El mundo entero es competencia. Equivoquémonos juntos. Saber, no saber más. El hombres es una sola trampa con mil rostros infernales. Fuera hay sólo un escaparate que pasa. Sería lo mismo si pasásemos nosotros. No hay un sólo hombre libre. Todos huyen, se protegen, en la fantasía. Alucinan. Intentan convencer cuando vuelven. Desear es intentar. Caer es ser, llegar a ser.
Me conozco en el misterio. El principio de la filosofía es no saber. No he seguido las lecciones rectas. Me he extraviado y he caído bajo. Se desvía lo vulnerable. Se llena el vacío con arte inútil, con orgullo exuberante y desmesurado. Con persuasión. El rumor corre como la lengua del diablo. Lengua de plata. De perdedor. Confío en la memoria sincera, secreta. Inmóvil. No estamos tan enajenados.
Quiero esconderme otra vez. No hay lugar donde pedir perdón. No hay perdón suficiente. Cuando se muere por dentro, allí se esquiva la mirada. La expresión sincera es como un latido de dolor. Un florecimiento incontrolable hacia la luz. Se parece a la realidad que araña, que no sale. Aún no se puede expulsar; la naturaleza dicta, obliga. La vida no es sueño.
¿Adónde miraremos ahora? ¿Qué dirección nos queda? ¿Cuál es la nueva? Rapsodia de excremento. Lección fallida y retroceso. Todos los artistas son soñadores. Se hizo tarde para la diana. Sigamos intentándolo, por si acaso. Amo el misterio de mi carne, pero más el de mi alma. No puedo separarlos. Juntos los he conocido. Los distingo. No conozco la muerte: todo lo que no soy. Ahora vas tú.
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