha alcanzado.

Debemos afrontar que no sabemos nada de los demás.

Que no hacemos ni podemos hacer más que imponerles nuestros prejuicios

que crecen con nuestra vejez. Y se hacen más duros. El prejuicio va antes que la duda.

Puede venir alguno y arrastrarnos con su seducción. A su terreno.

Pero la verdad seguirá siendo la verdad. Tal y como es.

No nuestro sueño o nuestro deseo. No nuestra exageración o nuestra excusa.

No nuestra desmedida, ni nuestro crimen.

Sólo la verdad y nada más.

Hasta hablar de ello, hasta insinuarlo de la forma más remota es peligroso,

en el sentido estrictamente moral de la palabra, si no se está dispuesto a ser

honesto con todo el corazón. Hablo de un intento humano. El único intento de nobleza.

El brillo que se distingue en la oscuridad. Y que, si varía, se persigue con la vehemente

mirada del alma, que siempre la busca. Con completa desnudez interior.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Espíritu insaciable


Voy conociendo la vida.

La enfermedad, si se prefiere, en ausencia de toda fantasía irrealizable. Buena o mala.

La paz es el alivio. El desahogo. La salida o la fuga. La vuelta a la calma.

Ausencia de tempestad.

Poco a poco, es forzoso darse cuenta de lo que vale la pena redescubrir.

Lo que ensombrece todo lo demás.

Enseñar y aprender es mi felicidad.

Todo lo demás es tristeza. Mi fuga. Mi paz.

El tratamiento de mi enfermedad. La medicina de mi alma.

Suena duro. Lejano a su verdadera raíz.

Tengo fe en esa confianza, asentándose con la suave sabiduría de la naturaleza.

Buscando desesperadamente su amistad, una y otra vez. Su reconciliación y su favor.

En cuanto se pierde, empieza de nuevo.

Calmando todos mis miedos. Pequeños y grandes. Todos pasajeros.

Déjame insinuar el ideal que respeto.

Pon el resto, si puedes.

Como hombre, me consumo en la ignorancia que desprecio.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Trozo de humanidad



El futuro es una naturaleza diferente de la que esperaba.

Soy presa de mis propios sentimientos.

No es mi deseo sumarme a la carga, la fatiga de los demás. Todos, cada uno de mis

desconocidos.

Me ha sido muy difícil controlarme hasta ahora. Creo que no lo he conseguido.

Mi mayor temor en el presente es que se escape verdadera maldad de mi voluntad,

habiendo podido evitarlo. No concibo mayor angustia. Más maldad que aumente el dolor de los

que sufren. La enfermedad de los enfermos. Es, lo digo sin rodeos, el techo de mi

preocupación. Aquello que tengo por el final de mi conciencia.


He juzgado a los desconocidos. También a mí mismo. Pero no siempre he fallado. Dudar no

puede ser equivocarse. El devenir implica eficacia. Aunque sea mínima.


Creo que no conozco esa grandeza, según la cuál, podemos presumir de no cometer errores.

Se me parece a un fantasma incómodo e infantil, violento y brutal que se arrastra y nos acompaña mientras

vivimos, amenazándonos a nosotros y a los demás. Absorbiendo de repente

nuestro entusiasmo. Como si en un instante muriese para siempre toda nuestra felicidad,

no pudiera revivir y lo supiéramos.

La desesperación es simplemente una esperanza amarga, desagradable. Insoportable e

indeseable. Pero la esperanza es la naturaleza de nuestra conciencia. Esto no lo podrá

negar la verdadera gente sensata.

La vida es todo.

¿Cuándo es el momento adecuado, ideal, óptimo, supremo?

¿Qué circunstancia es brillante o perfecta?

¿Cómo conquistaremos el honor extraordinario de la inmortalidad?

El juicio es aquello que nos aparta y nos arrebata de este mundo, para afrontarnos en plena

soledad. La soledad austera de la razón, dónde el corazón explota de quejas que resuenan

en el silencio, por un tiempo. Han sacado y medido cuentas. Han intercambiado lo que no

podían contener para sí.

He ido callando. No sé por cuánto más hablaré.

No me he librado de mí mismo.

Todos los desconocidos son mis hermanos.

Me gustaría dar vida a estas palabras. Más vida, vida humana. Mi vida humana.

No robes felicidad. ¡Regálala!


Si no ignorase por completo mi aportación, si no me preocupase, no volvería a exponer mi

orgullo en este texto. Pero aún me siento arrastrado en la fantasía por dentro.

Envuelto, embelesado en proyectos sin acabar. Será mi juventud o la naturaleza humana.

Lo ideal es invisible.

Si se vuelve a probar la profundidad, por si acaso, es pronto para rendirse.

El enemigo oculto siempre es más peligroso que el manifiesto.

En la historia de la tristeza está escrito que, después de la prosperidad material,

viene la difícil prueba de la filosofía. Nuestro desafío.

La transición que los vivos todavía no hemos cruzado.

Bien sabemos que hay ataques contra nosotros mismos que no podemos detener. Ni sabemos

cómo. Si creímos haberlo sabido, lo olvidamos o nos dimos cuenta de que no era así.

Nos dimos nuestras propias respuestas sobre lo que no sabíamos.

Nos bastaron esbozos rápidos.

Huimos de la difícultad en un suspiro.

Pero seguimos atrapados en lo desconocido.

Como el no-nato. O las criaturas fantásticas en su propio mundo.

Somos la mitad de lo que no se puede saber.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Listopad


Se llena de sueños vagos y libres el descuido de mis educadores. Mis cuidadores, tan humanos como yo, que no pudieron ni quisieron resistirse finalmente al empeño de sus propios sueños. Todo eso que nos hace vagos y libres, en nuestra imaginación. Vivir es estar enfermo de vida, ser hombre, pero un hombre más. Otro hombre. No enseñar más que su propia ignorancia, el canon de su cultura. El rastro de amor que sondearon los anteriores. 

Más puede un grupo de hombres que un hombre solo, pero mucho más puede un grupo de hombres organizado. He aquí todo el sentido de la sociedad humana. Por mi parte, me cuesta usar el lenguaje para algo más que la construcción de significado, la recreación de la belleza. Pues, no lo usamos sólo para decir lo que queremos? 

Estoy lleno de reproches. No se separan los que lanzo contra mí mismo y contra los demás. La vida está llena de vanidad, de exceso de vanidad. El orgullo es la enfermedad del alma. Desear caer es ignorar por completo la caída. Contener, ser lo exterior y no su contrario. 

Todos divagamos sobre nuestros errores, porque en realidad no los conocemos, y sólo los sospechamos y olvidamos temporalmente. No hay superhombres más que en los sueños de los hombres, acusando y deslumbrando. Los hombres perfectos son imperfectos. He querido seguir con más fuerza de la que he querido que me sigan a mí, pues poco o nada tengo que enseñar, como puede verse. 

Callo y escucho, pero termino exponiendo mi consuelo y consejo, con tanto amor que hago callar y escuchar a mis semejantes, a los que me encuentro. Está ya lejos la juventud y la infancia, donde apenas recibía mi propia perplejidad. Ahora estoy actuando por mí mismo. He sido empujado a la vida real. Pasa de verdad. 

Un día ya no estaré aquí. Intento decir algo que tenga sentido, pero también pasión verdadera. Pasión de vida humana, de empatía humana. Hablemos de filosofía. Filosofemos, hagámonos hombres divinos a la semejanza de los verdaderos hombres divinos y pongamos todo el empeño de nuestro corazón. 

martes, 1 de noviembre de 2016

Sin palabra


Me gusta olvidar que otros ya han vivido, sin salirse un centímetro de la vida real. Sin necesidad de haberlos conocido, bastándome por completo la especulación, a pesar de la incertidumbre. Los momentos liberales del verdadero espíritu. El que se siente imperfecto, agonizante. Moribundo. Dependo por completo de este momento. La memoria y los huesos. Soy desconocido del tiempo. 

A veces, me gusta lo contrario. Darme libertad a mí mismo para hablar, para fantasear. Vuelvo forzosamente a lo cotidiano. Para volver a escapar pronto. Rápido. En cuanto puedo. No me encuentro en calma, cuando empiezo a pensar. Rebusco en mi corazón. Ninguna garantía basta. Ninguna fantasía. Ningún recuerdo. Ni el más poderoso y tranquilizador. Se resiste y escurre la vida, mientras dura. Se derrama fuera de sí misma. 

Todos somos pequeños y existen los otros. Hay compañía. Hay roce y dolor. Travesuras. Penetración extraña y total. Vacilamiento y exceso. Los sentimientos son superávit de razón. La conciencia es el único descubrimiento por dentro, sin ser total ni constante. Basta lo pasajero, para los que discuten. 

domingo, 9 de octubre de 2016

Secreto a voces


Conozco esta habitación hostil en la que meros hombres convivimos. Pero no somos el esquema ideal de un hombre, sino hombres enteros, personales. De profundidad insuficiente y dolorosa. Ciegos aún, heridos ante la profundidad. Inconstantes ante la verdad. Apasionada e irresistiblemente inquietos. Capas y capas de humanidad en el individuo, hasta llegar al alma, la esencia indivisible. Incorruptible. 

La dirección sin retorno. El inicio recto y continuo del misterio. A una deshace y forma confusiones tardías. Violenta ceguera temporal. En este lugar, la amargura parece eternamente flexible. Moldeable. Mas no se reduce ni se anula. Se multiplica más tarde. La carne por dentro es blanda y se queja, descanse o trabaje. 

Se esconde. Apura el ocio. Distrae la culpa. El mundo es vanidad. Comercio trivial y efímero. Todos los ojos miran al mundo. Nada ha salido como planeé. Ni aun lo más pequeño. Pero reconozco mi pasado como turba de tropiezos que la vergüenza humana exalta en lugar de ocultar. ¿Quién conoce su verdadero lugar, su esencia?

Franqueamos con un poco más de temor y respeto forzoso los desvíos del corazón, mas volvemos a caer. Pasión y dolor disueltos en lo invisible e inalcanzable, perdidos en el tiempo. Rescatados sólo por la memoria. No se mantiene una postura falsa por ningún tiempo. Ni siquiera breve.

Se toma la que se tiene por valiosa en lo oculto, a la expectativa de un bien inmerecido que se quiso arrebatar de todos modos. Alargar lo inverosímil hasta la fantasía y la demencia. Matar a la pasión con pasión. Ahogar, embriagar el mal con mal. Caer en la locura de la que sólo se sale con el olvido o la muerte. 

La pasión siempre pierde. Muerde y devora el comportamiento humano, por bocado de vidas enteras. No hay salvación en ella. No hay esperanza. Sino apetito y engaño. Lamento y súplica. Olvido que cura a la enfermedad para que ataque de nuevo. Como el enigma de un absurdo. Esa es la violencia que se arrastra sin dirección, insaciable. 


miércoles, 5 de octubre de 2016

Anthropos

Presentación del hombre

¿A qué desafíos crees que se enfrentaron las generaciones hasta ti?

A dos: la vida desconocida y la conocida. A las estimaciones por separado y en conjunto. De la vida futura y presente. Al temor del pasado, a ignorarlo o no figurarlo sin ficción ni engaño, sin velo de pasión. A la exactitud. 

Pues la verdad es equivalente por dentro y por fuera como estado real, mientras que los dos estados restantes, a saber, que hay una descompensación temporal entre el interior y el exterior son irreales, ficticias, y deben destaparse o desenterrarse como el impulso inteligible de una metáfora.

Empezamos por los hechos y la práctica, pero terminamos inexorablemente en la teoría. Aún no sabemos si es al revés, pero debemos tomar partido. 

Ante la personalidad, si es real, nada se puede hacer salvo adaptarse a ella o destruirla por completo, hasta sus cimientos. No tiene otro propósito la inteligencia. Pues su objetivo son los conceptos, las ideas, que son los que la detienen, no sus envoltorios. El símil, no las similitudes. Recordemos este punto para bien. Para edificación. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Tópicos


En todos los juegos, son más importantes los que pierden que los que ganan. Porque aquellos dan sentido, sólo ellos, a estos últimos. Juzguemos por tanto, a partir de este punto, si queremos juzgar bien a todas luces, sin ser vencidos por el temor al error, que es un fantasma sin cuerpo que acompaña a los cuerpos reales como una sombra, tanto a los animados como a los inanimados. 

Hay dos tipos de situaciones tópicas. Unas reales y otras fantásticas. Las reales son las que siempre pasan, de hecho. Las que no se pueden cambiar, aunque se esquiven momentáneamente o de forma ilusoria. Las segundas son las que alimentan los sueños de todos los hombres, grandes y pequeños. No hace falta decir que son aquellas que representan las fábulas y el teatro. 

En cierto sentido, estas últimas son una inversión de las primeras, ya que representan lo contrario, lo favorable, lo agradable al público insatisfecho, anhelante. Incluso desesperante, cuanto más cerca está de la exigencia tiránica o la voracidad sin fondo. A este respecto, aclaremos que el vicio es preferir el mal al bien porque no se puede controlar. Es decir, que podemos proceder de cierta manera, pero preferimos no hacerlo. Por tanto, se conocen ambas formas de proceder. 

Pensemos bien, hombres que se tienen por  buenos o por malos, así como los buenos y malos en realidad, a la hora de juzgar estas dos clases de situaciones y el género de vida que cada una conlleva; pues, del mismo modo, son géneros opuestos y en ellas, se vuelven vanas y falsas todas las intenciones, pues se disuelven como aquello que se tenía como más insolvente hasta entonces. 

El género de la fantasía sólo puede representar una forma de mundo. Aquél en el que la sociedad sólo es un servilismo infinito al individuo, su tirano implacable. La fantasía no es absurda, ni nuestra viciosa devoción hacia ella. Lo son sus fundamentos racionales, porque, dentro de este tópico, se oponen a sí mismos, convirtiéndose en absurdo, aplastándose por su propio peso.

Lo que intento señalar es que la fantasía sólo puede albergar y alberga sueños de vanidad y de egoísmo, que son la misma cosa. Un delirio solitario que desprende vicio infinito, del que, si no se puede vencer, es preciso huir a toda costa. Es decir, un delirio que intenta aislarse de la realidad y fracasa.

Por todo ello, el género de vida de la opción contraria es el servicio al estado, a la república, al bien, la civilización. Pues en él se rechaza con firme repugnancia e incluso receloso temor estos peligros grotescos y tenebrosos del egoísmo, que, ni antes ni ahora han acabado más que en drama o tragedia, en insatisfacción infinita y, en fin, en ridículo que se pretende ocultar o embellecer hasta de las formas más difíciles de imaginar, tanto más extravagantes y poco creíbles son, por la escasa o ausente sensatez con que se han ejecutado.

El bien no es el mal menor, sino el bien puro, total. Sin huecos, tapas ni excepciones. El bien es la pureza misma. La desnudez perfecta que no necesita profundidad. Que ninguna de las formas contiene, pero que contiene todas las formas. Sólo es lícito usar la retórica para alabar el bien, para buscarlo y hacerlo buscar con todo el corazón. 

sábado, 17 de septiembre de 2016

Decadencia por dentro

Mi dolor

El misterio era suficiente. La decadencia por dentro se repite como un ritmo infinito.

El silencio duele cuando se espera respuesta.

Pero duele más aún recibir la respuesta contraria de la que se desea.

La oposición incómoda continúa. La rebelión absurda, que viene de lo remoto. La supervivencia.

Las pasiones son la enfermedad del alma.

Una especie de niebla que no deja ver, que aturde y enfría. A veces, su calor es insoportable y abrasa.

No puede haber pasión intermedia, en calma. Pasión equilibrada. La pasión intermedia es su ausencia.

Su naturaleza es el exceso. La violencia. La exaltación.

Mis miedos son los de todos los hombres.

El soberbio se siente solo. Mal pagado. El que ignora su propia soberbia. Porque no lo sabe todo de ella.

Puede que me equivoque, pero sé que existe lo correcto.

Quiero lo que nadie pueda negar.

He rebuscado en el abismo.

Cuándo miraré hacia arriba, sin rehuir la vista?

No puedo ser de otra época.

El pensamiento es el fin de la realidad.

La realidad es el principio del pensamiento.

Las ideas atrapan. No son atrapadas.

Todo lo que está por debajo de la idea es imagen. Imitación. Copia.

Incluso la más cercana sigue siendo inferior. Diferente. Opuesta.

El lado de las esencias es invisible.

Es la desnudez completa, pero interior.

Nos hemos rozado y quemado demasiado. Pero no podemos volver atrás.

El camino de la esperanza no nos pertenece. Pero lo buscamos y lo deseamos. Lo pedimos. Nada más nos falta. Pero nada produce mayor quebranto. Mayor soledad.

El texto es la verdad y la mentira, porque termina en el uso. La interpretación.

Nos estruja para sacar el mal del alma. Perfecciona su obra. No lo hacemos nosotros, pues olvidamos, erramos y desesperamos.

El dolor es justo, aunque se desconozca toda la causa. Pues sólo se conoce el final.

Cuanto más creo en los desconocidos, menos creo en los conocidos. Lo mismo pasa con el amor.

Deseo que grandes y pequeños caigan, para seguir teniendo razón. Me aterra volver a sentirme perdido, desnudo por dentro. Hastiado por la sorpresa, en medio de la faena equivocada, de la impresión indeseable.

Me quedé enredado como los anteriores. En el mismo agujero. Donde no bastan ni sobran palabras. Como sentimientos. Hogar y centro de la confusión humana. Desolación. Mil espinas de contradicciones, como cuchillos infernales. Ahora, sólo la muerte me librará de la Vida.

No planeaba nada de esto. Ignoro qué quedará.

Sólo deseo lo que parece bueno, incluso estando desesperado o en la completa ignorancia.

En un camino invisible, corro detrás de lo incompleto.

martes, 13 de septiembre de 2016

Comunicado


Y qué te puedo decir yo, amigo desconocido, sobre ti mismo?

No fundaremos una República. Aún no sabemos si nos haremos inmortales, pase o no toda la ansiedad del corazón que vive y no se ve. Pero se siente. El sentimiento es profundo como la vida que se vive.

De un truco salen otros. ¿Quién los detendrá? ¿quién podrá huir de ellos?

Hay demasiados libros que dicen lo mismo, con distintas palabras o distinta extensión. ¿Qué puede ser el mundo para un hombre, más que un invento de su imaginación, de su educación, un desconocido que llena de vacío?

¡Oh, amigo! Demasiado grande he imaginado el premio, si soy otro eterno perdedor. Pero mi sueño llegará al futuro, como una plaga incómoda para los puristas. Ellos caen como nosotros. Terminan divagando como nosotros. Bajan de donde habían subido y por un momento sentimos consuelo y calma. Mas todo vuelve a empezar. El olvido arrastra a la justicia incompleta.

lunes, 12 de septiembre de 2016

La gloria de los muertos


Estoy enfermo e hinchado de orgullo. El mundo está infestado de vanidad violenta, que persigue, ahoga e inunda. Soy el desconocido más cercano de mi alma. Estamos obligados a adivinar en la incertidumbre, huyendo de ella para reencontrarla. No hay revisión suficiente. El tiempo es cruel, lento o rápido. No se detiene. 

El deseo es la única forma de intentar cambiar la realidad. Hoy no creo en un sólo hombre que no se viera y sintiera abatido por el descontrol, la verdadera naturaleza humana. Su humana conciencia. Pocas cosas más deseadas para mí que un discurso lisonjero, satisfactorio, sereno, bien cuidado y medido. Así conocemos a los hombres, con humana y vana pretensión. Midiéndonos contra ellos, en la violencia de nuestros corazones. Arrasando y buscando arrasar por dentro. Pronto nos alejamos de rivales peligrosos. 

Sobre la representación, hay que alejarse de ella para analizarla bien, con detenimiento, en la profundidad de la inteligencia, que participa mucho más de la voluntad que de la capacidad, como todos sabemos bien a la fuerza. En otro caso, nos vemos mezclados y atrapados por su mentira y es imposible distinguir lo esencial, lo que es más sensato. 

Tengo vértigo existencial. Quiero ser fuerte, pero redescubro mi debilidad humana. El escondite del orgullo es su flaqueza. De los escritores, he creído ver sólo afluencia de palabras que aspiran a dejar de ser vanas, incluso de mis favoritos. No esperaba devorar de esta forma lo que parecía la verdad. Me encuentro atrapado, perdido. Me cuesta retener el aliento para continuar. 

Uno se cree, en su prosperidad, que no requerirá de favores, que no se le escaparán quejas vergonzosas. Nos escudamos tanto en nuestra época. Es tan difusa esta mezcla. El hambre espiritual es falta de claridad interior. El que cree, ha dudado. No me siento agradecido hoy, sino hastiado. Preocupado. La ocupación humana me parece vana y difícil, casi insoportable. Tratar a los demás con compasión, que es la forma más pacífica y tolerante de la desesperación. 

La riqueza es bienestar. Pero se disfruta poco, si es fugaz. La sabiduría es delicada. Los pensamientos elevados a menudo se alejan de su origen humilde y vulgar. El hombre ambicioso no muere en el pasado. Pervive en el presente. El dolor es excesivo o insuficiente en uno mismo y en los demás. No puede ser moderado o equilibrado. Rompe, invade el equilibrio. Vivifica. Es alarma y señal de vida. Pero la preocupación es una forma de dolor que no se puede terminar de expresar. Que es inútil terminar de expresar. Pues las definiciones pasan incompletas. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Enemigo imaginario


La sociedad no se construye. Se encuentra en el exterior, in media res, cuando ha surgido la conciencia interior, el ser concreto e inevitable. Es una especie de enemigo que no termina, con el que se coexiste, como esencia individual.  

Sólo el santo juzga con piedad. No negocia. El que piensa, lucha con fantasmas. Es decir, con aquello que parece real, sin serlo. Ciertamente, la maldad es la voluntad de apariencia. Sobre la esencia, la que se da y la que se recibe no es más que la necesaria. Todo lo que sobra, acaba volviéndose malo. Desequilibrado. La opinión es válida en tanto se asemeja y se aproxima a la verdad, tal y como es. 

La dulzura que envuelve no es completa. Acaba resbalando. Hace resbalar. Si soy espíritu, me alimento de lo espiritual. Probamos al desconocido, al enemigo imaginario de esta manera: lo ponemos a nuestra altura, reñimos. Luchamos en la imaginación. La realidad es esta: hemos sido fieles a lo desconocido, más de lo que hemos creído. El desafío continúa. El cuidado es hacia lo desconocido. 

Juzguen mi pensamiento tal y como fue. Así quiero que se imagine. Luchar contra la divinidad es la vanidad necesaria. Cuando ha surgido la conciencia, suceden dos cosas. Por una parte, lo ideal ha empezado a existir en lo temporal. Por otra, lo temporal ha viajado a lo ideal y allí, sólo ha recogido lo esencial, que es lo que trae de vuelta. Esta coexistencia se repite. 

La verdad siempre es original. Nace y da a luz. Antes de la filosofía, sólo hay sueños y expectaciones de sueño. La vida es imaginar la muerte hasta que llega. Expectación de lo desconocido. Antes de la conciencia, hay supervivencia, estructura, orden desconocido, heredado. Belleza envuelta en misterio. El pecado es como la pus. Luchar con palabras es hacerlo contra uno mismo. Salir de uno mismo es alienarse. Pero esto sólo puede suceder en la imaginación, esto es, en la conciencia. 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Palabras de mundo


Todos tenemos que lidiar con el pasado. Incluso los que huyen de él. La abstracción o intelección es el paso de lo físico a lo puramente ideal. El sentimiento es mito. Sentir es mitificar. Relatarse a uno mismo. Es una debilidad vergonzosa arengar a la gente con delirios. Sobre todo si uno no sabe lo que dice, o peor aún, si no quiere saberlo. 

Cada día me siento más obligado a despreciar la fantasía de este mundo. Sin odio, pero también sin interés. Fantasía en el sentido de fantasmagoría. Exceso de falsedad. Me preocupa no ser buen guía de mis propios pensamientos. La sofisticación es dispersión, confusión, aislamiento. Avance incontrolable. Las imprecisiones del pasado son la ignorancia de no haberlos reconocido. Todo sería más fácil sin conciencia. Sin misterio. 

Me levanta de la cama creer que estaba perdido, que era vago y torpe hasta que encontré la filosofía. El justo valor para todos los hombres. Pero incluso la filosofía está llena de impurezas, de mitos, que son sólo el principio de la verdad sincera. No la verdad completa. Porque un mito debe ser escuchado, comprendido, juzgado, para ser completo. Me preocupa la culpa que se desconoce. Lo común es esencial. 

La naturaleza no se equivoca. La cultura está llena de dudas que hacen laberintos. Lo que se oculta es malo. Lo que se intenta ocultar es peor. Me cuesta tanto, tantísimo creer en nuestra individualidad. Porque las diferencias son temporales y engañosas, cuanto más abundantes. Verter palabras al mundo es desafiar todo lo pensable. Todas las criaturas adivinan los designios divinos aunque yerren, porque primero los han recibido. Son el centro de su existencia. La prisa hace monstruos incomprensibles.

La justicia es exacta. No divaga. Ni tiembla, ni es sorprendida. No es como nosotros ahora. Ni siquiera lo imaginamos. Sin embargo, sabemos cuándo no somos justos. Como por inspiración divina. Tan sencillamente como eso. Cuando me atreví a ser temerario, creí sinceramente que no era para tanto. Ahora no dejo de pensar en la seriedad que no reconocí en su justo valor. La seriedad que dura para siempre. El tiempo sólo hace escondites ridículos. 






lunes, 5 de septiembre de 2016

Jugar con grandes


Adaptarse es tener un poder inferior al que se conoce. Sólo puedo partir de la memoria. Soy un peregrino, no un guardián. No ha habido ni habrá poetas sin inquietud. Soy una prisión cotidiana en este cuerpo limitado de humanidad. En él, recibí forzosamente y contra mi voluntad, el nombre, la calidad de hombre. Pero también todo lo que recuerdo por libertad. El amor creativo de los sueños. Mi gratitud se pierde en la inconsciencia. 

Sólo puedo volver atrás con mi memoria. Nadie estuvo satisfecho con esto. Imaginó quedarse a medio camino de los demás. Los misteriosos iguales que la esencia repartió por el azaroso y ordenado destino. Mar de aguas brillantes que chapotean en la razón infinita, flexible y vasta. La dualidad del todo en perfecta armonía. 

Quiero confesar lo que no he sido, porque lamento no haber llegado. Pero veo los rastros que otros dejaron, las gloriosas ruinas de sus triunfos, la lucha por el control del sentimiento apasionado y rebelde. El néctar que embriaga el espíritu humano de todas las épocas. Sobreviviendo en huida permanente e incompleta. La ruina de la pasión es donde ésta se erige, triunfadora. Necesito mirar atrás. 

Soy irresistible continuador. Creí que era sencillo cuando aún no había empezado a caminar en la filosofía. El Bien, de cerca o de lejos, parece inalcanzable y puro. Su luz debería ocuparlo todo, pero deja huecos por donde existen criaturas incompletas de amor. Cómo retornarán? Qué secreto abismal, impenetrable se esconde en el movimiento de sus caminos? Obra suprema es el misterio. 

Lo supe en un momento, pero del modo en que yo era entonces, respecto a lo anterior, lo conocido. Esta es mi más sincera definición de la Belleza. Un sueño perdido de la infancia que persigue impurezas y las destruye. Ojalá acabe con todas ellas. 

domingo, 4 de septiembre de 2016

Novel


El arte y la ciencia verdaderas no avanzan. Se repiten. Tienen ritmo, armonía. Por eso nos desagrada tanto sospechar en ellas irregularidad, fealdad, arritmia, y las repudiamos. La filosofía es el término medio perfecto entre el arte y la ciencia verdaderas. Es la armonía misma. Aún estamos llenos de opiniones que son falsas. Porque se aproximan o se alejan de la verdad, pero no son la verdad misma. No están en ella. Ni la tienen como base, como algo completo. 

El arte y la ciencia no cambian lo que las produce. Se someten primero para copiar fielmente, para continuar la verdad, sea la parte o el todo. Respecto al arte, huye de ello para defenderse, porque no puede destruirlo. Deja de ser criatura noble, perfecta e invencible. Pero lucha por sobrevivir. La pasión siempre es salvaje, indómita. 

No soy el único que expreso. Expreso lo mismo. Juzgo como los demás. Cuando lo hago, no me juzgo a mí mismo. Si reconociera mis pecados, no lo haría seguro. Hay que estarlo en algo tan importante. El arte huye de lo desconocido que hace daño. No me parece una locura, sino profundamente meditado. Trabajado por dentro. La locura es lo que no se medita. Lo que no se quiere meditar. Rara vez el discurso agradable es suficiente. 

Hay más escondites y laberintos que nunca. Manifiestos, innegables. Convivimos y los padecemos. Rozan, provocan y tientan. Distraen con toda la fuerza de su ser. Sin vida, se restriegan arrogantes por nuestra alma, tratando de impurificarla. De vencerla. Buscando atravesarla por todos los huecos. Pero sólo la confunden por un tiempo, pues pasa de largo resuelta, firme. Misteriosa en su firmeza, hasta el final. 

Como la memoria de lo desconocido. La memoria del olvido, pues seguimos recordando. Como lo cotidiano, revisión en orden. Desprecio completo y sincero al desorden. Condena a los infieles, sin pensar. Como buen iluminado, elegido. Padecerás más que ninguno de ellos. Casi sucumbirás. 

Qué cosa tan difícil es reflexionar lo más evidente. Lo que se tenía como seguro, a todas luces, dentro de sí. Seguir pensando, a pesar de todo. ¿Quién piensa más, de entre los que piensan? No somos íntegros. Y, si lo somos, no es por voluntad. Porque la voluntad es querer, insatisfacción. Negar o consumir la satisfacción alcanzada. 

Acepto las críticas del Maestro, no del que se niega a ser aprendiz. Serán muchas, difíciles de soportar. He aquí un desafío digno del que busca la pura verdad, a pesar de todas las sensibles mentiras que lo amenazan sin tregua. Es decir, acepto la profundidad de los pensamientos sensatos, porque creo que los puedo soportar. Creo, incluso, que lo deseo. Pues creo ser un ente pensante, infinito, perfecto y bello que volverá a su matriz, sin defecto. 


martes, 30 de agosto de 2016

Medir lo distinto


Escribir es un pasatiempo discutible. La vida real es cotidiana. No se puede dar una apariencia de verdad sin inteligencia. Es decir, no se puede mentir sin saberlo. Siempre me he fiado más de los que hacen que de los que predican, aunque predicar sea más fácil. Porque yo antes no sabía hablar. Nací sabiendo actuar, vivir, luchar por la vida. Por la libertad. El que diga que la ética no salva naciones, comunidades humanas, no sabe lo que dice o dice una locura que ni él mismo se cree. 

No hay dos maneras correctas de comportarse, sino una. Tiene su opuesto. Lo dice la ética. Hay más mentiras que nunca y habrá más. Muchas más. Nadie vive como quiere, sino como puede. Como conoce y desea. Es extraña una vida llena de injusticia, con preocupación por la justicia. Las preocupaciones siempre son las mismas: ¿Hice bien?¿hago bien?¿haré bien?

No se puede engañar en las acciones, sino en las palabras. En su uso. A través de la inteligencia, aunque sea menor, precipitada. Las palabras no cambian su significado. No hay trucos superiores, justos. Sólo hay trucos que terminan en desastre. El misterio es medir lo inexacto.

Entren ahora los sofistas con sus mil inventos y excusas. Defender la miseria es la vileza más baja. La envidia, el recelo, el ensañamiento es un mecanismo de defensa contra la justicia que fracasa. Por eso funciona tan mal y produce tanto dolor al que lo padece. Como una joroba, un peso muerto, un aparato de tortura y de tormento. He aquí el tropiezo que no confiesan los tramposos. El engaño que no reconocen. La conquista de orgullo que se les escapó. Como polvo, como humo, huyendo sin esfuerzo como al principio. 

Cada cuál examine su conciencia y deje en paz a los demás con la suya. Es pronto para amonestaciones extrañas, extravagantes. No veremos a otros lidiar con su conciencia. No vemos sus almas, sino la contorsión de sus cuerpos. El engaño al que se presta la conciencia es el principio del mal.

Derecho a la opinión es derecho al pensamiento libre. Es decir, al desconocimiento. A la ignorancia. A la falta de compromiso. Este rodeo me parece importante. No pensar o leer la lucidez de nuestros ancestros, los buenos, no los malos, es un sacrilegio al que se le ha arrebatado todo crédito para legitimar la ignorancia, el lassiez-faire de la moral, la inmoralidad, esta barbarie que es la desinformación en la cima de la civilización conocida, alcanzada.

Se me puede acusar, a mucha honra, de inadaptado y rebelde, porque así me siento. Tal vez enfermo de espíritu, si es que algo de todo este viento vano e infecto puede hacerle daño. No estoy preparado para descartarlo. Soy demasiado joven. Reflexiono en mi trozo de mundo. De destino. Mis huesos, mi plantilla. No hay ser sin estructura. Tal vez haya algo en ello que no sea vano del todo, si el amor se reconoce por su insistencia, por su movimiento de vida. 


domingo, 28 de agosto de 2016

Características del escrito


Ante la duda, el hombre sensato opta por lo conocido. La dinámica social sólo cambia por fuera. Consiste en la interacción de individuos reales, semejantes, con intereses reales, sueños y pensamientos reales, difíciles de entrañar, de sentir. De completar. Desconocimiento, derramamiento real. 

Hoy más que nunca, me pregunto qué gloria podría haber detrás del sofista consumado que vuelve a su casa. En busca de una gloria injusta. Dispuesto a arrebatarla a los indefensos. A los inferiores. A los pariahs. Como si sólo él la mereciera. Si se me permite preguntar, si se aceptan preguntas, yo pregunto: Cuándo sería suficiente? Cuándo acabaremos de producir nuestro dolor?

Fuego que consume produce esta Herida, rabia, confusión. Ira, si es sólo por dentro. El que deja de correr, pierde su juventud. Fuego de juventud. Duelen los recuerdos. Si hay pureza en ellos, es completa. Nosotros pasamos como un proceso incómodo. Dramático. Excesivo. Sabio, ni siquiera sabes por qué te ríes de mí. 

Los textos no han alcanzado la eternidad, si ninguno es sagrado. Apenas una parte de nuestra memoria que borrará un viento de soberbia o de inanidad. Un proceso caótico, involuntario. Pues veremos lo que otros quieren, pero también lo que no quieren. Lo que intentan ocultar. Esto es la vergüenza. La indefensión. El escándalo. 

Ha pasado pronto nuestro tiempo. Nuestra duda y confusión no se han disipado del todo. La oscuridad continúa y se extiende por el tiempo. Debería ser al revés, como dicta nuestro deseo. Proceso precipitado es la violencia del espíritu, los vuelcos del corazón invisible. Que pronto vuelve al lugar de donde viene. Se encoge, suplica y se coarta. La piel atrapa y muerde, pero se abrasa en la llama del tiempo. En el olvido.

Si realmente es así, usemos los medios que nunca merecimos. Guiemos a los desconocidos del futuro. Guardemos aquí nuestro temblor solemne, nuestro miedo y nuestra paz. Brote de verdadera humanidad. De esperanza. Aliento de su flor, si expira y se extingue como las demás hijas de la Naturaleza. 

sábado, 27 de agosto de 2016

Escapar arte


El mundo entero es competencia. Equivoquémonos juntos. Saber, no saber más. El hombres es una sola trampa con mil rostros infernales. Fuera hay sólo un escaparate que pasa. Sería lo mismo si pasásemos nosotros. No hay un sólo hombre libre. Todos huyen, se protegen, en la fantasía. Alucinan. Intentan convencer cuando vuelven. Desear es intentar. Caer es ser, llegar a ser. 

Me conozco en el misterio. El principio de la filosofía es no saber. No he seguido las lecciones rectas. Me he extraviado y he caído bajo. Se desvía lo vulnerable. Se llena el vacío con arte inútil, con orgullo exuberante y desmesurado. Con persuasión. El rumor corre como la lengua del diablo. Lengua de plata. De perdedor. Confío en la memoria sincera, secreta. Inmóvil. No estamos tan enajenados. 

Quiero esconderme otra vez. No hay lugar donde pedir perdón. No hay perdón suficiente. Cuando se muere por dentro, allí se esquiva la mirada. La expresión sincera es como un latido de dolor. Un florecimiento incontrolable hacia la luz. Se parece a la realidad que araña, que no sale. Aún no se puede expulsar; la naturaleza dicta, obliga. La vida no es sueño. 

¿Adónde miraremos ahora? ¿Qué dirección nos queda? ¿Cuál es la nueva? Rapsodia de excremento. Lección fallida y retroceso. Todos los artistas son soñadores. Se hizo tarde para la diana. Sigamos intentándolo, por si acaso. Amo el misterio de mi carne, pero más el de mi alma. No puedo separarlos. Juntos los he conocido. Los distingo. No conozco la muerte: todo lo que no soy. Ahora vas tú. 

martes, 23 de agosto de 2016

Épica


A la imagen sigue el golpe, el aturdimiento y luego, el retorno o el cambio. La verdad obliga, somete y decide, no lo que está por debajo de ella. Diálogo es intercambio de impresiones, ciclos de actividad. Imaginar conceptos. Todo lo resumen y lo alcanzan. No distinguen lo conocido de su contrario. No dudan. Detienen, pero no se detienen. 

Imaginación es salida invisible, interna. No me gusta desechar lo que dudo. Al sabio y al ignorante se les ocurre lo que conocen. Se encuentran y se miran; se escudriñan y se acusan. Dudan entre sí. Replantean el símbolo, no la costumbre ni lo útil. Ya está hecho. Ha sucedido. Me interesa el contenido. Creo que no merezco mi posición, pero odio de corazón desear más. Los recuerdos no pueden ser perdidos, aunque no sepamos de dónde vengan. 

El arte puede a veces no ser discurso serio, pero la ciencia tiene que serlo siempre. El peligro del mundo es la vanidad. Todo él. Cuidado con rapsodias salvajes. Correteo a ritmo irregular, pero quiero conocer mi afectación misteriosa. El escrúpulo de mi recuerdo. Todo está aquí, como allá. Nada más puedo decir. 

La vida real es un secreto incompleto. Me dan la oportunidad de explicarme, porque ya me han juzgado. No acostumbro a huir de mis iguales, sino a reñir con ellos. Empiezo convencido. Continúo con entusiasmo hasta el descanso natural. Así vivo y hago memoria bajo el sol, jornadas de días y noches. 

El poder de la palabra es seguir hablando, producir más conversación, más pensamiento. ¿Qué otra cosa podría ser el entusiasmo? La chispa interior de imágenes deseadas. Amadas, esperadas y recordadas. Juego a lo que conozco. Todos los juegos tienen reglas. Extraño es contar historias que se desconocen. La imaginación es ver dónde termina antes de llegar, pero no elegir lo que se ve. El que imagina es siempre sobresaltado. 

Libertad fabricada


Poder decir lo que uno quiera es decirlo. No hay necesidades oscuras, sino verdaderas o falsas. Se empieza por el error de cálculo. La inocencia es olvidar el orgullo. No puedo escribir como antes. Lo he intentado de veras. Ya no escribo sólo para mí, valga poco o nada. Sea o no una copia defectuosa, inferior. Incompleta. No soy el primero. Quiero saber, hombre real. Estoy en este lado, todavía. Trance. Tránsito. Debo seguir adelante. Por el misterio. Por el vacío que nos llena. ¿Insiste más él o lo que no es él?

Entretenimiento es distracción cómoda. Puedo vivir con ese pensamiento. Es menor que todos los demás. Empiezo a recordar de nuevo. Amo a los que se contienen y saben lo que hacen. Creer en lo que se hace es el mayor reto de la mente humana. Es un estado de soberanía para el alma. Una libertad que no es fabricada, artificial o sintética. Una libertad real, lejos de todos los discursos vehementes. Se hace, no se predica. No necesita nada más. De otra libertad. Corona todas las necesidades. 

Se asoma al futuro con valor y serenidad. En confianza. Calla palabras vanas. Soporta todas las amonestaciones posibles e imposibles. Sensatas y descabelladas. Lo soporta todo. Soy incapaz de resistirme ante la compasión por la miseria humana. Se abre ante mí como flor en el desierto seco. Su belleza es invencible, salvaje y enigmática. Una naturaleza para todas las especies. La ciencia es el mundo. La máquina del Universo. El salto de los Ritmos. El eterno espacio intermedio. La verdadera Creación. 

Abundancia de gotas en un mar vacío o que se vacía. Recuerdos que se desconocen entre ellos en un limbo intermedio de vuelta al infinito. La fantasía es el deleite de la memoria. Arte, fetichismo vulgar que se quiere hacer pasar por sublime. El imitado gana al que imita. Toda la historia es una sola. En la celda de mi alma, el error no es extraño. Es la esclavitud. 

Sé que no he aprendido todo lo que debía. Enseño lo que no sé con la esperanza de ser instruido por alguien más sabio y capaz. Más valiente y decidido. Sigo buscando. La distancia entre los extremos está presente ante mí. Limitada, simbólica. No se mueve. Acepto la oscuridad del enemigo, porque no puedo negarlo sin negarme. Sino entregarme a él. 

domingo, 21 de agosto de 2016

Lavados diarios


El pensamiento guía incluso entre tinieblas. Cada pensamiento es una definición, un protocolo. Busca imponerse sobre la crisis. El pensamiento acusa, juzga. Es un partido. Grande o pequeño, pero firme. Este mundo no es ideal. Lo ideal no es de este mundo. Todo lo ideal en él es una construcción de lo vulgar. Una construcción mental. Más cerca de la perfección que lo físico. 

Este hombre no es ideal, sino vulgar. Por eso le inspira lo ideal. Puede reconocer serenamente que envejecer es empezar a morir. Los enigmas son peligrosos, inciertos. Grotescos y burlescos. Quiméricos. Vale la pena evitarlos, y sobre todo, no prestarse a ellos, ni provocarlos. 

Estoy convencido de saber muchas cosas inútiles. No sospeches ignorancia, sino conocimiento. De la ignorancia no se puede sacar nada, pero del conocimiento sólo sale la verdad. Tómate en serio a ti mismo, antes de que empieces a fingir para los demás de nuevo. El público es el resto del mundo. El espectáculo es insustancial. El decoro es distracción agradable. 

Mis nervios se deshacen con el placer y se encogen con el dolor. Siempre mandan. Las partes se unen en la armonía y se restan en el caos. El todo es mayor. No soy mis órganos, ni mi cerebro, ni una proyección de él, ni mi psique, ni mi inconsciente. Usa el cuerpo y ya no serás parte de él, en tu pensamiento. 

La guerra es una competición angustiosa. Breve y rápida. Veo la repetición ante mis ojos y la siento detrás de ellos. Cada uno ama su costumbre. Entrenamiento es simulación. Exige objetivos. Van primero. Las memorias rebosan sentimientos. La memoria es la inmortalidad del alma. 

Tememos más ser decepcionados que decepcionar nosotros mismos. Todas las preocupaciones son éticas. No hay más estados. No hay otros. Delimitar es necesario. Protegemos el miedo con celo, pero eso que evitamos penetra por el hueco más pequeño e insospechado. Penetra sin esfuerzo, sin angustia. Sin ira. La atención es parcial. El resto del mundo no existe. Todos los sacrificios son personales. 

Fracasará la huida, pero insistirá. Retornará al principio, inexorablemente. La huida de lo vulgar hacia lo ideal será más eficaz en el futuro. Lo que no asciende, desciende. El movimiento tiene dos mitades, dos direcciones, dos sentidos. Esas dos mitades forman el todo. Una dualidad. Si se puede descomponer, se puede entender. 

Hablo como intruso apasionado y persistente. He aquí las dos mitades de la realidad, la dualidad del ser. Un cuadrado es estabilidad, orden, quietud, plenitud, razón, idea, pensamiento, finitud, equilibrio, reposo, estatismo. Detención. Partes definidas. Indisoluble, inalterable. Memoria. 

Círculo es movimiento, desorden, transición, incertidumbre, incompletitud, infinitud, giro, fluidez, vulgaridad, alteración, olvido, huida, disolución, reproducción. La profundidad continúa. El punto exacto intermedio entre ellos es el triángulo, que es el poder, la disciplina, el mando, la decisión, el partido, la capacidad de crear o destruir, de hacer. Es decir, es la creatividad. El valor jerarquizado. La ley.  

viernes, 19 de agosto de 2016

Transmigración


Dime si coinciden los dulces frutos de amargos sufrimientos con los tuyos. Si coinciden exactamente. Como si estuviera contigo. Nada más quiero dejar aquí ahora. Practica fórmulas útiles. La juventud es el tiempo en el que haremos aquello de lo que nos avergonzaremos o nos enorgulleceremos el resto de la vida. 

Apurar, acorralar lo desconocido es una quimera. Como pretender cazar lo fantástico, habiendo sido cazado primero por ello. Impresionado, sometido. La historia son fórmulas del pasado. Fórmulas personales que se hicieron un grupo. El mundo es tan pequeño como su testigo. No el imaginado, sino el que imagina. 

Me ha dado la inteligencia, la sensatez. No quiero desperdiciarla. Si me equivoco, empezaré de nuevo. El que no conoce es conocido. Descubierto. Alcanzado. Acogido. Amado. Deseo con vehemencia salir del misterio, porque estoy atrapado en él. El velo invisible de mi interior. Casi me anula, pero sigo aquí. Habita en mí, pero yo lo arrastro en mi pensamiento. Al mismo tiempo, lo persigo y me persigue. Como si ninguno de los dos se moviera en absoluto. 

El talento de existir es este: la lucha es la igualdad esencial. No hay resultado fuera de la verdad. Parece confuso, pero sigue uniforme, inalterable. El pasado alcanza el presente y el futuro. Nada extraño, fuera de nosotros. Los que sufrimos iguales.

Critica el mundo real. Un mundano juzga a otro. Falsos ojos de fuego se cansan de consumirse. Nada consumen que sea duradero. Lo llaman psicología y es la debilidad, el sufrimiento humano. Un diálogo es un intercambio de opiniones. Las mentiras acaban pronto. El resto permanece. Superficie es profundidad al revés. Nuevo contacto. Dialéctica. 

He aquí la formación de la personalidad: pensamientos, sentimientos, actitudes, acciones y consecuencias. Acaba en la sociedad. Las interacciones se multiplican. No se anulan unas a otras. Se complementan. Mantienen una vasta red. Sorpresa es orden oculto. Mundo invisible. 

La flecha envenenada de mi corazón me obliga a decir esto: el veneno me matará o lo vomitaré, al final. La herida es el desvío. Herida del orgullo, origen de todos los demás sentimientos. Altivez destructora de mundos. No hay más profundidad que la conciencia. Todas las heridas son interiores. 

martes, 16 de agosto de 2016

Laberinto de memoria


El orgullo es una monstruosidad inevitable. Inherente a lo humano. Consecuencia de ello. El verdadero reto de la aceptación, pues no puede dejar de afrontarse ni perderse de vista. Fuera puede parecer extraño, pero no dentro. No hay huida en el interior. No hay falsas excusas. En los estrechos y numerosos caminos de mi memoria, de mi experiencia, no existe un sólo momento que no incluya o separe dolores de orgullo. Verdaderos padecimientos. Impotencia, angustia, decepción. Ansiedad de poseer. Desolación. Miseria incalculable. Incurable en este cuerpo. 

Sin embargo, sobre todo en la infancia, estaban impregnados de ensoñación, de dulce esperanza. Como de una embriaguez invencible, que parece eterna en un momento. Que produce ensimismamiento y goce, imposibles de separar, irresistibles. Sin esfuerzo, apenas el menor, roban nuestro amor desesperado, como un breve suspiro de pasión. Como si arrancaran el mismo alma de nuestro cuerpo en ese lapsus, esa omisión, ese misterio continuo, persistente y oscuramente expansivo. 

Escribir un libro es un acto de vanidad. No lo inspira el afán de la virtud, sino el hambre de posteridad. A lo sumo, de revisión o profundización. Quizás, de imitación. Todos hemos hablado sin saber, al principio. Hemos hablado mucho. Seguimos luchando. Algo en uno mismo estrangula con violencia, pero estamos quietos y sólo pensamos. El hombre es individual, histórico. Se somete a pesar de su voluntad a lo desconocido de sí mismo, como si cadenas invisibles lo arrastrasen a donde no quiere llegar, aún hoy. Se aferra a lo mismo que al principio. Naufraga en un momento de enajenación. Incluso de soberbia. 

Sus reflejos no son divinos, y no sabemos si forman parte de algún destino. Pero a la deriva, también se puede llegar a tierra firme, aunque la travesía sea incierta. Figurar es trasladar. Implica responsabilidad, conocimiento, intención. Pero todos nos acabamos perdiendo a causa de nuestra propia ignorancia. Como el que se pierde en laberintos de su memoria, incapaz o indispuesto de ordenarla con diligencia.

Posee una virtud incompleta y frustrante. Desafiante. Ridiculizante. Aquí reside la verdadera virtud, que es vicio y que no da descanso. Que persigue y que denuncia sin pudor. Pero sólo lo hace por dentro. Que no se celebra por soberbia, sino que se esconde por pura y simple humildad. Es decir, por necesidad. 

A esto llamamos conciencia. A un grito de injusticia. Totalmente mudo por fuera. Es el juicio que se vuelve contra nosotros. Que se interrumpe, de repente. Sin aviso ni deseo. Sin tentación. Un desvío que exige rectificación. Una crueldad que no es impune, buscando serlo por todos los medios, sin la menor interrupción. La inteligencia primero es tramposa. Luego, vergonzosa. Comienza el ciclo de nuevo. No ha terminado en ningún hombre. Pasa y no vuelve. Repite su ciclo. Emana pura experiencia. La encierra en un cuerpo mortal. En su memoria. 

Libera el castigo de la sinuosidad, de la mímesis. De la opacidad. De la impureza. Porque es incompleta. Se parece al ser. Es la discordia. Mantiene el movimiento en el medio. Es un punto de apoyo que trastorna, pero no destruye por completo. Impulsa, como un témpano. Equilibra, al final. Genera todos los tipos de desesperación imaginables. Zanja los juegos insensatos sin vacilar. 


lunes, 15 de agosto de 2016

Propiedad


Ex machina

Mi confesión no está completa. No he terminado. No puedo retenerte contra tu voluntad, pero me gustaría profundizar mucho más. Todo está dentro. Puede que a nadie le importe mas que a mí, pero sólo consiento que se me juzgue por lo que amo. No sólo a veces, sino siempre. Todas las sonrisas son cómplices, hasta las más pequeñas. 

La rapidez de la vida es su riqueza. Los planes me parecen fríos y crueles, pero existen y hay que afrontarlos. Los pensamientos nobles son los pensamientos vivos. Hay que defenderse solo. Hay que actualizar la defensa. La realidad supera la ficción. Es decir, la ficción pasa. La realidad sigue adelante. Es una doctrina del pasado, presente y futuro. Resiste los cambios y estos no la resisten. No es sintética. No es incompleta ni pasajera. Se puede profundizar en ella sin límite. 

Divagamos porque nos encanta. Es algo morboso para nosotros. Algo pasional y por completo humano. Pero incluso en algo así debemos dar excusas. Amamos los razonamientos bien presentados más que los reveses de la pasión, en especial cuando esta parece rebelde, traidora, enemiga. Pero la pasión no puede ser nuestra enemiga, si somos nosotros mismos los que la desconocemos. La realidad termina en los sueños. 

No quiero ser monstruoso. Por eso lucho. Para no presentarme así. Pero todos saben que soy como ellos, antes de conocerme. Y que el avance es difícil o imposible. Que sentirse seguro es importante. Y que todos somos vulnerables. Mortales. Pero tenemos un orgullo irreverente que explota. Llegamos a amarlo y a someternos. Esto es un hecho indiscutible. Nos lleva por caminos oscurísimos, pero también nos saca de ellos. No deja de ser puro. Nos obliga a seguir buscando. A escudriñar en el interior. A veces, las palabras son juegos de contenido. Más reglas. 

La historia de los hombres, de cada hombre, es violenta. En sueños nadamos por un mar embravecido, vigorosos en la juventud, para salvar la vida. A veces, descansamos en aguas tranquilas. Muchas, abusamos, pero no pedimos explicaciones. No hay salida del mar. No se puede engañar a la naturaleza. No varía en lo más mínimo. Pero sí lo hace nuestra ignorancia. Siempre por matices. Frase por frase, tuyas o mías, lleguemos juntos a la verdad. Al menos, a contemplarla a distancia. Sólo había que volverse. Que quede constancia. Continuidad. Este es para mí el sentido que vale la pena creer. 

Los ojos del mundo son el mal. Todas las imágenes son violentas y pasan rápido. Intervienen abruptamente. Así conocimos el amor. Primero fue un intruso. Apego es costumbre que se convierte en necesidad, deseo y sufrimiento. Luego nos volvemos mendigos. Porque no siempre fuimos así. La decadencia va de lo divino a lo humano. La causa de la civilización es revertir el proceso. Mantenerse a flote. 

Pero lo que empezó un Dios sólo él podría acabarlo. Lo que no viene de él, viene de su ausencia. Ninguna de sus criaturas es de fiar. Ninguna está por encima. Ninguna cesa de perecer ni de conocerse. De mezclarse con lo confuso. Lo sensible. Lo impredecible. Cada cual por sí mismo comprueba que el orgullo no basta. Que no se abastece por su cuenta. Incluso él es dependiente. Siendo el sentimiento más vivo y persistente de todos. No llamemos psicología a lo que es simplemente vergüenza o falta de ella. 




sábado, 13 de agosto de 2016

Visión de una máscara


Nosotros tampoco supimos ser estrellas, como no supieron los anteriores. Cogieron una parte, la última, de los restos del pasado. Un pasado humano como nuestra propia carne. No conocimos nuestro amor directamente, sino poco a poco. Lo vimos llegar lentamente, sin defecto ni interrupción. Cuando llegó, cesamos de errar, después de una eternidad de imperfecciones y de tormento. 

Por fin nos serenamos, después de la angustia, de la batalla equivocada. Entonces, nos vimos entre nosotros como éramos en realidad. Somos una fraternidad. Yo sólo he conocido a los perdedores, no a los ganadores. Cuando no estamos juntos, nos sentimos desprotegidos e incómodos. Nos falta el apoyo del otro como la misma piel. Como los huesos que nos sostienen y nos protegen de los golpes. La unión es la fortaleza. En eso no mintió el viejo dicho. Truco es práctica. 

Nuestra guerra es a muerte contra el enemigo. Porque quisimos ser sus hermanos y nos despreciaron. Nos desprecian siempre. Hasta hoy. Siempre tuve celos. La raza orgullosa corre sin descanso. Tiende lazos. Una mezcla de sorpresa, decepción y resentimiento. Pero ahora soy mayor y tengo más experiencia. 

Nuestro resentimiento se calma cuando estamos juntos. Nos consolamos entre nosotros. Lamemos nuestras lágrimas. A veces, incluso reímos. La mayor parte del tiempo no hacemos nada. Sabemos bien lo que queremos olvidar. La amargura que queremos dejar atrás. 

Si ellos hubiesen podido elegir realmente, no hubieran terminado así. La creencia es verdadera, pero no lo que la produce. No quisieron someterse a su propia verdad. Cogieron la primera máscara. Como una caída voluntaria. Quisimos una tregua y una comunión verdadera, poderosa. Pero siguieron adelante y nos trataron como basura. Como despojo. Ya no les servíamos. No elegimos esta guerra. La padecimos hasta hoy. 

Tenemos nuestra poesía. Aunque valga poco. Aunque casi no valga nada. Quisimos albergar el fuego de la verdad en nuestro corazón. Un fuego que no nos quemase. Que sólo quemase lo falso para siempre. El no-ser es la criminalidad, la culpa. El anti-ser. Por cada avance, diez retrocesos. 

Las imágenes son de todos. Nos sometemos a las de otros, que son las nuestras. La representación de los sueños. Sueños locos, pero sinceros. Me siento un ser humano de verdad, aunque no fuera lo que esperaba. No el ser completo, sino el incompleto. El que está vivo por dentro, descifrando sus propios sentimientos. Dependiente. Deudor. Extraño. 

Pues no conoce lo que los produce. Tal vez una parte, pero no el todo. Lo suficiente para seguir buscando. Inspiración universal. Entendimiento significa avergonzarse de algunas cosas. Perfeccionismo es haber sido herido y sufrir un trauma hasta el fin de los días. 

Divagamos por esta razón. Decimos juntos: los escondites y las excusas son más pequeñas ahora. Ellos fingen no escucharnos. Miran a otro lado. Intentan destruirnos de nuevo. Somos sus corruptores, pero no elegimos ser así. En el momento que nos sentimos orgullosos, empezamos a dudar de nuestra moralidad. La buena fe es sólo al principio. La buena intención. La mala costumbre siempre acecha. Hace verdadero daño. 

Yo no he podido separar al hombre de su circunstancia. De la oportunidad de conquistar su deseo. Me he quedado, como antes, a medio camino. Perdido en un laberinto. Lucho por no sentirme ridículo. Me siento y empiezo a pensar. Indago mi propio error, porque sospecho de mí mismo. El orden gusta más que el desorden, incluso para aquellos que creen arrastrar su existencia. 

Omisiones


Omito mi condición actual. El éxito evidente de otros en las relaciones comerciales, materiales. Mi falta de erudición y disciplina en áreas aparentemente críticas, aún hoy. Ostracismo es pereza, declinación. Mi capricho me persigue por dentro como aliento de vida. Como su recuerdo. Los idólatras aspiran a ser ídolos. 

Omito las recaídas emocionales. Las persecuciones hasta el absurdo. Las viejas manías y costumbres, que crecieron desde la infancia, imbuidas de fantasía. La fantasía es siempre infantil. Los que digan que no han sido poseídos por ella, que no lo están, cuando menos lo esperan, procurando evitarlo, mienten con toda seguridad. Porque así somos los humanos, vulnerables a la fantasía, como los niños. Es la mancha dulce e irresistible de todas las edades. Agitadora de vida. 

Omito la desesperación, como una amenaza insuperable por dentro, ya que llega y maltrata la paciencia. La penitencia. La explota, la viola. Finalmente la extingue, por un tiempo. No se sabe cuánto, hasta que reaparece. Desde lo más bajo, tendrán que aceptarme los que mandan. Aunque me desprecien. Porque mi voz surge de mi garganta, sea o no un sepulcro vacío, como pretenden algunos e incluso yo mismo, en ocasiones. Sí. Estas son mis omisiones ahora. A ellas me remito, como a críticas que soy incapaz de ocultar, de no señalar. 

viernes, 12 de agosto de 2016

Error



No era tan difícil ser normal. Sentirse uno más. Sólo crecemos en lo que perseveramos y esto constituye el mismo destino. Todos nos reímos de este mundo y lo odiamos. Nos une la incapacidad de cambiarlo. Nos reímos amargamente, insistentemente. Como el que no encuentra lo que está buscando y no se doblega. El que no puede evitar ser obstinado. Ejemplar es ideal. 

Nos ponemos creativos en la vieja inspiración. Alucinamos en comunidad. El yo es el diálogo entre la inteligencia y los instintos. Forman una trinidad. Uno para cada uno. Sus relaciones dialécticas son infinitas. No sé si está bien hablar así, pero si me corrigen, habrá valido la pena. Mi mayor defecto es la pereza y el impulso. No sé diferenciarlos. Me causa aturdimiento al atacarme. 

Como decía, el yo es el centro de gravedad. La conciencia real. El de arriba siempre baja y el de abajo, sube. Allí se encuentran. Allí se oponen. Allí siguen. El presente pasa. Siempre es duro adaptarse a los cambios, porque hay que hacerlo. Suceden por fuera. Recuerdo es quietud interior. Recuperación impuesta. 

Plus


No es tan fácil olvidarse del Mundo. Del resto. No sólo de lo de fuera, sino también de lo de dentro. Pero lo intentamos. Intentamos no ser nada, no ser nadie, y no lo conseguimos. Por eso, en nuestro interior, hacemos ver entereza.

Seguimos caminando, mientras un demonio enfurecido estalla y nos dice: "¿es que no ves que no eres nadie? Yo ya lo he visto. He estado allí. Lo he visto todo. Nadie ha visto más que yo." Me vuelvo y le pregunto: "¿no crees que podamos hacer nada más que desahogarnos?" El calla de repente, por una vez. A esto sigue un estrépito de ira indescriptible. Sigo caminando, a pesar de mi temor. 

Siempre tropieza. Siempre blasfema. Sólo tiene enemigos. Sólo conoce su propia traición. Pero le acompaña una eternidad de cólera. Es un tema sensible para mera poesía. Entretenimiento estético. Ya haremos caso cuando la cosa se ponga más seria. No pasa nada, ahora. Templanza e impotencia se confunden. A paciencia le hace falta entrenarse. Ya surgirán los objetivos, a su debido tiempo. 


"Tocar grandes temas"

Expresión es libertad. Pensar es igualar, afrontar. Dialéctica es profundización. Socialización primaria es mundo esencial. Secundaria es relleno. Ternura es empatía. Imitación es exterioridad. Imitar es imitar por fuera. Partido, dictamen, juicio es elección inevitable. Sumisión. Renuncia es jocosidad. El orgullo es una chispa incómoda que no se puede apagar. Sólo huir de ella. Apartarle el rostro. 

Debilidad es retirada. Hábito es recaída. Totalidad es suma de las partes en movimiento. Competición es oposición activa, abierta. Crueldad es exceso. Justicia es equidad. Estudio es reflexión. Pensamiento es identidad. Inflexibilidad es insistencia. Burbuja es acumulación. Salvajismo es origen oscuro. Regla es convivencia armónica. 

Las cargas que nos echamos encima son las que tendremos que desechar después. Hombre es puerta de razón. Todos los ritos son sociales. Literatura es saco roto. Engaño incompleto. Transformar es traducir. Enseñar es no saber. Mundo es circunstancia. Ocupación es responsabilidad. Causa es efecto. Pensar es parar, intervenir. Trasladar. 

jueves, 11 de agosto de 2016

Imitación del poeta


La verdad es difícil, pero parece fácil. Aún no quiero irme. Ya es tu tiempo. No está tan claro. 

Soy un espejo que refleja mi presente. Un espejo interior. La vida es la verdad. Nos vulnera sólo lo humano. El poeta imita la belleza con su sensibilidad lo mejor que puede, con todas sus fuerzas. Si por casualidad se da cuenta de que se equivoca, finge ignorarlo. Nosotros también. Sospechamos de todas formas. Orgullo es deshonor. Apego es costumbre. Los abismos se miran. 

Si tienen alguna tarea, no digo que sea fácil. No descarto que todos seamos poetas. Desde la piel hasta el alma. El futuro invalida y destruye el presente por todos sus costados. Celebramos victorias y lamentamos derrotas a través del arte universal. Sólo hay un dolor para todas las criaturas. Cuando se descubre el placer, cuando aparece, es soberano. Sólo perseguimos a éste. Lo llamamos virtud cuando creemos dominarlo. El mal gusto, como la fealdad, sólo es cuestión de presión. 

No hay trucos nobles. Nos encontrarán más pronto de lo que encontramos a nuestros antepasados. Respeto a mis mayores, pero no lo bastante. Cuánto, qué es bastante? Aún no quiero conocer a mis compañeros, porque no me siento preparado. Soy un mortal orgulloso, resistente. Temeroso de lo desconocido. Presa de la ilusión recurrente. Impacto de palabras. Incompleto. 

Manso o fiera, débil o fuerte, según el modo de mis sentimientos. Los que se repiten, los reales. El movimiento de mi pasión. Estoy atrapado en un misterio sin nombre. Un misterio que no habla. Nombrar no es dominar, sino dudar. Profundizar sin descanso. Pensar en la propia humanidad, desde ella. La vida es peligrosa. La apariencia de peligro basta para un instante. 

El hombre es el error por dentro. Yo no he conocido el mundo sin errores. Son el caldo de cultivo de todo mi mundo. Tienen valor documental. Todos los errores que he conocido son humanos. No todos me parecen vergonzosos. Sólo los deshonestos. Una gran queja es sólo una queja más. Las extravagancias sólo las comparto en las bromas, porque es lo que me parece más sensato. La locura es la razón a escondidas. 

miércoles, 10 de agosto de 2016

Naturaleza


No hay hombre que sea completamente honesto. No hay hombre que no quiera ser completamente honesto. La naturaleza humana es engañosa y cambiante. La realidad nos llega por las emociones, que son opiniones. Agradables o desagradables. Se pasa del negro al blanco y del blanco al negro. No hay gris. No hay más colores. La ilusión tergiversa y oscurece. Manipula. No hay hombre que no sufra como los demás hombres. 

Sabemos que esta vez tampoco será suficiente. Repetiremos lo mismo. Dejemos falsas terapias. Hay algo bueno en el desmoronamiento. La revelación. Pero este proceso siempre es dramático. No tardamos en necesitar a los demás. Necesitar su ayuda. No vemos más allá del juicio que sellamos. Allí dejamos al fantasma que nos hemos encontrado. 

Desde esta postura es cómodo juzgar. Tanto a grandes como pequeños. Sé que todos pasaremos. Pero no puedo evitar mis emociones. Es un misterio lo que me hace ignorante. Es, ciertamente, un buen punto de partida. Las vidas humanas no son orgullo indestructible. Su dignidad siempre es dudosa, controvertida. A veces, por desgracia, falaz, culpable. Injusta. Pero debemos pensarlo a fondo. Si no pensamos en esto, de qué nos sirve pensar en todo lo demás?

Segunda oscuridad


Descubrí que perdí mi guerra contra el misterio y sólo me quedaron los recuerdos, como enigmas que duran demasiado. Cuando sucedió por segunda vez supe, ignoro de qué manera, que sería para siempre. Las opiniones son del momento, que es donde vivimos. El único descubrimiento es que somos como los demás. Los mismos. Orden es poder, repetición. Es fácil criticarlo cuando no se tiene. Yo diría que inevitable. Las heridas del orgullo no se curan. Se olvidan. Cultura es recuerdo. Sentimiento de la experiencia. 

Existen dos doctrinas de vida que están contrapuestas. La del desenfreno y la continencia. No se pueden adoptar las dos. Son como orientaciones políticas, partes de un alma. Turnos de poder. Me queda una herida extraña que no sé cómo definir. Los huecos que hay entre nosotros, donde caben todas esas pesadillas y obsesiones imposibles, esos excesos intolerables. Esa verborrea inútil. No sé llamarlo de otra manera. Quejas y súplicas. Incomodidades. Distorsiones. Desequilibrios. Muecas y roles que nos han sido impuestos y nunca hemos podido elegir. 

Era así antes. No yo, sino lo que hay en mí. Lo que habita. Lo que es. Pero muchos no me creerán y llevan razón, si tocan la fibra sensible, viva, que dice que no sé nada o sé muy poco. Que tengo la misma necesidad que ellos. Yo tampoco he podido controlar mi agresividad por dentro, ni mi miedo a pagar una deuda excesiva. Esto es cierto, pero todo lo mezclo. Suelto las riendas. Turnamos las mitades. Tal vez al revés.

Sigo penetrando el sentido de los mitos. No termino. El final no es seguro. Me seduzco a mí mismo con pensamientos preferidos. Pero siguen fluyendo como el primer día. Libres en la invisibilidad. Oscuridad interior. La insatisfacción no tarda. La desesperación pasa como llega, pero también la prosperidad. Como los caprichos que estallan sin voluntad. 

Frívolo


Empezar por la polémica no es algo raro. Antes o después, tenía que afrontarme a mí mismo. A mis imitaciones más cotidianas. A mis máscaras. Me inspira un ideal. Lo real en mi mente. He seguido hablando, como es natural. Hablar es natural en los hombres. Viendo las formas tan extrañas en las que se odian hasta morir, me ha sido imposible no unirme a ellos. Pero son sólo palabras. Mi mayor temor es que me tomen en serio algún día. A mí, que soy un amante catecúmeno de la Verdad. 

Lo que es igual a sí mismo, es igual a lo demás. Todo es Universo. Las reglas sobre las reglas. Aquí abajo, nos ocupan correrías. Tensiones y ocultaciones. Por ese orden. Suelo rendirme antes de empezar a pelear. Mi maestro no tiene época. Sí. Tengo las mayores pretensiones. Sí. Quiero medrar. Todo lo que piensas tiene algo de cierto. El gusto parece inconstante. Pero no lo es. La Opinión nos mueve a todos. Hasta el último. ¿Qué puede haber de extraño en que omitíamos la derrota segura?

En el fondo soy un maniqueo convencido, porque no consigo apartarme del todo. La sociedad es un acuerdo incompleto y orgánico. Limitado e imperfecto, como la política real. La libertad es ocio, amor, dedicación completa. Arte de vocación. Profesión animosa. Aún sigo orgulloso de mi secreto. Como si yo lo conociera por completo y los demás no supieran de él nada en absoluto. Es una ficción ofensiva incluso para mí mismo. Pero no quiero hablar de eso ni hablar así, ahora que empiezo a buscar la perfección de nuevo. Pequeñas alegrías y tristezas son sólo partes de ella. 

Mi performance es la condena de los freakshows. Nada más creo tener que hacer. Por lo tanto, el resto del tiempo me considero sin ocupación. Porque se me escapa la atención. Los pecados de unos hombres no son más grandes que los de otros. Ni uno solo de ellos. Pero mi exigencia a veces no es seria. O al menos, no lo parece. No siempre conseguimos impactar como deseamos y esto nos pesa enormemente. No puede haber mayor placer que acusar a los demás y excusarse a uno mismo. 

Si algo cambia el reconocerlo, prefiero hacerlo. Aunque sea menos que una súplica. Describir es descubrir. Lo fijo sigue ahí. Siempre soy escéptico en la creación, en los juegos de malabares que se hacen con cualquier cosa. Tejer y destejer es entretenerse. Las palabras también son envolturas. Por este motivo, soy cazador de palabras.


Todo el mundo quería ganar sin hacer nada. 
Esta era la locura. 
                                                              J.M.

martes, 9 de agosto de 2016

Contrato social


Necesitamos confiar en los demás. Por eso sufrimos tanto cuando sentimos que no podemos hacerlo, cuando nos lo impedimos. Damos flores amargas y secas que aspiran a ser frescas y blandas, llenas de vida. Arte es florecer en belleza. Quién pudiera pasar la tormenta sin perecer. Pasar por el engaño y seguir adelante. Quién supiera lo que se siente, en realidad. 

El demonio que encuentra la forma de detener la venganza interminable se convierte en hombre. Hay un cambio en su corazón. Entonces, ya no quiere volver a cambiar. Se siente completo. No cree que lo necesite. Tiene miedo de volver a hacerlo. Porque es él quien lo hace. Él mismo y no cualquier otro. No hay caída incompleta o imperfecta. 

Vivir es entender. No entender es sufrir la vida. Yo no creo que haya hombres necesarios. Pero sí creo que para cada hombre su momento en la historia, todo lo que le ha hecho ser como es, sí es completamente necesario. Lo demás sólo es opinión. Expresar es dividir por la mitad lo esencial. Tener algún poder, crear, adivinar. 

Crecer es revisar y añadir. Todo el trabajo sirve a los demás. No importa cuál sea este o la intención con que se haga. La sociedad es bondad entre iguales. La posición real es aquella en la que se cree sin dudar. El apoyo primordial. La comodidad de ser uno mismo. La reafirmación. La solidaridad de compartirlo. La esperanza de hacerse mejor en el trato a los demás. 

Una tarea pequeña puede obligar a la reflexión si es honesta, como la manera de tolerarse a sí mismo, sin desatino ni vacilamiento. No me da igual. El hombre vive en permanente competición con sus iguales. Así llega al límite de su socialización. Debemos esforzarnos por comprender esto, porque apenas hemos empezado. 

lunes, 8 de agosto de 2016

El hombre


El hombre es el compañero invisible. El concepto. La idea de hombre. Como todo lo particular, me causa gran curiosidad y escepticismo. Desconcierto. Como si estuviese en movimiento permanente o yo lo estuviera, mientras lo estoy conociendo. Mientras nace para mí. Una línea imaginaria une las dos partes del mundo. Sólo una a la vez. El hombre es la historia. Produce pensamientos en mí. Me mantiene en movimiento hacia delante. Un movimiento interno, real. Vivo. Lo visible es lo externo. El mundo también nace para el hombre cuando existe. Es el retorno de la unidad. De la totalidad. 

Naturalmente, necesito explicarme. Explicar es recrearse. Mi guerra no es contra los hombres, sino contra el hombre mismo, tal y como es. Desnudo por dentro. Desnudo y completo. Sólo contra él. Pensar es hacerlo contra uno mismo. La postura que se adopta es más importante que la que se encuentra. Produzco discursos.

Lo que más me preocupa es ser coherente conmigo mismo. Con la profundidad de mi pensamiento. Pasar de la postura equivocada a la acertada. Llegar, no pasarse. Apuntar y acertar, por fin. Estudiar a fondo la ciencia verdadera. Recrearme y perderme en ella para siempre. Como el que ha encontrado el néctar o el éxtasis inagotable, casi totalmente fuera de este mundo. Lejos. Insuperable. 

El tesoro del hombre está en su interior. La armonía entre su pasión y su razón. Suya, realmente. De lo visible y lo invisible. El punto que lo hace todo. Que conecta las dos esferas. No es el tirano incómodo que se escapa de vez en cuando. Como una espina repentina. La parte que todos despreciamos. Los hombres sensatos son serios. Tomarse la vida en serio es bueno. Tomársela demasiado en serio es malo. 

El hombre es igual a sí mismo. Es el prisionero que desea ser liberado, enamorado y llamado de su humanidad celestial. Está enterrado en el mundo. Frío y oscuro. Violento, cambiante, volátil. Indefinible. Visceralmente rapaz, engañoso. Temible. Difícil de manejar. Imposible de dominar. La bajeza del alma hunde sus raíces en lo físico. Desea ser arrancada por Dios. Unirse y fundirse con Él. Relación de belleza perfecta. Unirse para ser más. Criatura anhelante que conoce su deseo completo, sin defecto. Sin poder mirar a otro lado. Los superhombres duran poco en la fantasía. El deseo nos obliga a reconocer nuestra debilidad.

Huye hacia arriba. Abajo está la miseria, la confusión. Lo indistinto. Los furiosos demonios, que son muchos. Innumerables. Invencibles en su terreno. Pero esto no lo quiere ningún alma. Porque están tocadas por la sensatez. La voz divina. Lejana, pero firme. No son ideas vagas que se atrapan y se presentan por aburrimiento o despotismo, como a las moscas. Es el aliento, el susurro de una deidad, que basta. Llega a todas. Están preparadas para morir en el cuerpo desde que nacen. Prisión es la mortalidad.

Los hombres presienten su alma como aquello que les hace estar vivos y ser diferentes del resto. Como una deuda que no pueden ni podrían pagar. Es lo que les hace creer que se entregan por completo, cuando no es así. La llevan encima antes de saberlo, y con ella, la semilla de la sabiduría, que algún día brotará por fin. 

Siento que otros acertaron y aseguraron el futuro, porque he sentido verdadero regocijo esta vez. Ha sido diferente. Pensar es reformular el pasado. Drama es no poder mantener lo que nos hace sentir orgullosos. Corazones alegres, pero vulnerables. El momento es la felicidad. La porción del filósofo es la contemplación aumentada, excesiva de la fealdad o de la belleza. Explicarla es inútil, si no se puede cambiar. Pasas por encima o por debajo de mí, pero me tienes en cuenta. Como a una idea, indivisible en los dos mundos. Algo real. 

Siempre quise ser otro héroe. No me canso de imitarle. Al ideal. Al ausente. El que aún no ha fallado. El que arranca del odio y atrae al amor. El que es imposible odiar. Animal noble, divino, sí. Espíritu de otro mundo. Extraño y perfecto. Absoluto e invicto. Eterno. Todos hemos parafraseado a nuestros maestros. Poco o nada falta para imitar lo que se admira, mas que el objeto mismo y alguien que imite. El medio para contemplar su belleza, que parece innata, inmaculada. Pura. Así nace el dulce sueño de virtud que merece perdurar. Sólo por ella componemos discursos, si la verdad es el justo valor. 


domingo, 7 de agosto de 2016

Toxicidad


Grandes y pequeños han convivido desde el principio. Pero nosotros, siendo todos iguales, convivimos en la cultura, una superestructura de la naturaleza que aún crece hoy. En ella, estamos envueltos de etiquetas. Juzgamos todo el tiempo. Nos sobresaltan. Son dolorosas e injustas, insuficientes. Distorsionan nuestra humanidad. Nos trastornan. Nos obligan a hacer lo que no queremos. Nos alejan de nuestros verdaderos ideales. No nos hemos librado de ellas. La vista cae o se eleva. Y se acostumbra. Se adormece en su contemplación. 

Usamos nuestros cuerpos. Son la envoltura dependiente. La profundidad es difícil. La plenitud. No vemos las cosas en su esencia, sin variar. Las vemos en el movimiento del que participamos por dentro. Hay inquietud en lo vivificante. Jóvenes o viejos, usamos lo exterior para sobrevivir, para ser aceptados. Un juez sólo necesita la verdad. Todos somos jueces ahora.

Decidir es totalizar. Acabar. Sentenciar. Usamos nuestros cuerpos sólo para la belleza. Pero todos, grandes y pequeños, nos quedamos ansiosos. Inquietos. Incapaces de cambiar. No queremos ser mal juzgados. En este punto empieza la verdadera humanidad. La verdadera igualdad. La entrega a la propia esencia. Sólo hiere la verdad en lo más vivo. 

sábado, 6 de agosto de 2016

Acuerdo


Me preocupa la vida humana en su totalidad. Su naturaleza y su sentido. Su destino, si es que lo tiene. Lo que sucede en el espíritu de todos los hombres, los de antes, los de ahora y los de después. Su amor natural por la filosofía y los buenos discursos y pensamientos. Por la justicia y el orden social, la civilización. Por los demás hombres. Por el arte y la ciencia, la inquietud de su cultura. Por el misterio de la muerte, el mayor desafío de todos. El sacrificio. Pues la muerte es una fase esencial de la vida. Por eso es, a todas luces, una cuestión capital. La muerte prueba la vida misma. Su valor, su totalidad. Su límite. 

Ante todo, por la sacudida de la intemperancia, que es la pobreza de modales, la falta de educación que todos padecemos, incluso los más doctos, pues las virtudes que se tornan en vicios no eran tan estimables. Por las reglas que no conoce, porque todavía las persigue con entusiasmo, aunque su ánimo decaiga y su vulnerabilidad le precipite hacia el mundo, siendo ésta su mismo cuerpo, el principio de su propia conciencia. De su difícil travesía hacia el deber. 

Todas las palabras van acompañadas de una vida, como el aliento lo está de la boca. Si hago pensar, reflexionar, hago bien. Si lo hago con buena intención, con el corazón completo, hago doblemente bien. Estar seguro es lo contrario de saber. La tortura interior es autosuficiente. Tu solemnidad aún no es sincera del todo. Creo que tu respuesta es bien imitada, pero no bien comprendida. Por eso me produce tanta extrañeza. Tienes la voluntad, pero te falta la fuerza, la firmeza, todavía. Te estás preparando y aún no sabes bien para qué. Suficientemente bien. 

La comodidad e inmediatez de esta posición es la de los indoctos. No tienen lazos ni compromisos con nadie, pero pueden opinar sobre todo, si se sienten afectados. Esto demuestra que hace falta muy poco para opinar y que ningún conocimiento que esté a nuestro alcance, si tiene relación con la apariencia, es infalible. Una teoría que no se puede llevar a la práctica es doblemente mala, por la torpeza de su apariencia inicial. Ser desconfiado es amar en exceso la confianza. Es, en una palabra, estar limitado por la naturaleza. La naturaleza es energía ordenada que parece desordenada. O puede llegar a parecerlo. 

La guerra


La guerra es la miseria. La necesidad. La competición. La anarquía. En la guerra, no hay leyes para la convivencia. Como teórico, puedo decir lo que quiera. Pero la práctica de los problemas reales invalidaría en un segundo mis fantasías, si no hablase con justicia.

En un tiempo no muy lejano, no hubiese considerado tantas monstruosidades como ahora lo hago, de las que sólo me separa una especie de piedad que no he terminado de conocer. Una misteriosa sensibilidad. Un detalle elemental. Como si me salvara milagrosamente de un abismo infinito e incomprensible, elevándome sutilmente a la virtud de entre mis semejantes, sin merecerlo en absoluto. Empujar hacia abajo es lo mismo que apartar a los lados. Es tener menos ventaja. 

Caín no supo que iba perdiendo hasta que no sintió envidia, la envidia del perdedor. La marca. La caída es dolorosa, pero la recaída lo es más aún. La realidad nos hace a todos teóricos y perdedores. A todos los que pensamos, los que aspiramos a la verdadera libertad. A la verdadera belleza. El arte tiene sus reglas. 

Los problemas reales son problemas individuales. Acercarse al bien es hacer lo correcto. Darle la cara. Sabemos con exactitud y sin excusa lo que es alejarse de él. La oportunidad de vivir dictamina que sólo lo severo es de fiar. La severidad de las costumbres. El pan de cada día. El que se recibe por cabeza. Todo se lo debemos a la vida.