Necesitamos confiar en los demás. Por eso sufrimos tanto cuando sentimos que no podemos hacerlo, cuando nos lo impedimos. Damos flores amargas y secas que aspiran a ser frescas y blandas, llenas de vida. Arte es florecer en belleza. Quién pudiera pasar la tormenta sin perecer. Pasar por el engaño y seguir adelante. Quién supiera lo que se siente, en realidad.
El demonio que encuentra la forma de detener la venganza interminable se convierte en hombre. Hay un cambio en su corazón. Entonces, ya no quiere volver a cambiar. Se siente completo. No cree que lo necesite. Tiene miedo de volver a hacerlo. Porque es él quien lo hace. Él mismo y no cualquier otro. No hay caída incompleta o imperfecta.
Vivir es entender. No entender es sufrir la vida. Yo no creo que haya hombres necesarios. Pero sí creo que para cada hombre su momento en la historia, todo lo que le ha hecho ser como es, sí es completamente necesario. Lo demás sólo es opinión. Expresar es dividir por la mitad lo esencial. Tener algún poder, crear, adivinar.
Crecer es revisar y añadir. Todo el trabajo sirve a los demás. No importa cuál sea este o la intención con que se haga. La sociedad es bondad entre iguales. La posición real es aquella en la que se cree sin dudar. El apoyo primordial. La comodidad de ser uno mismo. La reafirmación. La solidaridad de compartirlo. La esperanza de hacerse mejor en el trato a los demás.
Una tarea pequeña puede obligar a la reflexión si es honesta, como la manera de tolerarse a sí mismo, sin desatino ni vacilamiento. No me da igual. El hombre vive en permanente competición con sus iguales. Así llega al límite de su socialización. Debemos esforzarnos por comprender esto, porque apenas hemos empezado.
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