viernes, 12 de agosto de 2016

Error



No era tan difícil ser normal. Sentirse uno más. Sólo crecemos en lo que perseveramos y esto constituye el mismo destino. Todos nos reímos de este mundo y lo odiamos. Nos une la incapacidad de cambiarlo. Nos reímos amargamente, insistentemente. Como el que no encuentra lo que está buscando y no se doblega. El que no puede evitar ser obstinado. Ejemplar es ideal. 

Nos ponemos creativos en la vieja inspiración. Alucinamos en comunidad. El yo es el diálogo entre la inteligencia y los instintos. Forman una trinidad. Uno para cada uno. Sus relaciones dialécticas son infinitas. No sé si está bien hablar así, pero si me corrigen, habrá valido la pena. Mi mayor defecto es la pereza y el impulso. No sé diferenciarlos. Me causa aturdimiento al atacarme. 

Como decía, el yo es el centro de gravedad. La conciencia real. El de arriba siempre baja y el de abajo, sube. Allí se encuentran. Allí se oponen. Allí siguen. El presente pasa. Siempre es duro adaptarse a los cambios, porque hay que hacerlo. Suceden por fuera. Recuerdo es quietud interior. Recuperación impuesta. 

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