Me gustaría que consideraras mi memoria como algo más que un desahogo inevitable, un lazo difícil de desandar. El camino de las palabras es un laberinto interminable que no tiene principio ni fin, a pesar de las definiciones y el uso que le damos, lo que escondemos y lo que mostramos.
No creo en las decisiones firmes, sino en las incompletas. Mi memoria me acompaña a todas partes. Cuando ella ya no esté, puede que yo no esté tampoco, ni en este mundo ni en el otro. Es algo que desconozco por completo.
El dolor humano es el desconocimiento. Ese es su nombre. Si sufrimos, nos preguntamos incesante e irresistiblemente por qué. Y aunque nos den una explicación, aunque sea verdadera, no nos basta. El dolor no se va todavía. No hemos conseguido espantarlo, que es nuestro simple e instintivo gesto, aunque hayamos llegado a reconocer la moral.
El dolor humano es el desconocimiento. Ese es su nombre. Si sufrimos, nos preguntamos incesante e irresistiblemente por qué. Y aunque nos den una explicación, aunque sea verdadera, no nos basta. El dolor no se va todavía. No hemos conseguido espantarlo, que es nuestro simple e instintivo gesto, aunque hayamos llegado a reconocer la moral.
Aún no he encontrado el valor para sacar todos esos datos brutos que recopilé en mis primeros años. Hay una especie de niebla, de trampa a su alrededor, siempre que intento alcanzarlos para deshacerme de ellos. Cuanto más me acerco, mayor es la espesa niebla, los lazos que me lo impiden.
Seamos honestos en este punto: las palabras imitan el habla, que fue primero. Todas las reflexiones son cotidianas, si puede tenerlas el más pobre o el más rico, o por mejor decir, si tanto a uno como a otro no les queda más remedio que padecerlas. Todos los errores ya se han cometido. Ahora falta repetirlos.
El as en la manga es el exceso de celo. De amor, de refugio. De esperanza. Las expresiones son reconocidas por todos, incluso los legos. Por tanto, el significado no es algo exclusivo, extravagante, distinguido. Pero deseamos que lo sea. Lo deseamos de verdad. Lo especial es lo distinguido, lo respetado. Lo diferente al resto. Lo que sobresale. Lo que merece un nombre, pues de otro modo no podríamos reconocerlo ni ponernos de acuerdo en cuanto a su naturaleza. El lenguaje verdadero es el fin de todos los descubrimientos.
Me convence la supervivencia detrás de tu apariencia. La supervivencia de tu espíritu, sea este prematuro o tardío. Al final, todos siempre me parecen iguales. Como perder o ganar siempre una batalla sin poder cambiar el resultado.
La ambición humana es el conocimiento de su fracaso. El afán de cambio no es el cambio mismo. La aspiración de convertir problemas reales en problemas ideales. Todos vivimos atrapados en la misma ilusión, de la que no podemos salir mientras dura nuestro tiempo, sin importar a dónde vayamos. En ese momento, si es real, todos los consuelos se vuelven insuficientes. Esconderse es haber sido encontrado.
Me convence la supervivencia detrás de tu apariencia. La supervivencia de tu espíritu, sea este prematuro o tardío. Al final, todos siempre me parecen iguales. Como perder o ganar siempre una batalla sin poder cambiar el resultado.
La ambición humana es el conocimiento de su fracaso. El afán de cambio no es el cambio mismo. La aspiración de convertir problemas reales en problemas ideales. Todos vivimos atrapados en la misma ilusión, de la que no podemos salir mientras dura nuestro tiempo, sin importar a dónde vayamos. En ese momento, si es real, todos los consuelos se vuelven insuficientes. Esconderse es haber sido encontrado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario