A la imagen sigue el golpe, el aturdimiento y luego, el retorno o el cambio. La verdad obliga, somete y decide, no lo que está por debajo de ella. Diálogo es intercambio de impresiones, ciclos de actividad. Imaginar conceptos. Todo lo resumen y lo alcanzan. No distinguen lo conocido de su contrario. No dudan. Detienen, pero no se detienen.
Imaginación es salida invisible, interna. No me gusta desechar lo que dudo. Al sabio y al ignorante se les ocurre lo que conocen. Se encuentran y se miran; se escudriñan y se acusan. Dudan entre sí. Replantean el símbolo, no la costumbre ni lo útil. Ya está hecho. Ha sucedido. Me interesa el contenido. Creo que no merezco mi posición, pero odio de corazón desear más. Los recuerdos no pueden ser perdidos, aunque no sepamos de dónde vengan.
El arte puede a veces no ser discurso serio, pero la ciencia tiene que serlo siempre. El peligro del mundo es la vanidad. Todo él. Cuidado con rapsodias salvajes. Correteo a ritmo irregular, pero quiero conocer mi afectación misteriosa. El escrúpulo de mi recuerdo. Todo está aquí, como allá. Nada más puedo decir.
La vida real es un secreto incompleto. Me dan la oportunidad de explicarme, porque ya me han juzgado. No acostumbro a huir de mis iguales, sino a reñir con ellos. Empiezo convencido. Continúo con entusiasmo hasta el descanso natural. Así vivo y hago memoria bajo el sol, jornadas de días y noches.
El poder de la palabra es seguir hablando, producir más conversación, más pensamiento. ¿Qué otra cosa podría ser el entusiasmo? La chispa interior de imágenes deseadas. Amadas, esperadas y recordadas. Juego a lo que conozco. Todos los juegos tienen reglas. Extraño es contar historias que se desconocen. La imaginación es ver dónde termina antes de llegar, pero no elegir lo que se ve. El que imagina es siempre sobresaltado.
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