Descubrí que perdí mi guerra contra el misterio y sólo me quedaron los recuerdos, como enigmas que duran demasiado. Cuando sucedió por segunda vez supe, ignoro de qué manera, que sería para siempre. Las opiniones son del momento, que es donde vivimos. El único descubrimiento es que somos como los demás. Los mismos. Orden es poder, repetición. Es fácil criticarlo cuando no se tiene. Yo diría que inevitable. Las heridas del orgullo no se curan. Se olvidan. Cultura es recuerdo. Sentimiento de la experiencia.
Existen dos doctrinas de vida que están contrapuestas. La del desenfreno y la continencia. No se pueden adoptar las dos. Son como orientaciones políticas, partes de un alma. Turnos de poder. Me queda una herida extraña que no sé cómo definir. Los huecos que hay entre nosotros, donde caben todas esas pesadillas y obsesiones imposibles, esos excesos intolerables. Esa verborrea inútil. No sé llamarlo de otra manera. Quejas y súplicas. Incomodidades. Distorsiones. Desequilibrios. Muecas y roles que nos han sido impuestos y nunca hemos podido elegir.
Era así antes. No yo, sino lo que hay en mí. Lo que habita. Lo que es. Pero muchos no me creerán y llevan razón, si tocan la fibra sensible, viva, que dice que no sé nada o sé muy poco. Que tengo la misma necesidad que ellos. Yo tampoco he podido controlar mi agresividad por dentro, ni mi miedo a pagar una deuda excesiva. Esto es cierto, pero todo lo mezclo. Suelto las riendas. Turnamos las mitades. Tal vez al revés.
Sigo penetrando el sentido de los mitos. No termino. El final no es seguro. Me seduzco a mí mismo con pensamientos preferidos. Pero siguen fluyendo como el primer día. Libres en la invisibilidad. Oscuridad interior. La insatisfacción no tarda. La desesperación pasa como llega, pero también la prosperidad. Como los caprichos que estallan sin voluntad.
Sigo penetrando el sentido de los mitos. No termino. El final no es seguro. Me seduzco a mí mismo con pensamientos preferidos. Pero siguen fluyendo como el primer día. Libres en la invisibilidad. Oscuridad interior. La insatisfacción no tarda. La desesperación pasa como llega, pero también la prosperidad. Como los caprichos que estallan sin voluntad.
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