domingo, 4 de septiembre de 2016

Novel


El arte y la ciencia verdaderas no avanzan. Se repiten. Tienen ritmo, armonía. Por eso nos desagrada tanto sospechar en ellas irregularidad, fealdad, arritmia, y las repudiamos. La filosofía es el término medio perfecto entre el arte y la ciencia verdaderas. Es la armonía misma. Aún estamos llenos de opiniones que son falsas. Porque se aproximan o se alejan de la verdad, pero no son la verdad misma. No están en ella. Ni la tienen como base, como algo completo. 

El arte y la ciencia no cambian lo que las produce. Se someten primero para copiar fielmente, para continuar la verdad, sea la parte o el todo. Respecto al arte, huye de ello para defenderse, porque no puede destruirlo. Deja de ser criatura noble, perfecta e invencible. Pero lucha por sobrevivir. La pasión siempre es salvaje, indómita. 

No soy el único que expreso. Expreso lo mismo. Juzgo como los demás. Cuando lo hago, no me juzgo a mí mismo. Si reconociera mis pecados, no lo haría seguro. Hay que estarlo en algo tan importante. El arte huye de lo desconocido que hace daño. No me parece una locura, sino profundamente meditado. Trabajado por dentro. La locura es lo que no se medita. Lo que no se quiere meditar. Rara vez el discurso agradable es suficiente. 

Hay más escondites y laberintos que nunca. Manifiestos, innegables. Convivimos y los padecemos. Rozan, provocan y tientan. Distraen con toda la fuerza de su ser. Sin vida, se restriegan arrogantes por nuestra alma, tratando de impurificarla. De vencerla. Buscando atravesarla por todos los huecos. Pero sólo la confunden por un tiempo, pues pasa de largo resuelta, firme. Misteriosa en su firmeza, hasta el final. 

Como la memoria de lo desconocido. La memoria del olvido, pues seguimos recordando. Como lo cotidiano, revisión en orden. Desprecio completo y sincero al desorden. Condena a los infieles, sin pensar. Como buen iluminado, elegido. Padecerás más que ninguno de ellos. Casi sucumbirás. 

Qué cosa tan difícil es reflexionar lo más evidente. Lo que se tenía como seguro, a todas luces, dentro de sí. Seguir pensando, a pesar de todo. ¿Quién piensa más, de entre los que piensan? No somos íntegros. Y, si lo somos, no es por voluntad. Porque la voluntad es querer, insatisfacción. Negar o consumir la satisfacción alcanzada. 

Acepto las críticas del Maestro, no del que se niega a ser aprendiz. Serán muchas, difíciles de soportar. He aquí un desafío digno del que busca la pura verdad, a pesar de todas las sensibles mentiras que lo amenazan sin tregua. Es decir, acepto la profundidad de los pensamientos sensatos, porque creo que los puedo soportar. Creo, incluso, que lo deseo. Pues creo ser un ente pensante, infinito, perfecto y bello que volverá a su matriz, sin defecto. 


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