miércoles, 3 de agosto de 2016

Pureza


La vida que tuve siempre es la misma. Confieso que he querido ser otro, porque siempre soy el mismo. Un mal filósofo con una vida vulgar tiene una misión. A ver cómo la defiende. 

Primer hogar conocido. La casa de la Garita. Los deseos inmediatos y fugaces del momento. La profunda melancolía atravesándolo todo. La imitación del héroe solitario. La soledad repentina. La repetición de los sueños. No sabemos qué hacer cuando estamos vivos, si no estamos bajo un peligro inminente. Lo simulamos sin descanso, como el que no quiere dejar escapar su única oportunidad de inteligencia, de ser especial. 

La clave es la justificación. Las leyes falsas se acaban rompiendo, pero hasta que sucede, se consideran verdaderas. La imaginación es ácrata y creativa. Todo lo mezcla. Nada la detiene. Reposa en todas las esencias. Pasa de largo, imparable. Invencible. Es el punto de unión de todos los seres. Es infinita. 

El puesto está alejado del centro, pero parece serlo. Lo parece siempre. Aquí está el conflicto. El desconocimiento del destino. Los límites de la libertad. El freno de la naturaleza. La ignorancia de lo que se es en realidad. El disparo, la explosión de todos los juegos y sueños. Los restos de la verdad. 

Rastros de pasado duran demasiado. Se pierde la pista de lo que es justo. Divagar es vagabundear. El corazón está semivacío cuando medita. Busca su otra mitad. Se sorprende de su pobreza. De no saber cómo llenarla, cómo llamarla. Inventa mitos para explicar. Inventa nuevos cuando le angustian los viejos. Como el que se sigue estirando, incapaz de permanecer en la misma posición.

Yo mismo me acuso. Un hombre no era suficiente. Todos los hombres tienen la misma carencia por dentro. Una carencia que no tiene nombre, ni forma, ni estado, pero que lo ocupa todo cuando lo demás no basta. Es simplemente la ausencia de pureza. La ausencia teórica que llena la presencia práctica. 


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