domingo, 18 de septiembre de 2016

Tópicos


En todos los juegos, son más importantes los que pierden que los que ganan. Porque aquellos dan sentido, sólo ellos, a estos últimos. Juzguemos por tanto, a partir de este punto, si queremos juzgar bien a todas luces, sin ser vencidos por el temor al error, que es un fantasma sin cuerpo que acompaña a los cuerpos reales como una sombra, tanto a los animados como a los inanimados. 

Hay dos tipos de situaciones tópicas. Unas reales y otras fantásticas. Las reales son las que siempre pasan, de hecho. Las que no se pueden cambiar, aunque se esquiven momentáneamente o de forma ilusoria. Las segundas son las que alimentan los sueños de todos los hombres, grandes y pequeños. No hace falta decir que son aquellas que representan las fábulas y el teatro. 

En cierto sentido, estas últimas son una inversión de las primeras, ya que representan lo contrario, lo favorable, lo agradable al público insatisfecho, anhelante. Incluso desesperante, cuanto más cerca está de la exigencia tiránica o la voracidad sin fondo. A este respecto, aclaremos que el vicio es preferir el mal al bien porque no se puede controlar. Es decir, que podemos proceder de cierta manera, pero preferimos no hacerlo. Por tanto, se conocen ambas formas de proceder. 

Pensemos bien, hombres que se tienen por  buenos o por malos, así como los buenos y malos en realidad, a la hora de juzgar estas dos clases de situaciones y el género de vida que cada una conlleva; pues, del mismo modo, son géneros opuestos y en ellas, se vuelven vanas y falsas todas las intenciones, pues se disuelven como aquello que se tenía como más insolvente hasta entonces. 

El género de la fantasía sólo puede representar una forma de mundo. Aquél en el que la sociedad sólo es un servilismo infinito al individuo, su tirano implacable. La fantasía no es absurda, ni nuestra viciosa devoción hacia ella. Lo son sus fundamentos racionales, porque, dentro de este tópico, se oponen a sí mismos, convirtiéndose en absurdo, aplastándose por su propio peso.

Lo que intento señalar es que la fantasía sólo puede albergar y alberga sueños de vanidad y de egoísmo, que son la misma cosa. Un delirio solitario que desprende vicio infinito, del que, si no se puede vencer, es preciso huir a toda costa. Es decir, un delirio que intenta aislarse de la realidad y fracasa.

Por todo ello, el género de vida de la opción contraria es el servicio al estado, a la república, al bien, la civilización. Pues en él se rechaza con firme repugnancia e incluso receloso temor estos peligros grotescos y tenebrosos del egoísmo, que, ni antes ni ahora han acabado más que en drama o tragedia, en insatisfacción infinita y, en fin, en ridículo que se pretende ocultar o embellecer hasta de las formas más difíciles de imaginar, tanto más extravagantes y poco creíbles son, por la escasa o ausente sensatez con que se han ejecutado.

El bien no es el mal menor, sino el bien puro, total. Sin huecos, tapas ni excepciones. El bien es la pureza misma. La desnudez perfecta que no necesita profundidad. Que ninguna de las formas contiene, pero que contiene todas las formas. Sólo es lícito usar la retórica para alabar el bien, para buscarlo y hacerlo buscar con todo el corazón. 

sábado, 17 de septiembre de 2016

Decadencia por dentro

Mi dolor

El misterio era suficiente. La decadencia por dentro se repite como un ritmo infinito.

El silencio duele cuando se espera respuesta.

Pero duele más aún recibir la respuesta contraria de la que se desea.

La oposición incómoda continúa. La rebelión absurda, que viene de lo remoto. La supervivencia.

Las pasiones son la enfermedad del alma.

Una especie de niebla que no deja ver, que aturde y enfría. A veces, su calor es insoportable y abrasa.

No puede haber pasión intermedia, en calma. Pasión equilibrada. La pasión intermedia es su ausencia.

Su naturaleza es el exceso. La violencia. La exaltación.

Mis miedos son los de todos los hombres.

El soberbio se siente solo. Mal pagado. El que ignora su propia soberbia. Porque no lo sabe todo de ella.

Puede que me equivoque, pero sé que existe lo correcto.

Quiero lo que nadie pueda negar.

He rebuscado en el abismo.

Cuándo miraré hacia arriba, sin rehuir la vista?

No puedo ser de otra época.

El pensamiento es el fin de la realidad.

La realidad es el principio del pensamiento.

Las ideas atrapan. No son atrapadas.

Todo lo que está por debajo de la idea es imagen. Imitación. Copia.

Incluso la más cercana sigue siendo inferior. Diferente. Opuesta.

El lado de las esencias es invisible.

Es la desnudez completa, pero interior.

Nos hemos rozado y quemado demasiado. Pero no podemos volver atrás.

El camino de la esperanza no nos pertenece. Pero lo buscamos y lo deseamos. Lo pedimos. Nada más nos falta. Pero nada produce mayor quebranto. Mayor soledad.

El texto es la verdad y la mentira, porque termina en el uso. La interpretación.

Nos estruja para sacar el mal del alma. Perfecciona su obra. No lo hacemos nosotros, pues olvidamos, erramos y desesperamos.

El dolor es justo, aunque se desconozca toda la causa. Pues sólo se conoce el final.

Cuanto más creo en los desconocidos, menos creo en los conocidos. Lo mismo pasa con el amor.

Deseo que grandes y pequeños caigan, para seguir teniendo razón. Me aterra volver a sentirme perdido, desnudo por dentro. Hastiado por la sorpresa, en medio de la faena equivocada, de la impresión indeseable.

Me quedé enredado como los anteriores. En el mismo agujero. Donde no bastan ni sobran palabras. Como sentimientos. Hogar y centro de la confusión humana. Desolación. Mil espinas de contradicciones, como cuchillos infernales. Ahora, sólo la muerte me librará de la Vida.

No planeaba nada de esto. Ignoro qué quedará.

Sólo deseo lo que parece bueno, incluso estando desesperado o en la completa ignorancia.

En un camino invisible, corro detrás de lo incompleto.

martes, 13 de septiembre de 2016

Comunicado


Y qué te puedo decir yo, amigo desconocido, sobre ti mismo?

No fundaremos una República. Aún no sabemos si nos haremos inmortales, pase o no toda la ansiedad del corazón que vive y no se ve. Pero se siente. El sentimiento es profundo como la vida que se vive.

De un truco salen otros. ¿Quién los detendrá? ¿quién podrá huir de ellos?

Hay demasiados libros que dicen lo mismo, con distintas palabras o distinta extensión. ¿Qué puede ser el mundo para un hombre, más que un invento de su imaginación, de su educación, un desconocido que llena de vacío?

¡Oh, amigo! Demasiado grande he imaginado el premio, si soy otro eterno perdedor. Pero mi sueño llegará al futuro, como una plaga incómoda para los puristas. Ellos caen como nosotros. Terminan divagando como nosotros. Bajan de donde habían subido y por un momento sentimos consuelo y calma. Mas todo vuelve a empezar. El olvido arrastra a la justicia incompleta.

lunes, 12 de septiembre de 2016

La gloria de los muertos


Estoy enfermo e hinchado de orgullo. El mundo está infestado de vanidad violenta, que persigue, ahoga e inunda. Soy el desconocido más cercano de mi alma. Estamos obligados a adivinar en la incertidumbre, huyendo de ella para reencontrarla. No hay revisión suficiente. El tiempo es cruel, lento o rápido. No se detiene. 

El deseo es la única forma de intentar cambiar la realidad. Hoy no creo en un sólo hombre que no se viera y sintiera abatido por el descontrol, la verdadera naturaleza humana. Su humana conciencia. Pocas cosas más deseadas para mí que un discurso lisonjero, satisfactorio, sereno, bien cuidado y medido. Así conocemos a los hombres, con humana y vana pretensión. Midiéndonos contra ellos, en la violencia de nuestros corazones. Arrasando y buscando arrasar por dentro. Pronto nos alejamos de rivales peligrosos. 

Sobre la representación, hay que alejarse de ella para analizarla bien, con detenimiento, en la profundidad de la inteligencia, que participa mucho más de la voluntad que de la capacidad, como todos sabemos bien a la fuerza. En otro caso, nos vemos mezclados y atrapados por su mentira y es imposible distinguir lo esencial, lo que es más sensato. 

Tengo vértigo existencial. Quiero ser fuerte, pero redescubro mi debilidad humana. El escondite del orgullo es su flaqueza. De los escritores, he creído ver sólo afluencia de palabras que aspiran a dejar de ser vanas, incluso de mis favoritos. No esperaba devorar de esta forma lo que parecía la verdad. Me encuentro atrapado, perdido. Me cuesta retener el aliento para continuar. 

Uno se cree, en su prosperidad, que no requerirá de favores, que no se le escaparán quejas vergonzosas. Nos escudamos tanto en nuestra época. Es tan difusa esta mezcla. El hambre espiritual es falta de claridad interior. El que cree, ha dudado. No me siento agradecido hoy, sino hastiado. Preocupado. La ocupación humana me parece vana y difícil, casi insoportable. Tratar a los demás con compasión, que es la forma más pacífica y tolerante de la desesperación. 

La riqueza es bienestar. Pero se disfruta poco, si es fugaz. La sabiduría es delicada. Los pensamientos elevados a menudo se alejan de su origen humilde y vulgar. El hombre ambicioso no muere en el pasado. Pervive en el presente. El dolor es excesivo o insuficiente en uno mismo y en los demás. No puede ser moderado o equilibrado. Rompe, invade el equilibrio. Vivifica. Es alarma y señal de vida. Pero la preocupación es una forma de dolor que no se puede terminar de expresar. Que es inútil terminar de expresar. Pues las definiciones pasan incompletas. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Enemigo imaginario


La sociedad no se construye. Se encuentra en el exterior, in media res, cuando ha surgido la conciencia interior, el ser concreto e inevitable. Es una especie de enemigo que no termina, con el que se coexiste, como esencia individual.  

Sólo el santo juzga con piedad. No negocia. El que piensa, lucha con fantasmas. Es decir, con aquello que parece real, sin serlo. Ciertamente, la maldad es la voluntad de apariencia. Sobre la esencia, la que se da y la que se recibe no es más que la necesaria. Todo lo que sobra, acaba volviéndose malo. Desequilibrado. La opinión es válida en tanto se asemeja y se aproxima a la verdad, tal y como es. 

La dulzura que envuelve no es completa. Acaba resbalando. Hace resbalar. Si soy espíritu, me alimento de lo espiritual. Probamos al desconocido, al enemigo imaginario de esta manera: lo ponemos a nuestra altura, reñimos. Luchamos en la imaginación. La realidad es esta: hemos sido fieles a lo desconocido, más de lo que hemos creído. El desafío continúa. El cuidado es hacia lo desconocido. 

Juzguen mi pensamiento tal y como fue. Así quiero que se imagine. Luchar contra la divinidad es la vanidad necesaria. Cuando ha surgido la conciencia, suceden dos cosas. Por una parte, lo ideal ha empezado a existir en lo temporal. Por otra, lo temporal ha viajado a lo ideal y allí, sólo ha recogido lo esencial, que es lo que trae de vuelta. Esta coexistencia se repite. 

La verdad siempre es original. Nace y da a luz. Antes de la filosofía, sólo hay sueños y expectaciones de sueño. La vida es imaginar la muerte hasta que llega. Expectación de lo desconocido. Antes de la conciencia, hay supervivencia, estructura, orden desconocido, heredado. Belleza envuelta en misterio. El pecado es como la pus. Luchar con palabras es hacerlo contra uno mismo. Salir de uno mismo es alienarse. Pero esto sólo puede suceder en la imaginación, esto es, en la conciencia. 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Palabras de mundo


Todos tenemos que lidiar con el pasado. Incluso los que huyen de él. La abstracción o intelección es el paso de lo físico a lo puramente ideal. El sentimiento es mito. Sentir es mitificar. Relatarse a uno mismo. Es una debilidad vergonzosa arengar a la gente con delirios. Sobre todo si uno no sabe lo que dice, o peor aún, si no quiere saberlo. 

Cada día me siento más obligado a despreciar la fantasía de este mundo. Sin odio, pero también sin interés. Fantasía en el sentido de fantasmagoría. Exceso de falsedad. Me preocupa no ser buen guía de mis propios pensamientos. La sofisticación es dispersión, confusión, aislamiento. Avance incontrolable. Las imprecisiones del pasado son la ignorancia de no haberlos reconocido. Todo sería más fácil sin conciencia. Sin misterio. 

Me levanta de la cama creer que estaba perdido, que era vago y torpe hasta que encontré la filosofía. El justo valor para todos los hombres. Pero incluso la filosofía está llena de impurezas, de mitos, que son sólo el principio de la verdad sincera. No la verdad completa. Porque un mito debe ser escuchado, comprendido, juzgado, para ser completo. Me preocupa la culpa que se desconoce. Lo común es esencial. 

La naturaleza no se equivoca. La cultura está llena de dudas que hacen laberintos. Lo que se oculta es malo. Lo que se intenta ocultar es peor. Me cuesta tanto, tantísimo creer en nuestra individualidad. Porque las diferencias son temporales y engañosas, cuanto más abundantes. Verter palabras al mundo es desafiar todo lo pensable. Todas las criaturas adivinan los designios divinos aunque yerren, porque primero los han recibido. Son el centro de su existencia. La prisa hace monstruos incomprensibles.

La justicia es exacta. No divaga. Ni tiembla, ni es sorprendida. No es como nosotros ahora. Ni siquiera lo imaginamos. Sin embargo, sabemos cuándo no somos justos. Como por inspiración divina. Tan sencillamente como eso. Cuando me atreví a ser temerario, creí sinceramente que no era para tanto. Ahora no dejo de pensar en la seriedad que no reconocí en su justo valor. La seriedad que dura para siempre. El tiempo sólo hace escondites ridículos. 






lunes, 5 de septiembre de 2016

Jugar con grandes


Adaptarse es tener un poder inferior al que se conoce. Sólo puedo partir de la memoria. Soy un peregrino, no un guardián. No ha habido ni habrá poetas sin inquietud. Soy una prisión cotidiana en este cuerpo limitado de humanidad. En él, recibí forzosamente y contra mi voluntad, el nombre, la calidad de hombre. Pero también todo lo que recuerdo por libertad. El amor creativo de los sueños. Mi gratitud se pierde en la inconsciencia. 

Sólo puedo volver atrás con mi memoria. Nadie estuvo satisfecho con esto. Imaginó quedarse a medio camino de los demás. Los misteriosos iguales que la esencia repartió por el azaroso y ordenado destino. Mar de aguas brillantes que chapotean en la razón infinita, flexible y vasta. La dualidad del todo en perfecta armonía. 

Quiero confesar lo que no he sido, porque lamento no haber llegado. Pero veo los rastros que otros dejaron, las gloriosas ruinas de sus triunfos, la lucha por el control del sentimiento apasionado y rebelde. El néctar que embriaga el espíritu humano de todas las épocas. Sobreviviendo en huida permanente e incompleta. La ruina de la pasión es donde ésta se erige, triunfadora. Necesito mirar atrás. 

Soy irresistible continuador. Creí que era sencillo cuando aún no había empezado a caminar en la filosofía. El Bien, de cerca o de lejos, parece inalcanzable y puro. Su luz debería ocuparlo todo, pero deja huecos por donde existen criaturas incompletas de amor. Cómo retornarán? Qué secreto abismal, impenetrable se esconde en el movimiento de sus caminos? Obra suprema es el misterio. 

Lo supe en un momento, pero del modo en que yo era entonces, respecto a lo anterior, lo conocido. Esta es mi más sincera definición de la Belleza. Un sueño perdido de la infancia que persigue impurezas y las destruye. Ojalá acabe con todas ellas. 

domingo, 4 de septiembre de 2016

Novel


El arte y la ciencia verdaderas no avanzan. Se repiten. Tienen ritmo, armonía. Por eso nos desagrada tanto sospechar en ellas irregularidad, fealdad, arritmia, y las repudiamos. La filosofía es el término medio perfecto entre el arte y la ciencia verdaderas. Es la armonía misma. Aún estamos llenos de opiniones que son falsas. Porque se aproximan o se alejan de la verdad, pero no son la verdad misma. No están en ella. Ni la tienen como base, como algo completo. 

El arte y la ciencia no cambian lo que las produce. Se someten primero para copiar fielmente, para continuar la verdad, sea la parte o el todo. Respecto al arte, huye de ello para defenderse, porque no puede destruirlo. Deja de ser criatura noble, perfecta e invencible. Pero lucha por sobrevivir. La pasión siempre es salvaje, indómita. 

No soy el único que expreso. Expreso lo mismo. Juzgo como los demás. Cuando lo hago, no me juzgo a mí mismo. Si reconociera mis pecados, no lo haría seguro. Hay que estarlo en algo tan importante. El arte huye de lo desconocido que hace daño. No me parece una locura, sino profundamente meditado. Trabajado por dentro. La locura es lo que no se medita. Lo que no se quiere meditar. Rara vez el discurso agradable es suficiente. 

Hay más escondites y laberintos que nunca. Manifiestos, innegables. Convivimos y los padecemos. Rozan, provocan y tientan. Distraen con toda la fuerza de su ser. Sin vida, se restriegan arrogantes por nuestra alma, tratando de impurificarla. De vencerla. Buscando atravesarla por todos los huecos. Pero sólo la confunden por un tiempo, pues pasa de largo resuelta, firme. Misteriosa en su firmeza, hasta el final. 

Como la memoria de lo desconocido. La memoria del olvido, pues seguimos recordando. Como lo cotidiano, revisión en orden. Desprecio completo y sincero al desorden. Condena a los infieles, sin pensar. Como buen iluminado, elegido. Padecerás más que ninguno de ellos. Casi sucumbirás. 

Qué cosa tan difícil es reflexionar lo más evidente. Lo que se tenía como seguro, a todas luces, dentro de sí. Seguir pensando, a pesar de todo. ¿Quién piensa más, de entre los que piensan? No somos íntegros. Y, si lo somos, no es por voluntad. Porque la voluntad es querer, insatisfacción. Negar o consumir la satisfacción alcanzada. 

Acepto las críticas del Maestro, no del que se niega a ser aprendiz. Serán muchas, difíciles de soportar. He aquí un desafío digno del que busca la pura verdad, a pesar de todas las sensibles mentiras que lo amenazan sin tregua. Es decir, acepto la profundidad de los pensamientos sensatos, porque creo que los puedo soportar. Creo, incluso, que lo deseo. Pues creo ser un ente pensante, infinito, perfecto y bello que volverá a su matriz, sin defecto.