Estoy enfermo e hinchado de orgullo. El mundo está infestado de vanidad violenta, que persigue, ahoga e inunda. Soy el desconocido más cercano de mi alma. Estamos obligados a adivinar en la incertidumbre, huyendo de ella para reencontrarla. No hay revisión suficiente. El tiempo es cruel, lento o rápido. No se detiene.
El deseo es la única forma de intentar cambiar la realidad. Hoy no creo en un sólo hombre que no se viera y sintiera abatido por el descontrol, la verdadera naturaleza humana. Su humana conciencia. Pocas cosas más deseadas para mí que un discurso lisonjero, satisfactorio, sereno, bien cuidado y medido. Así conocemos a los hombres, con humana y vana pretensión. Midiéndonos contra ellos, en la violencia de nuestros corazones. Arrasando y buscando arrasar por dentro. Pronto nos alejamos de rivales peligrosos.
Sobre la representación, hay que alejarse de ella para analizarla bien, con detenimiento, en la profundidad de la inteligencia, que participa mucho más de la voluntad que de la capacidad, como todos sabemos bien a la fuerza. En otro caso, nos vemos mezclados y atrapados por su mentira y es imposible distinguir lo esencial, lo que es más sensato.
Tengo vértigo existencial. Quiero ser fuerte, pero redescubro mi debilidad humana. El escondite del orgullo es su flaqueza. De los escritores, he creído ver sólo afluencia de palabras que aspiran a dejar de ser vanas, incluso de mis favoritos. No esperaba devorar de esta forma lo que parecía la verdad. Me encuentro atrapado, perdido. Me cuesta retener el aliento para continuar.
Uno se cree, en su prosperidad, que no requerirá de favores, que no se le escaparán quejas vergonzosas. Nos escudamos tanto en nuestra época. Es tan difusa esta mezcla. El hambre espiritual es falta de claridad interior. El que cree, ha dudado. No me siento agradecido hoy, sino hastiado. Preocupado. La ocupación humana me parece vana y difícil, casi insoportable. Tratar a los demás con compasión, que es la forma más pacífica y tolerante de la desesperación.
La riqueza es bienestar. Pero se disfruta poco, si es fugaz. La sabiduría es delicada. Los pensamientos elevados a menudo se alejan de su origen humilde y vulgar. El hombre ambicioso no muere en el pasado. Pervive en el presente. El dolor es excesivo o insuficiente en uno mismo y en los demás. No puede ser moderado o equilibrado. Rompe, invade el equilibrio. Vivifica. Es alarma y señal de vida. Pero la preocupación es una forma de dolor que no se puede terminar de expresar. Que es inútil terminar de expresar. Pues las definiciones pasan incompletas.
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