Todos tenemos que lidiar con el pasado. Incluso los que huyen de él. La abstracción o intelección es el paso de lo físico a lo puramente ideal. El sentimiento es mito. Sentir es mitificar. Relatarse a uno mismo. Es una debilidad vergonzosa arengar a la gente con delirios. Sobre todo si uno no sabe lo que dice, o peor aún, si no quiere saberlo.
Cada día me siento más obligado a despreciar la fantasía de este mundo. Sin odio, pero también sin interés. Fantasía en el sentido de fantasmagoría. Exceso de falsedad. Me preocupa no ser buen guía de mis propios pensamientos. La sofisticación es dispersión, confusión, aislamiento. Avance incontrolable. Las imprecisiones del pasado son la ignorancia de no haberlos reconocido. Todo sería más fácil sin conciencia. Sin misterio.
Me levanta de la cama creer que estaba perdido, que era vago y torpe hasta que encontré la filosofía. El justo valor para todos los hombres. Pero incluso la filosofía está llena de impurezas, de mitos, que son sólo el principio de la verdad sincera. No la verdad completa. Porque un mito debe ser escuchado, comprendido, juzgado, para ser completo. Me preocupa la culpa que se desconoce. Lo común es esencial.
La naturaleza no se equivoca. La cultura está llena de dudas que hacen laberintos. Lo que se oculta es malo. Lo que se intenta ocultar es peor. Me cuesta tanto, tantísimo creer en nuestra individualidad. Porque las diferencias son temporales y engañosas, cuanto más abundantes. Verter palabras al mundo es desafiar todo lo pensable. Todas las criaturas adivinan los designios divinos aunque yerren, porque primero los han recibido. Son el centro de su existencia. La prisa hace monstruos incomprensibles.
La justicia es exacta. No divaga. Ni tiembla, ni es sorprendida. No es como nosotros ahora. Ni siquiera lo imaginamos. Sin embargo, sabemos cuándo no somos justos. Como por inspiración divina. Tan sencillamente como eso. Cuando me atreví a ser temerario, creí sinceramente que no era para tanto. Ahora no dejo de pensar en la seriedad que no reconocí en su justo valor. La seriedad que dura para siempre. El tiempo sólo hace escondites ridículos.
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