No hay hombre que sea completamente honesto. No hay hombre que no quiera ser completamente honesto. La naturaleza humana es engañosa y cambiante. La realidad nos llega por las emociones, que son opiniones. Agradables o desagradables. Se pasa del negro al blanco y del blanco al negro. No hay gris. No hay más colores. La ilusión tergiversa y oscurece. Manipula. No hay hombre que no sufra como los demás hombres.
Sabemos que esta vez tampoco será suficiente. Repetiremos lo mismo. Dejemos falsas terapias. Hay algo bueno en el desmoronamiento. La revelación. Pero este proceso siempre es dramático. No tardamos en necesitar a los demás. Necesitar su ayuda. No vemos más allá del juicio que sellamos. Allí dejamos al fantasma que nos hemos encontrado.
Desde esta postura es cómodo juzgar. Tanto a grandes como pequeños. Sé que todos pasaremos. Pero no puedo evitar mis emociones. Es un misterio lo que me hace ignorante. Es, ciertamente, un buen punto de partida. Las vidas humanas no son orgullo indestructible. Su dignidad siempre es dudosa, controvertida. A veces, por desgracia, falaz, culpable. Injusta. Pero debemos pensarlo a fondo. Si no pensamos en esto, de qué nos sirve pensar en todo lo demás?
No hay comentarios:
Publicar un comentario