Nosotros tampoco supimos ser estrellas, como no supieron los anteriores. Cogieron una parte, la última, de los restos del pasado. Un pasado humano como nuestra propia carne. No conocimos nuestro amor directamente, sino poco a poco. Lo vimos llegar lentamente, sin defecto ni interrupción. Cuando llegó, cesamos de errar, después de una eternidad de imperfecciones y de tormento.
Por fin nos serenamos, después de la angustia, de la batalla equivocada. Entonces, nos vimos entre nosotros como éramos en realidad. Somos una fraternidad. Yo sólo he conocido a los perdedores, no a los ganadores. Cuando no estamos juntos, nos sentimos desprotegidos e incómodos. Nos falta el apoyo del otro como la misma piel. Como los huesos que nos sostienen y nos protegen de los golpes. La unión es la fortaleza. En eso no mintió el viejo dicho. Truco es práctica.
Nuestra guerra es a muerte contra el enemigo. Porque quisimos ser sus hermanos y nos despreciaron. Nos desprecian siempre. Hasta hoy. Siempre tuve celos. La raza orgullosa corre sin descanso. Tiende lazos. Una mezcla de sorpresa, decepción y resentimiento. Pero ahora soy mayor y tengo más experiencia.
Nuestro resentimiento se calma cuando estamos juntos. Nos consolamos entre nosotros. Lamemos nuestras lágrimas. A veces, incluso reímos. La mayor parte del tiempo no hacemos nada. Sabemos bien lo que queremos olvidar. La amargura que queremos dejar atrás.
Si ellos hubiesen podido elegir realmente, no hubieran terminado así. La creencia es verdadera, pero no lo que la produce. No quisieron someterse a su propia verdad. Cogieron la primera máscara. Como una caída voluntaria. Quisimos una tregua y una comunión verdadera, poderosa. Pero siguieron adelante y nos trataron como basura. Como despojo. Ya no les servíamos. No elegimos esta guerra. La padecimos hasta hoy.
Tenemos nuestra poesía. Aunque valga poco. Aunque casi no valga nada. Quisimos albergar el fuego de la verdad en nuestro corazón. Un fuego que no nos quemase. Que sólo quemase lo falso para siempre. El no-ser es la criminalidad, la culpa. El anti-ser. Por cada avance, diez retrocesos.
Las imágenes son de todos. Nos sometemos a las de otros, que son las nuestras. La representación de los sueños. Sueños locos, pero sinceros. Me siento un ser humano de verdad, aunque no fuera lo que esperaba. No el ser completo, sino el incompleto. El que está vivo por dentro, descifrando sus propios sentimientos. Dependiente. Deudor. Extraño.
Pues no conoce lo que los produce. Tal vez una parte, pero no el todo. Lo suficiente para seguir buscando. Inspiración universal. Entendimiento significa avergonzarse de algunas cosas. Perfeccionismo es haber sido herido y sufrir un trauma hasta el fin de los días.
Divagamos por esta razón. Decimos juntos: los escondites y las excusas son más pequeñas ahora. Ellos fingen no escucharnos. Miran a otro lado. Intentan destruirnos de nuevo. Somos sus corruptores, pero no elegimos ser así. En el momento que nos sentimos orgullosos, empezamos a dudar de nuestra moralidad. La buena fe es sólo al principio. La buena intención. La mala costumbre siempre acecha. Hace verdadero daño.
Yo no he podido separar al hombre de su circunstancia. De la oportunidad de conquistar su deseo. Me he quedado, como antes, a medio camino. Perdido en un laberinto. Lucho por no sentirme ridículo. Me siento y empiezo a pensar. Indago mi propio error, porque sospecho de mí mismo. El orden gusta más que el desorden, incluso para aquellos que creen arrastrar su existencia.
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