martes, 30 de agosto de 2016

Medir lo distinto


Escribir es un pasatiempo discutible. La vida real es cotidiana. No se puede dar una apariencia de verdad sin inteligencia. Es decir, no se puede mentir sin saberlo. Siempre me he fiado más de los que hacen que de los que predican, aunque predicar sea más fácil. Porque yo antes no sabía hablar. Nací sabiendo actuar, vivir, luchar por la vida. Por la libertad. El que diga que la ética no salva naciones, comunidades humanas, no sabe lo que dice o dice una locura que ni él mismo se cree. 

No hay dos maneras correctas de comportarse, sino una. Tiene su opuesto. Lo dice la ética. Hay más mentiras que nunca y habrá más. Muchas más. Nadie vive como quiere, sino como puede. Como conoce y desea. Es extraña una vida llena de injusticia, con preocupación por la justicia. Las preocupaciones siempre son las mismas: ¿Hice bien?¿hago bien?¿haré bien?

No se puede engañar en las acciones, sino en las palabras. En su uso. A través de la inteligencia, aunque sea menor, precipitada. Las palabras no cambian su significado. No hay trucos superiores, justos. Sólo hay trucos que terminan en desastre. El misterio es medir lo inexacto.

Entren ahora los sofistas con sus mil inventos y excusas. Defender la miseria es la vileza más baja. La envidia, el recelo, el ensañamiento es un mecanismo de defensa contra la justicia que fracasa. Por eso funciona tan mal y produce tanto dolor al que lo padece. Como una joroba, un peso muerto, un aparato de tortura y de tormento. He aquí el tropiezo que no confiesan los tramposos. El engaño que no reconocen. La conquista de orgullo que se les escapó. Como polvo, como humo, huyendo sin esfuerzo como al principio. 

Cada cuál examine su conciencia y deje en paz a los demás con la suya. Es pronto para amonestaciones extrañas, extravagantes. No veremos a otros lidiar con su conciencia. No vemos sus almas, sino la contorsión de sus cuerpos. El engaño al que se presta la conciencia es el principio del mal.

Derecho a la opinión es derecho al pensamiento libre. Es decir, al desconocimiento. A la ignorancia. A la falta de compromiso. Este rodeo me parece importante. No pensar o leer la lucidez de nuestros ancestros, los buenos, no los malos, es un sacrilegio al que se le ha arrebatado todo crédito para legitimar la ignorancia, el lassiez-faire de la moral, la inmoralidad, esta barbarie que es la desinformación en la cima de la civilización conocida, alcanzada.

Se me puede acusar, a mucha honra, de inadaptado y rebelde, porque así me siento. Tal vez enfermo de espíritu, si es que algo de todo este viento vano e infecto puede hacerle daño. No estoy preparado para descartarlo. Soy demasiado joven. Reflexiono en mi trozo de mundo. De destino. Mis huesos, mi plantilla. No hay ser sin estructura. Tal vez haya algo en ello que no sea vano del todo, si el amor se reconoce por su insistencia, por su movimiento de vida. 


domingo, 28 de agosto de 2016

Características del escrito


Ante la duda, el hombre sensato opta por lo conocido. La dinámica social sólo cambia por fuera. Consiste en la interacción de individuos reales, semejantes, con intereses reales, sueños y pensamientos reales, difíciles de entrañar, de sentir. De completar. Desconocimiento, derramamiento real. 

Hoy más que nunca, me pregunto qué gloria podría haber detrás del sofista consumado que vuelve a su casa. En busca de una gloria injusta. Dispuesto a arrebatarla a los indefensos. A los inferiores. A los pariahs. Como si sólo él la mereciera. Si se me permite preguntar, si se aceptan preguntas, yo pregunto: Cuándo sería suficiente? Cuándo acabaremos de producir nuestro dolor?

Fuego que consume produce esta Herida, rabia, confusión. Ira, si es sólo por dentro. El que deja de correr, pierde su juventud. Fuego de juventud. Duelen los recuerdos. Si hay pureza en ellos, es completa. Nosotros pasamos como un proceso incómodo. Dramático. Excesivo. Sabio, ni siquiera sabes por qué te ríes de mí. 

Los textos no han alcanzado la eternidad, si ninguno es sagrado. Apenas una parte de nuestra memoria que borrará un viento de soberbia o de inanidad. Un proceso caótico, involuntario. Pues veremos lo que otros quieren, pero también lo que no quieren. Lo que intentan ocultar. Esto es la vergüenza. La indefensión. El escándalo. 

Ha pasado pronto nuestro tiempo. Nuestra duda y confusión no se han disipado del todo. La oscuridad continúa y se extiende por el tiempo. Debería ser al revés, como dicta nuestro deseo. Proceso precipitado es la violencia del espíritu, los vuelcos del corazón invisible. Que pronto vuelve al lugar de donde viene. Se encoge, suplica y se coarta. La piel atrapa y muerde, pero se abrasa en la llama del tiempo. En el olvido.

Si realmente es así, usemos los medios que nunca merecimos. Guiemos a los desconocidos del futuro. Guardemos aquí nuestro temblor solemne, nuestro miedo y nuestra paz. Brote de verdadera humanidad. De esperanza. Aliento de su flor, si expira y se extingue como las demás hijas de la Naturaleza. 

sábado, 27 de agosto de 2016

Escapar arte


El mundo entero es competencia. Equivoquémonos juntos. Saber, no saber más. El hombres es una sola trampa con mil rostros infernales. Fuera hay sólo un escaparate que pasa. Sería lo mismo si pasásemos nosotros. No hay un sólo hombre libre. Todos huyen, se protegen, en la fantasía. Alucinan. Intentan convencer cuando vuelven. Desear es intentar. Caer es ser, llegar a ser. 

Me conozco en el misterio. El principio de la filosofía es no saber. No he seguido las lecciones rectas. Me he extraviado y he caído bajo. Se desvía lo vulnerable. Se llena el vacío con arte inútil, con orgullo exuberante y desmesurado. Con persuasión. El rumor corre como la lengua del diablo. Lengua de plata. De perdedor. Confío en la memoria sincera, secreta. Inmóvil. No estamos tan enajenados. 

Quiero esconderme otra vez. No hay lugar donde pedir perdón. No hay perdón suficiente. Cuando se muere por dentro, allí se esquiva la mirada. La expresión sincera es como un latido de dolor. Un florecimiento incontrolable hacia la luz. Se parece a la realidad que araña, que no sale. Aún no se puede expulsar; la naturaleza dicta, obliga. La vida no es sueño. 

¿Adónde miraremos ahora? ¿Qué dirección nos queda? ¿Cuál es la nueva? Rapsodia de excremento. Lección fallida y retroceso. Todos los artistas son soñadores. Se hizo tarde para la diana. Sigamos intentándolo, por si acaso. Amo el misterio de mi carne, pero más el de mi alma. No puedo separarlos. Juntos los he conocido. Los distingo. No conozco la muerte: todo lo que no soy. Ahora vas tú. 

martes, 23 de agosto de 2016

Épica


A la imagen sigue el golpe, el aturdimiento y luego, el retorno o el cambio. La verdad obliga, somete y decide, no lo que está por debajo de ella. Diálogo es intercambio de impresiones, ciclos de actividad. Imaginar conceptos. Todo lo resumen y lo alcanzan. No distinguen lo conocido de su contrario. No dudan. Detienen, pero no se detienen. 

Imaginación es salida invisible, interna. No me gusta desechar lo que dudo. Al sabio y al ignorante se les ocurre lo que conocen. Se encuentran y se miran; se escudriñan y se acusan. Dudan entre sí. Replantean el símbolo, no la costumbre ni lo útil. Ya está hecho. Ha sucedido. Me interesa el contenido. Creo que no merezco mi posición, pero odio de corazón desear más. Los recuerdos no pueden ser perdidos, aunque no sepamos de dónde vengan. 

El arte puede a veces no ser discurso serio, pero la ciencia tiene que serlo siempre. El peligro del mundo es la vanidad. Todo él. Cuidado con rapsodias salvajes. Correteo a ritmo irregular, pero quiero conocer mi afectación misteriosa. El escrúpulo de mi recuerdo. Todo está aquí, como allá. Nada más puedo decir. 

La vida real es un secreto incompleto. Me dan la oportunidad de explicarme, porque ya me han juzgado. No acostumbro a huir de mis iguales, sino a reñir con ellos. Empiezo convencido. Continúo con entusiasmo hasta el descanso natural. Así vivo y hago memoria bajo el sol, jornadas de días y noches. 

El poder de la palabra es seguir hablando, producir más conversación, más pensamiento. ¿Qué otra cosa podría ser el entusiasmo? La chispa interior de imágenes deseadas. Amadas, esperadas y recordadas. Juego a lo que conozco. Todos los juegos tienen reglas. Extraño es contar historias que se desconocen. La imaginación es ver dónde termina antes de llegar, pero no elegir lo que se ve. El que imagina es siempre sobresaltado. 

Libertad fabricada


Poder decir lo que uno quiera es decirlo. No hay necesidades oscuras, sino verdaderas o falsas. Se empieza por el error de cálculo. La inocencia es olvidar el orgullo. No puedo escribir como antes. Lo he intentado de veras. Ya no escribo sólo para mí, valga poco o nada. Sea o no una copia defectuosa, inferior. Incompleta. No soy el primero. Quiero saber, hombre real. Estoy en este lado, todavía. Trance. Tránsito. Debo seguir adelante. Por el misterio. Por el vacío que nos llena. ¿Insiste más él o lo que no es él?

Entretenimiento es distracción cómoda. Puedo vivir con ese pensamiento. Es menor que todos los demás. Empiezo a recordar de nuevo. Amo a los que se contienen y saben lo que hacen. Creer en lo que se hace es el mayor reto de la mente humana. Es un estado de soberanía para el alma. Una libertad que no es fabricada, artificial o sintética. Una libertad real, lejos de todos los discursos vehementes. Se hace, no se predica. No necesita nada más. De otra libertad. Corona todas las necesidades. 

Se asoma al futuro con valor y serenidad. En confianza. Calla palabras vanas. Soporta todas las amonestaciones posibles e imposibles. Sensatas y descabelladas. Lo soporta todo. Soy incapaz de resistirme ante la compasión por la miseria humana. Se abre ante mí como flor en el desierto seco. Su belleza es invencible, salvaje y enigmática. Una naturaleza para todas las especies. La ciencia es el mundo. La máquina del Universo. El salto de los Ritmos. El eterno espacio intermedio. La verdadera Creación. 

Abundancia de gotas en un mar vacío o que se vacía. Recuerdos que se desconocen entre ellos en un limbo intermedio de vuelta al infinito. La fantasía es el deleite de la memoria. Arte, fetichismo vulgar que se quiere hacer pasar por sublime. El imitado gana al que imita. Toda la historia es una sola. En la celda de mi alma, el error no es extraño. Es la esclavitud. 

Sé que no he aprendido todo lo que debía. Enseño lo que no sé con la esperanza de ser instruido por alguien más sabio y capaz. Más valiente y decidido. Sigo buscando. La distancia entre los extremos está presente ante mí. Limitada, simbólica. No se mueve. Acepto la oscuridad del enemigo, porque no puedo negarlo sin negarme. Sino entregarme a él. 

domingo, 21 de agosto de 2016

Lavados diarios


El pensamiento guía incluso entre tinieblas. Cada pensamiento es una definición, un protocolo. Busca imponerse sobre la crisis. El pensamiento acusa, juzga. Es un partido. Grande o pequeño, pero firme. Este mundo no es ideal. Lo ideal no es de este mundo. Todo lo ideal en él es una construcción de lo vulgar. Una construcción mental. Más cerca de la perfección que lo físico. 

Este hombre no es ideal, sino vulgar. Por eso le inspira lo ideal. Puede reconocer serenamente que envejecer es empezar a morir. Los enigmas son peligrosos, inciertos. Grotescos y burlescos. Quiméricos. Vale la pena evitarlos, y sobre todo, no prestarse a ellos, ni provocarlos. 

Estoy convencido de saber muchas cosas inútiles. No sospeches ignorancia, sino conocimiento. De la ignorancia no se puede sacar nada, pero del conocimiento sólo sale la verdad. Tómate en serio a ti mismo, antes de que empieces a fingir para los demás de nuevo. El público es el resto del mundo. El espectáculo es insustancial. El decoro es distracción agradable. 

Mis nervios se deshacen con el placer y se encogen con el dolor. Siempre mandan. Las partes se unen en la armonía y se restan en el caos. El todo es mayor. No soy mis órganos, ni mi cerebro, ni una proyección de él, ni mi psique, ni mi inconsciente. Usa el cuerpo y ya no serás parte de él, en tu pensamiento. 

La guerra es una competición angustiosa. Breve y rápida. Veo la repetición ante mis ojos y la siento detrás de ellos. Cada uno ama su costumbre. Entrenamiento es simulación. Exige objetivos. Van primero. Las memorias rebosan sentimientos. La memoria es la inmortalidad del alma. 

Tememos más ser decepcionados que decepcionar nosotros mismos. Todas las preocupaciones son éticas. No hay más estados. No hay otros. Delimitar es necesario. Protegemos el miedo con celo, pero eso que evitamos penetra por el hueco más pequeño e insospechado. Penetra sin esfuerzo, sin angustia. Sin ira. La atención es parcial. El resto del mundo no existe. Todos los sacrificios son personales. 

Fracasará la huida, pero insistirá. Retornará al principio, inexorablemente. La huida de lo vulgar hacia lo ideal será más eficaz en el futuro. Lo que no asciende, desciende. El movimiento tiene dos mitades, dos direcciones, dos sentidos. Esas dos mitades forman el todo. Una dualidad. Si se puede descomponer, se puede entender. 

Hablo como intruso apasionado y persistente. He aquí las dos mitades de la realidad, la dualidad del ser. Un cuadrado es estabilidad, orden, quietud, plenitud, razón, idea, pensamiento, finitud, equilibrio, reposo, estatismo. Detención. Partes definidas. Indisoluble, inalterable. Memoria. 

Círculo es movimiento, desorden, transición, incertidumbre, incompletitud, infinitud, giro, fluidez, vulgaridad, alteración, olvido, huida, disolución, reproducción. La profundidad continúa. El punto exacto intermedio entre ellos es el triángulo, que es el poder, la disciplina, el mando, la decisión, el partido, la capacidad de crear o destruir, de hacer. Es decir, es la creatividad. El valor jerarquizado. La ley.  

viernes, 19 de agosto de 2016

Transmigración


Dime si coinciden los dulces frutos de amargos sufrimientos con los tuyos. Si coinciden exactamente. Como si estuviera contigo. Nada más quiero dejar aquí ahora. Practica fórmulas útiles. La juventud es el tiempo en el que haremos aquello de lo que nos avergonzaremos o nos enorgulleceremos el resto de la vida. 

Apurar, acorralar lo desconocido es una quimera. Como pretender cazar lo fantástico, habiendo sido cazado primero por ello. Impresionado, sometido. La historia son fórmulas del pasado. Fórmulas personales que se hicieron un grupo. El mundo es tan pequeño como su testigo. No el imaginado, sino el que imagina. 

Me ha dado la inteligencia, la sensatez. No quiero desperdiciarla. Si me equivoco, empezaré de nuevo. El que no conoce es conocido. Descubierto. Alcanzado. Acogido. Amado. Deseo con vehemencia salir del misterio, porque estoy atrapado en él. El velo invisible de mi interior. Casi me anula, pero sigo aquí. Habita en mí, pero yo lo arrastro en mi pensamiento. Al mismo tiempo, lo persigo y me persigue. Como si ninguno de los dos se moviera en absoluto. 

El talento de existir es este: la lucha es la igualdad esencial. No hay resultado fuera de la verdad. Parece confuso, pero sigue uniforme, inalterable. El pasado alcanza el presente y el futuro. Nada extraño, fuera de nosotros. Los que sufrimos iguales.

Critica el mundo real. Un mundano juzga a otro. Falsos ojos de fuego se cansan de consumirse. Nada consumen que sea duradero. Lo llaman psicología y es la debilidad, el sufrimiento humano. Un diálogo es un intercambio de opiniones. Las mentiras acaban pronto. El resto permanece. Superficie es profundidad al revés. Nuevo contacto. Dialéctica. 

He aquí la formación de la personalidad: pensamientos, sentimientos, actitudes, acciones y consecuencias. Acaba en la sociedad. Las interacciones se multiplican. No se anulan unas a otras. Se complementan. Mantienen una vasta red. Sorpresa es orden oculto. Mundo invisible. 

La flecha envenenada de mi corazón me obliga a decir esto: el veneno me matará o lo vomitaré, al final. La herida es el desvío. Herida del orgullo, origen de todos los demás sentimientos. Altivez destructora de mundos. No hay más profundidad que la conciencia. Todas las heridas son interiores. 

martes, 16 de agosto de 2016

Laberinto de memoria


El orgullo es una monstruosidad inevitable. Inherente a lo humano. Consecuencia de ello. El verdadero reto de la aceptación, pues no puede dejar de afrontarse ni perderse de vista. Fuera puede parecer extraño, pero no dentro. No hay huida en el interior. No hay falsas excusas. En los estrechos y numerosos caminos de mi memoria, de mi experiencia, no existe un sólo momento que no incluya o separe dolores de orgullo. Verdaderos padecimientos. Impotencia, angustia, decepción. Ansiedad de poseer. Desolación. Miseria incalculable. Incurable en este cuerpo. 

Sin embargo, sobre todo en la infancia, estaban impregnados de ensoñación, de dulce esperanza. Como de una embriaguez invencible, que parece eterna en un momento. Que produce ensimismamiento y goce, imposibles de separar, irresistibles. Sin esfuerzo, apenas el menor, roban nuestro amor desesperado, como un breve suspiro de pasión. Como si arrancaran el mismo alma de nuestro cuerpo en ese lapsus, esa omisión, ese misterio continuo, persistente y oscuramente expansivo. 

Escribir un libro es un acto de vanidad. No lo inspira el afán de la virtud, sino el hambre de posteridad. A lo sumo, de revisión o profundización. Quizás, de imitación. Todos hemos hablado sin saber, al principio. Hemos hablado mucho. Seguimos luchando. Algo en uno mismo estrangula con violencia, pero estamos quietos y sólo pensamos. El hombre es individual, histórico. Se somete a pesar de su voluntad a lo desconocido de sí mismo, como si cadenas invisibles lo arrastrasen a donde no quiere llegar, aún hoy. Se aferra a lo mismo que al principio. Naufraga en un momento de enajenación. Incluso de soberbia. 

Sus reflejos no son divinos, y no sabemos si forman parte de algún destino. Pero a la deriva, también se puede llegar a tierra firme, aunque la travesía sea incierta. Figurar es trasladar. Implica responsabilidad, conocimiento, intención. Pero todos nos acabamos perdiendo a causa de nuestra propia ignorancia. Como el que se pierde en laberintos de su memoria, incapaz o indispuesto de ordenarla con diligencia.

Posee una virtud incompleta y frustrante. Desafiante. Ridiculizante. Aquí reside la verdadera virtud, que es vicio y que no da descanso. Que persigue y que denuncia sin pudor. Pero sólo lo hace por dentro. Que no se celebra por soberbia, sino que se esconde por pura y simple humildad. Es decir, por necesidad. 

A esto llamamos conciencia. A un grito de injusticia. Totalmente mudo por fuera. Es el juicio que se vuelve contra nosotros. Que se interrumpe, de repente. Sin aviso ni deseo. Sin tentación. Un desvío que exige rectificación. Una crueldad que no es impune, buscando serlo por todos los medios, sin la menor interrupción. La inteligencia primero es tramposa. Luego, vergonzosa. Comienza el ciclo de nuevo. No ha terminado en ningún hombre. Pasa y no vuelve. Repite su ciclo. Emana pura experiencia. La encierra en un cuerpo mortal. En su memoria. 

Libera el castigo de la sinuosidad, de la mímesis. De la opacidad. De la impureza. Porque es incompleta. Se parece al ser. Es la discordia. Mantiene el movimiento en el medio. Es un punto de apoyo que trastorna, pero no destruye por completo. Impulsa, como un témpano. Equilibra, al final. Genera todos los tipos de desesperación imaginables. Zanja los juegos insensatos sin vacilar. 


lunes, 15 de agosto de 2016

Propiedad


Ex machina

Mi confesión no está completa. No he terminado. No puedo retenerte contra tu voluntad, pero me gustaría profundizar mucho más. Todo está dentro. Puede que a nadie le importe mas que a mí, pero sólo consiento que se me juzgue por lo que amo. No sólo a veces, sino siempre. Todas las sonrisas son cómplices, hasta las más pequeñas. 

La rapidez de la vida es su riqueza. Los planes me parecen fríos y crueles, pero existen y hay que afrontarlos. Los pensamientos nobles son los pensamientos vivos. Hay que defenderse solo. Hay que actualizar la defensa. La realidad supera la ficción. Es decir, la ficción pasa. La realidad sigue adelante. Es una doctrina del pasado, presente y futuro. Resiste los cambios y estos no la resisten. No es sintética. No es incompleta ni pasajera. Se puede profundizar en ella sin límite. 

Divagamos porque nos encanta. Es algo morboso para nosotros. Algo pasional y por completo humano. Pero incluso en algo así debemos dar excusas. Amamos los razonamientos bien presentados más que los reveses de la pasión, en especial cuando esta parece rebelde, traidora, enemiga. Pero la pasión no puede ser nuestra enemiga, si somos nosotros mismos los que la desconocemos. La realidad termina en los sueños. 

No quiero ser monstruoso. Por eso lucho. Para no presentarme así. Pero todos saben que soy como ellos, antes de conocerme. Y que el avance es difícil o imposible. Que sentirse seguro es importante. Y que todos somos vulnerables. Mortales. Pero tenemos un orgullo irreverente que explota. Llegamos a amarlo y a someternos. Esto es un hecho indiscutible. Nos lleva por caminos oscurísimos, pero también nos saca de ellos. No deja de ser puro. Nos obliga a seguir buscando. A escudriñar en el interior. A veces, las palabras son juegos de contenido. Más reglas. 

La historia de los hombres, de cada hombre, es violenta. En sueños nadamos por un mar embravecido, vigorosos en la juventud, para salvar la vida. A veces, descansamos en aguas tranquilas. Muchas, abusamos, pero no pedimos explicaciones. No hay salida del mar. No se puede engañar a la naturaleza. No varía en lo más mínimo. Pero sí lo hace nuestra ignorancia. Siempre por matices. Frase por frase, tuyas o mías, lleguemos juntos a la verdad. Al menos, a contemplarla a distancia. Sólo había que volverse. Que quede constancia. Continuidad. Este es para mí el sentido que vale la pena creer. 

Los ojos del mundo son el mal. Todas las imágenes son violentas y pasan rápido. Intervienen abruptamente. Así conocimos el amor. Primero fue un intruso. Apego es costumbre que se convierte en necesidad, deseo y sufrimiento. Luego nos volvemos mendigos. Porque no siempre fuimos así. La decadencia va de lo divino a lo humano. La causa de la civilización es revertir el proceso. Mantenerse a flote. 

Pero lo que empezó un Dios sólo él podría acabarlo. Lo que no viene de él, viene de su ausencia. Ninguna de sus criaturas es de fiar. Ninguna está por encima. Ninguna cesa de perecer ni de conocerse. De mezclarse con lo confuso. Lo sensible. Lo impredecible. Cada cual por sí mismo comprueba que el orgullo no basta. Que no se abastece por su cuenta. Incluso él es dependiente. Siendo el sentimiento más vivo y persistente de todos. No llamemos psicología a lo que es simplemente vergüenza o falta de ella. 




sábado, 13 de agosto de 2016

Visión de una máscara


Nosotros tampoco supimos ser estrellas, como no supieron los anteriores. Cogieron una parte, la última, de los restos del pasado. Un pasado humano como nuestra propia carne. No conocimos nuestro amor directamente, sino poco a poco. Lo vimos llegar lentamente, sin defecto ni interrupción. Cuando llegó, cesamos de errar, después de una eternidad de imperfecciones y de tormento. 

Por fin nos serenamos, después de la angustia, de la batalla equivocada. Entonces, nos vimos entre nosotros como éramos en realidad. Somos una fraternidad. Yo sólo he conocido a los perdedores, no a los ganadores. Cuando no estamos juntos, nos sentimos desprotegidos e incómodos. Nos falta el apoyo del otro como la misma piel. Como los huesos que nos sostienen y nos protegen de los golpes. La unión es la fortaleza. En eso no mintió el viejo dicho. Truco es práctica. 

Nuestra guerra es a muerte contra el enemigo. Porque quisimos ser sus hermanos y nos despreciaron. Nos desprecian siempre. Hasta hoy. Siempre tuve celos. La raza orgullosa corre sin descanso. Tiende lazos. Una mezcla de sorpresa, decepción y resentimiento. Pero ahora soy mayor y tengo más experiencia. 

Nuestro resentimiento se calma cuando estamos juntos. Nos consolamos entre nosotros. Lamemos nuestras lágrimas. A veces, incluso reímos. La mayor parte del tiempo no hacemos nada. Sabemos bien lo que queremos olvidar. La amargura que queremos dejar atrás. 

Si ellos hubiesen podido elegir realmente, no hubieran terminado así. La creencia es verdadera, pero no lo que la produce. No quisieron someterse a su propia verdad. Cogieron la primera máscara. Como una caída voluntaria. Quisimos una tregua y una comunión verdadera, poderosa. Pero siguieron adelante y nos trataron como basura. Como despojo. Ya no les servíamos. No elegimos esta guerra. La padecimos hasta hoy. 

Tenemos nuestra poesía. Aunque valga poco. Aunque casi no valga nada. Quisimos albergar el fuego de la verdad en nuestro corazón. Un fuego que no nos quemase. Que sólo quemase lo falso para siempre. El no-ser es la criminalidad, la culpa. El anti-ser. Por cada avance, diez retrocesos. 

Las imágenes son de todos. Nos sometemos a las de otros, que son las nuestras. La representación de los sueños. Sueños locos, pero sinceros. Me siento un ser humano de verdad, aunque no fuera lo que esperaba. No el ser completo, sino el incompleto. El que está vivo por dentro, descifrando sus propios sentimientos. Dependiente. Deudor. Extraño. 

Pues no conoce lo que los produce. Tal vez una parte, pero no el todo. Lo suficiente para seguir buscando. Inspiración universal. Entendimiento significa avergonzarse de algunas cosas. Perfeccionismo es haber sido herido y sufrir un trauma hasta el fin de los días. 

Divagamos por esta razón. Decimos juntos: los escondites y las excusas son más pequeñas ahora. Ellos fingen no escucharnos. Miran a otro lado. Intentan destruirnos de nuevo. Somos sus corruptores, pero no elegimos ser así. En el momento que nos sentimos orgullosos, empezamos a dudar de nuestra moralidad. La buena fe es sólo al principio. La buena intención. La mala costumbre siempre acecha. Hace verdadero daño. 

Yo no he podido separar al hombre de su circunstancia. De la oportunidad de conquistar su deseo. Me he quedado, como antes, a medio camino. Perdido en un laberinto. Lucho por no sentirme ridículo. Me siento y empiezo a pensar. Indago mi propio error, porque sospecho de mí mismo. El orden gusta más que el desorden, incluso para aquellos que creen arrastrar su existencia. 

Omisiones


Omito mi condición actual. El éxito evidente de otros en las relaciones comerciales, materiales. Mi falta de erudición y disciplina en áreas aparentemente críticas, aún hoy. Ostracismo es pereza, declinación. Mi capricho me persigue por dentro como aliento de vida. Como su recuerdo. Los idólatras aspiran a ser ídolos. 

Omito las recaídas emocionales. Las persecuciones hasta el absurdo. Las viejas manías y costumbres, que crecieron desde la infancia, imbuidas de fantasía. La fantasía es siempre infantil. Los que digan que no han sido poseídos por ella, que no lo están, cuando menos lo esperan, procurando evitarlo, mienten con toda seguridad. Porque así somos los humanos, vulnerables a la fantasía, como los niños. Es la mancha dulce e irresistible de todas las edades. Agitadora de vida. 

Omito la desesperación, como una amenaza insuperable por dentro, ya que llega y maltrata la paciencia. La penitencia. La explota, la viola. Finalmente la extingue, por un tiempo. No se sabe cuánto, hasta que reaparece. Desde lo más bajo, tendrán que aceptarme los que mandan. Aunque me desprecien. Porque mi voz surge de mi garganta, sea o no un sepulcro vacío, como pretenden algunos e incluso yo mismo, en ocasiones. Sí. Estas son mis omisiones ahora. A ellas me remito, como a críticas que soy incapaz de ocultar, de no señalar. 

viernes, 12 de agosto de 2016

Error



No era tan difícil ser normal. Sentirse uno más. Sólo crecemos en lo que perseveramos y esto constituye el mismo destino. Todos nos reímos de este mundo y lo odiamos. Nos une la incapacidad de cambiarlo. Nos reímos amargamente, insistentemente. Como el que no encuentra lo que está buscando y no se doblega. El que no puede evitar ser obstinado. Ejemplar es ideal. 

Nos ponemos creativos en la vieja inspiración. Alucinamos en comunidad. El yo es el diálogo entre la inteligencia y los instintos. Forman una trinidad. Uno para cada uno. Sus relaciones dialécticas son infinitas. No sé si está bien hablar así, pero si me corrigen, habrá valido la pena. Mi mayor defecto es la pereza y el impulso. No sé diferenciarlos. Me causa aturdimiento al atacarme. 

Como decía, el yo es el centro de gravedad. La conciencia real. El de arriba siempre baja y el de abajo, sube. Allí se encuentran. Allí se oponen. Allí siguen. El presente pasa. Siempre es duro adaptarse a los cambios, porque hay que hacerlo. Suceden por fuera. Recuerdo es quietud interior. Recuperación impuesta. 

Plus


No es tan fácil olvidarse del Mundo. Del resto. No sólo de lo de fuera, sino también de lo de dentro. Pero lo intentamos. Intentamos no ser nada, no ser nadie, y no lo conseguimos. Por eso, en nuestro interior, hacemos ver entereza.

Seguimos caminando, mientras un demonio enfurecido estalla y nos dice: "¿es que no ves que no eres nadie? Yo ya lo he visto. He estado allí. Lo he visto todo. Nadie ha visto más que yo." Me vuelvo y le pregunto: "¿no crees que podamos hacer nada más que desahogarnos?" El calla de repente, por una vez. A esto sigue un estrépito de ira indescriptible. Sigo caminando, a pesar de mi temor. 

Siempre tropieza. Siempre blasfema. Sólo tiene enemigos. Sólo conoce su propia traición. Pero le acompaña una eternidad de cólera. Es un tema sensible para mera poesía. Entretenimiento estético. Ya haremos caso cuando la cosa se ponga más seria. No pasa nada, ahora. Templanza e impotencia se confunden. A paciencia le hace falta entrenarse. Ya surgirán los objetivos, a su debido tiempo. 


"Tocar grandes temas"

Expresión es libertad. Pensar es igualar, afrontar. Dialéctica es profundización. Socialización primaria es mundo esencial. Secundaria es relleno. Ternura es empatía. Imitación es exterioridad. Imitar es imitar por fuera. Partido, dictamen, juicio es elección inevitable. Sumisión. Renuncia es jocosidad. El orgullo es una chispa incómoda que no se puede apagar. Sólo huir de ella. Apartarle el rostro. 

Debilidad es retirada. Hábito es recaída. Totalidad es suma de las partes en movimiento. Competición es oposición activa, abierta. Crueldad es exceso. Justicia es equidad. Estudio es reflexión. Pensamiento es identidad. Inflexibilidad es insistencia. Burbuja es acumulación. Salvajismo es origen oscuro. Regla es convivencia armónica. 

Las cargas que nos echamos encima son las que tendremos que desechar después. Hombre es puerta de razón. Todos los ritos son sociales. Literatura es saco roto. Engaño incompleto. Transformar es traducir. Enseñar es no saber. Mundo es circunstancia. Ocupación es responsabilidad. Causa es efecto. Pensar es parar, intervenir. Trasladar. 

jueves, 11 de agosto de 2016

Imitación del poeta


La verdad es difícil, pero parece fácil. Aún no quiero irme. Ya es tu tiempo. No está tan claro. 

Soy un espejo que refleja mi presente. Un espejo interior. La vida es la verdad. Nos vulnera sólo lo humano. El poeta imita la belleza con su sensibilidad lo mejor que puede, con todas sus fuerzas. Si por casualidad se da cuenta de que se equivoca, finge ignorarlo. Nosotros también. Sospechamos de todas formas. Orgullo es deshonor. Apego es costumbre. Los abismos se miran. 

Si tienen alguna tarea, no digo que sea fácil. No descarto que todos seamos poetas. Desde la piel hasta el alma. El futuro invalida y destruye el presente por todos sus costados. Celebramos victorias y lamentamos derrotas a través del arte universal. Sólo hay un dolor para todas las criaturas. Cuando se descubre el placer, cuando aparece, es soberano. Sólo perseguimos a éste. Lo llamamos virtud cuando creemos dominarlo. El mal gusto, como la fealdad, sólo es cuestión de presión. 

No hay trucos nobles. Nos encontrarán más pronto de lo que encontramos a nuestros antepasados. Respeto a mis mayores, pero no lo bastante. Cuánto, qué es bastante? Aún no quiero conocer a mis compañeros, porque no me siento preparado. Soy un mortal orgulloso, resistente. Temeroso de lo desconocido. Presa de la ilusión recurrente. Impacto de palabras. Incompleto. 

Manso o fiera, débil o fuerte, según el modo de mis sentimientos. Los que se repiten, los reales. El movimiento de mi pasión. Estoy atrapado en un misterio sin nombre. Un misterio que no habla. Nombrar no es dominar, sino dudar. Profundizar sin descanso. Pensar en la propia humanidad, desde ella. La vida es peligrosa. La apariencia de peligro basta para un instante. 

El hombre es el error por dentro. Yo no he conocido el mundo sin errores. Son el caldo de cultivo de todo mi mundo. Tienen valor documental. Todos los errores que he conocido son humanos. No todos me parecen vergonzosos. Sólo los deshonestos. Una gran queja es sólo una queja más. Las extravagancias sólo las comparto en las bromas, porque es lo que me parece más sensato. La locura es la razón a escondidas. 

miércoles, 10 de agosto de 2016

Naturaleza


No hay hombre que sea completamente honesto. No hay hombre que no quiera ser completamente honesto. La naturaleza humana es engañosa y cambiante. La realidad nos llega por las emociones, que son opiniones. Agradables o desagradables. Se pasa del negro al blanco y del blanco al negro. No hay gris. No hay más colores. La ilusión tergiversa y oscurece. Manipula. No hay hombre que no sufra como los demás hombres. 

Sabemos que esta vez tampoco será suficiente. Repetiremos lo mismo. Dejemos falsas terapias. Hay algo bueno en el desmoronamiento. La revelación. Pero este proceso siempre es dramático. No tardamos en necesitar a los demás. Necesitar su ayuda. No vemos más allá del juicio que sellamos. Allí dejamos al fantasma que nos hemos encontrado. 

Desde esta postura es cómodo juzgar. Tanto a grandes como pequeños. Sé que todos pasaremos. Pero no puedo evitar mis emociones. Es un misterio lo que me hace ignorante. Es, ciertamente, un buen punto de partida. Las vidas humanas no son orgullo indestructible. Su dignidad siempre es dudosa, controvertida. A veces, por desgracia, falaz, culpable. Injusta. Pero debemos pensarlo a fondo. Si no pensamos en esto, de qué nos sirve pensar en todo lo demás?

Segunda oscuridad


Descubrí que perdí mi guerra contra el misterio y sólo me quedaron los recuerdos, como enigmas que duran demasiado. Cuando sucedió por segunda vez supe, ignoro de qué manera, que sería para siempre. Las opiniones son del momento, que es donde vivimos. El único descubrimiento es que somos como los demás. Los mismos. Orden es poder, repetición. Es fácil criticarlo cuando no se tiene. Yo diría que inevitable. Las heridas del orgullo no se curan. Se olvidan. Cultura es recuerdo. Sentimiento de la experiencia. 

Existen dos doctrinas de vida que están contrapuestas. La del desenfreno y la continencia. No se pueden adoptar las dos. Son como orientaciones políticas, partes de un alma. Turnos de poder. Me queda una herida extraña que no sé cómo definir. Los huecos que hay entre nosotros, donde caben todas esas pesadillas y obsesiones imposibles, esos excesos intolerables. Esa verborrea inútil. No sé llamarlo de otra manera. Quejas y súplicas. Incomodidades. Distorsiones. Desequilibrios. Muecas y roles que nos han sido impuestos y nunca hemos podido elegir. 

Era así antes. No yo, sino lo que hay en mí. Lo que habita. Lo que es. Pero muchos no me creerán y llevan razón, si tocan la fibra sensible, viva, que dice que no sé nada o sé muy poco. Que tengo la misma necesidad que ellos. Yo tampoco he podido controlar mi agresividad por dentro, ni mi miedo a pagar una deuda excesiva. Esto es cierto, pero todo lo mezclo. Suelto las riendas. Turnamos las mitades. Tal vez al revés.

Sigo penetrando el sentido de los mitos. No termino. El final no es seguro. Me seduzco a mí mismo con pensamientos preferidos. Pero siguen fluyendo como el primer día. Libres en la invisibilidad. Oscuridad interior. La insatisfacción no tarda. La desesperación pasa como llega, pero también la prosperidad. Como los caprichos que estallan sin voluntad. 

Frívolo


Empezar por la polémica no es algo raro. Antes o después, tenía que afrontarme a mí mismo. A mis imitaciones más cotidianas. A mis máscaras. Me inspira un ideal. Lo real en mi mente. He seguido hablando, como es natural. Hablar es natural en los hombres. Viendo las formas tan extrañas en las que se odian hasta morir, me ha sido imposible no unirme a ellos. Pero son sólo palabras. Mi mayor temor es que me tomen en serio algún día. A mí, que soy un amante catecúmeno de la Verdad. 

Lo que es igual a sí mismo, es igual a lo demás. Todo es Universo. Las reglas sobre las reglas. Aquí abajo, nos ocupan correrías. Tensiones y ocultaciones. Por ese orden. Suelo rendirme antes de empezar a pelear. Mi maestro no tiene época. Sí. Tengo las mayores pretensiones. Sí. Quiero medrar. Todo lo que piensas tiene algo de cierto. El gusto parece inconstante. Pero no lo es. La Opinión nos mueve a todos. Hasta el último. ¿Qué puede haber de extraño en que omitíamos la derrota segura?

En el fondo soy un maniqueo convencido, porque no consigo apartarme del todo. La sociedad es un acuerdo incompleto y orgánico. Limitado e imperfecto, como la política real. La libertad es ocio, amor, dedicación completa. Arte de vocación. Profesión animosa. Aún sigo orgulloso de mi secreto. Como si yo lo conociera por completo y los demás no supieran de él nada en absoluto. Es una ficción ofensiva incluso para mí mismo. Pero no quiero hablar de eso ni hablar así, ahora que empiezo a buscar la perfección de nuevo. Pequeñas alegrías y tristezas son sólo partes de ella. 

Mi performance es la condena de los freakshows. Nada más creo tener que hacer. Por lo tanto, el resto del tiempo me considero sin ocupación. Porque se me escapa la atención. Los pecados de unos hombres no son más grandes que los de otros. Ni uno solo de ellos. Pero mi exigencia a veces no es seria. O al menos, no lo parece. No siempre conseguimos impactar como deseamos y esto nos pesa enormemente. No puede haber mayor placer que acusar a los demás y excusarse a uno mismo. 

Si algo cambia el reconocerlo, prefiero hacerlo. Aunque sea menos que una súplica. Describir es descubrir. Lo fijo sigue ahí. Siempre soy escéptico en la creación, en los juegos de malabares que se hacen con cualquier cosa. Tejer y destejer es entretenerse. Las palabras también son envolturas. Por este motivo, soy cazador de palabras.


Todo el mundo quería ganar sin hacer nada. 
Esta era la locura. 
                                                              J.M.

martes, 9 de agosto de 2016

Contrato social


Necesitamos confiar en los demás. Por eso sufrimos tanto cuando sentimos que no podemos hacerlo, cuando nos lo impedimos. Damos flores amargas y secas que aspiran a ser frescas y blandas, llenas de vida. Arte es florecer en belleza. Quién pudiera pasar la tormenta sin perecer. Pasar por el engaño y seguir adelante. Quién supiera lo que se siente, en realidad. 

El demonio que encuentra la forma de detener la venganza interminable se convierte en hombre. Hay un cambio en su corazón. Entonces, ya no quiere volver a cambiar. Se siente completo. No cree que lo necesite. Tiene miedo de volver a hacerlo. Porque es él quien lo hace. Él mismo y no cualquier otro. No hay caída incompleta o imperfecta. 

Vivir es entender. No entender es sufrir la vida. Yo no creo que haya hombres necesarios. Pero sí creo que para cada hombre su momento en la historia, todo lo que le ha hecho ser como es, sí es completamente necesario. Lo demás sólo es opinión. Expresar es dividir por la mitad lo esencial. Tener algún poder, crear, adivinar. 

Crecer es revisar y añadir. Todo el trabajo sirve a los demás. No importa cuál sea este o la intención con que se haga. La sociedad es bondad entre iguales. La posición real es aquella en la que se cree sin dudar. El apoyo primordial. La comodidad de ser uno mismo. La reafirmación. La solidaridad de compartirlo. La esperanza de hacerse mejor en el trato a los demás. 

Una tarea pequeña puede obligar a la reflexión si es honesta, como la manera de tolerarse a sí mismo, sin desatino ni vacilamiento. No me da igual. El hombre vive en permanente competición con sus iguales. Así llega al límite de su socialización. Debemos esforzarnos por comprender esto, porque apenas hemos empezado. 

lunes, 8 de agosto de 2016

El hombre


El hombre es el compañero invisible. El concepto. La idea de hombre. Como todo lo particular, me causa gran curiosidad y escepticismo. Desconcierto. Como si estuviese en movimiento permanente o yo lo estuviera, mientras lo estoy conociendo. Mientras nace para mí. Una línea imaginaria une las dos partes del mundo. Sólo una a la vez. El hombre es la historia. Produce pensamientos en mí. Me mantiene en movimiento hacia delante. Un movimiento interno, real. Vivo. Lo visible es lo externo. El mundo también nace para el hombre cuando existe. Es el retorno de la unidad. De la totalidad. 

Naturalmente, necesito explicarme. Explicar es recrearse. Mi guerra no es contra los hombres, sino contra el hombre mismo, tal y como es. Desnudo por dentro. Desnudo y completo. Sólo contra él. Pensar es hacerlo contra uno mismo. La postura que se adopta es más importante que la que se encuentra. Produzco discursos.

Lo que más me preocupa es ser coherente conmigo mismo. Con la profundidad de mi pensamiento. Pasar de la postura equivocada a la acertada. Llegar, no pasarse. Apuntar y acertar, por fin. Estudiar a fondo la ciencia verdadera. Recrearme y perderme en ella para siempre. Como el que ha encontrado el néctar o el éxtasis inagotable, casi totalmente fuera de este mundo. Lejos. Insuperable. 

El tesoro del hombre está en su interior. La armonía entre su pasión y su razón. Suya, realmente. De lo visible y lo invisible. El punto que lo hace todo. Que conecta las dos esferas. No es el tirano incómodo que se escapa de vez en cuando. Como una espina repentina. La parte que todos despreciamos. Los hombres sensatos son serios. Tomarse la vida en serio es bueno. Tomársela demasiado en serio es malo. 

El hombre es igual a sí mismo. Es el prisionero que desea ser liberado, enamorado y llamado de su humanidad celestial. Está enterrado en el mundo. Frío y oscuro. Violento, cambiante, volátil. Indefinible. Visceralmente rapaz, engañoso. Temible. Difícil de manejar. Imposible de dominar. La bajeza del alma hunde sus raíces en lo físico. Desea ser arrancada por Dios. Unirse y fundirse con Él. Relación de belleza perfecta. Unirse para ser más. Criatura anhelante que conoce su deseo completo, sin defecto. Sin poder mirar a otro lado. Los superhombres duran poco en la fantasía. El deseo nos obliga a reconocer nuestra debilidad.

Huye hacia arriba. Abajo está la miseria, la confusión. Lo indistinto. Los furiosos demonios, que son muchos. Innumerables. Invencibles en su terreno. Pero esto no lo quiere ningún alma. Porque están tocadas por la sensatez. La voz divina. Lejana, pero firme. No son ideas vagas que se atrapan y se presentan por aburrimiento o despotismo, como a las moscas. Es el aliento, el susurro de una deidad, que basta. Llega a todas. Están preparadas para morir en el cuerpo desde que nacen. Prisión es la mortalidad.

Los hombres presienten su alma como aquello que les hace estar vivos y ser diferentes del resto. Como una deuda que no pueden ni podrían pagar. Es lo que les hace creer que se entregan por completo, cuando no es así. La llevan encima antes de saberlo, y con ella, la semilla de la sabiduría, que algún día brotará por fin. 

Siento que otros acertaron y aseguraron el futuro, porque he sentido verdadero regocijo esta vez. Ha sido diferente. Pensar es reformular el pasado. Drama es no poder mantener lo que nos hace sentir orgullosos. Corazones alegres, pero vulnerables. El momento es la felicidad. La porción del filósofo es la contemplación aumentada, excesiva de la fealdad o de la belleza. Explicarla es inútil, si no se puede cambiar. Pasas por encima o por debajo de mí, pero me tienes en cuenta. Como a una idea, indivisible en los dos mundos. Algo real. 

Siempre quise ser otro héroe. No me canso de imitarle. Al ideal. Al ausente. El que aún no ha fallado. El que arranca del odio y atrae al amor. El que es imposible odiar. Animal noble, divino, sí. Espíritu de otro mundo. Extraño y perfecto. Absoluto e invicto. Eterno. Todos hemos parafraseado a nuestros maestros. Poco o nada falta para imitar lo que se admira, mas que el objeto mismo y alguien que imite. El medio para contemplar su belleza, que parece innata, inmaculada. Pura. Así nace el dulce sueño de virtud que merece perdurar. Sólo por ella componemos discursos, si la verdad es el justo valor. 


domingo, 7 de agosto de 2016

Toxicidad


Grandes y pequeños han convivido desde el principio. Pero nosotros, siendo todos iguales, convivimos en la cultura, una superestructura de la naturaleza que aún crece hoy. En ella, estamos envueltos de etiquetas. Juzgamos todo el tiempo. Nos sobresaltan. Son dolorosas e injustas, insuficientes. Distorsionan nuestra humanidad. Nos trastornan. Nos obligan a hacer lo que no queremos. Nos alejan de nuestros verdaderos ideales. No nos hemos librado de ellas. La vista cae o se eleva. Y se acostumbra. Se adormece en su contemplación. 

Usamos nuestros cuerpos. Son la envoltura dependiente. La profundidad es difícil. La plenitud. No vemos las cosas en su esencia, sin variar. Las vemos en el movimiento del que participamos por dentro. Hay inquietud en lo vivificante. Jóvenes o viejos, usamos lo exterior para sobrevivir, para ser aceptados. Un juez sólo necesita la verdad. Todos somos jueces ahora.

Decidir es totalizar. Acabar. Sentenciar. Usamos nuestros cuerpos sólo para la belleza. Pero todos, grandes y pequeños, nos quedamos ansiosos. Inquietos. Incapaces de cambiar. No queremos ser mal juzgados. En este punto empieza la verdadera humanidad. La verdadera igualdad. La entrega a la propia esencia. Sólo hiere la verdad en lo más vivo. 

sábado, 6 de agosto de 2016

Acuerdo


Me preocupa la vida humana en su totalidad. Su naturaleza y su sentido. Su destino, si es que lo tiene. Lo que sucede en el espíritu de todos los hombres, los de antes, los de ahora y los de después. Su amor natural por la filosofía y los buenos discursos y pensamientos. Por la justicia y el orden social, la civilización. Por los demás hombres. Por el arte y la ciencia, la inquietud de su cultura. Por el misterio de la muerte, el mayor desafío de todos. El sacrificio. Pues la muerte es una fase esencial de la vida. Por eso es, a todas luces, una cuestión capital. La muerte prueba la vida misma. Su valor, su totalidad. Su límite. 

Ante todo, por la sacudida de la intemperancia, que es la pobreza de modales, la falta de educación que todos padecemos, incluso los más doctos, pues las virtudes que se tornan en vicios no eran tan estimables. Por las reglas que no conoce, porque todavía las persigue con entusiasmo, aunque su ánimo decaiga y su vulnerabilidad le precipite hacia el mundo, siendo ésta su mismo cuerpo, el principio de su propia conciencia. De su difícil travesía hacia el deber. 

Todas las palabras van acompañadas de una vida, como el aliento lo está de la boca. Si hago pensar, reflexionar, hago bien. Si lo hago con buena intención, con el corazón completo, hago doblemente bien. Estar seguro es lo contrario de saber. La tortura interior es autosuficiente. Tu solemnidad aún no es sincera del todo. Creo que tu respuesta es bien imitada, pero no bien comprendida. Por eso me produce tanta extrañeza. Tienes la voluntad, pero te falta la fuerza, la firmeza, todavía. Te estás preparando y aún no sabes bien para qué. Suficientemente bien. 

La comodidad e inmediatez de esta posición es la de los indoctos. No tienen lazos ni compromisos con nadie, pero pueden opinar sobre todo, si se sienten afectados. Esto demuestra que hace falta muy poco para opinar y que ningún conocimiento que esté a nuestro alcance, si tiene relación con la apariencia, es infalible. Una teoría que no se puede llevar a la práctica es doblemente mala, por la torpeza de su apariencia inicial. Ser desconfiado es amar en exceso la confianza. Es, en una palabra, estar limitado por la naturaleza. La naturaleza es energía ordenada que parece desordenada. O puede llegar a parecerlo. 

La guerra


La guerra es la miseria. La necesidad. La competición. La anarquía. En la guerra, no hay leyes para la convivencia. Como teórico, puedo decir lo que quiera. Pero la práctica de los problemas reales invalidaría en un segundo mis fantasías, si no hablase con justicia.

En un tiempo no muy lejano, no hubiese considerado tantas monstruosidades como ahora lo hago, de las que sólo me separa una especie de piedad que no he terminado de conocer. Una misteriosa sensibilidad. Un detalle elemental. Como si me salvara milagrosamente de un abismo infinito e incomprensible, elevándome sutilmente a la virtud de entre mis semejantes, sin merecerlo en absoluto. Empujar hacia abajo es lo mismo que apartar a los lados. Es tener menos ventaja. 

Caín no supo que iba perdiendo hasta que no sintió envidia, la envidia del perdedor. La marca. La caída es dolorosa, pero la recaída lo es más aún. La realidad nos hace a todos teóricos y perdedores. A todos los que pensamos, los que aspiramos a la verdadera libertad. A la verdadera belleza. El arte tiene sus reglas. 

Los problemas reales son problemas individuales. Acercarse al bien es hacer lo correcto. Darle la cara. Sabemos con exactitud y sin excusa lo que es alejarse de él. La oportunidad de vivir dictamina que sólo lo severo es de fiar. La severidad de las costumbres. El pan de cada día. El que se recibe por cabeza. Todo se lo debemos a la vida. 

miércoles, 3 de agosto de 2016

El habla


El habla es la expresión de los sentimientos y los pensamientos. Su descripción y su transmisión. El camino más corto es el camino natural, sensato. Uno lo empieza y otro lo termina. Lo continúa. Este es el nacimiento de la comunicación, del sistema linguístico. La comunicación es básicamente una reacción al medio. El reconocimiento de uno mismo como transmisor de la realidad. De la experiencia. 

De la palabra hablada surgió la palabra escrita. Hubo una especie de duplicación de la realidad. De la realidad surgió la ficción, una realidad inventada, simulada, ordenada. En esta realidad siempre hay un discurso, una intención. Esto se debe a que la palabra, el discurso, tiene el fin de comunicar. Aunque este es su fin principal, de él derivan fines secundarios como el estético. Recuerda que tú te lo has dicho a ti mismo. 

Por lo tanto, la palabra escrita y todas las representaciones en general y en particular, esto es, los discursos estéticos, son la representación estática de algo dinámico, ya que los pensamientos y los sentimientos cambian, como todos estamos forzados a admitir desde nuestro propio interior. De aquí, surgió la necesidad de dar respuesta al poderoso recurso que detenía, congelaba la realidad en una representación. Se tomó la parte por el todo. Ya es historia y no se puede cambiar. Sólo le falta revisión. Es una especie de alimento espiritual. Cada individuo está obligado a hacerla. 

La metáfora es la utilización de unos elementos para hablar de otros que le son ajenos. Todos los discursos terminan inexorablemente en uno mismo. Los sentimientos se alternan, pero no cambian. Son pocos. Son la realidad de una sensación individual que se comparte con una comunidad. Un proceso de identificación y de madurez que necesariamente es dramático, apasionado.

Todos los pensamientos terminan en intenciones reales. No se pueden cambiar los sentimientos mientras duran. Lo agradable y lo desagradable no puede elegirse. Es una imposición natural, interior, poderosa. Un sometimiento instintivo. 

Mi memoria


Me gustaría que consideraras mi memoria como algo más que un desahogo inevitable, un lazo difícil de desandar. El camino de las palabras es un laberinto interminable que no tiene principio ni fin, a pesar de las definiciones y el uso que le damos, lo que escondemos y lo que mostramos. 

No creo en las decisiones firmes, sino en las incompletas. Mi memoria me acompaña a todas partes. Cuando ella ya no esté, puede que yo no esté tampoco, ni en este mundo ni en el otro. Es algo que desconozco por completo.

El dolor humano es el desconocimiento. Ese es su nombre. Si sufrimos, nos preguntamos incesante e irresistiblemente por qué. Y aunque nos den una explicación, aunque sea verdadera, no nos basta. El dolor no se va todavía. No hemos conseguido espantarlo, que es nuestro simple e instintivo gesto, aunque hayamos llegado a reconocer la moral. 

Aún no he encontrado el valor para sacar todos esos datos brutos que recopilé en mis primeros años. Hay una especie de niebla, de trampa a su alrededor, siempre que intento alcanzarlos para deshacerme de ellos. Cuanto más me acerco, mayor es la espesa niebla, los lazos que me lo impiden. 

Seamos honestos en este punto: las palabras imitan el habla, que fue primero. Todas las reflexiones son cotidianas, si puede tenerlas el más pobre o el más rico, o por mejor decir, si tanto a uno como a otro no les queda más remedio que padecerlas. Todos los errores ya se han cometido. Ahora falta repetirlos. 

El as en la manga es el exceso de celo. De amor, de refugio. De esperanza. Las expresiones son reconocidas por todos, incluso los legos. Por tanto, el significado no es algo exclusivo, extravagante, distinguido. Pero deseamos que lo sea. Lo deseamos de verdad. Lo especial es lo distinguido, lo respetado. Lo diferente al resto. Lo que sobresale. Lo que merece un nombre, pues de otro modo no podríamos reconocerlo ni ponernos de acuerdo en cuanto a su naturaleza. El lenguaje verdadero es el fin de todos los descubrimientos.

Me convence la supervivencia detrás de tu apariencia. La supervivencia de tu espíritu, sea este prematuro o tardío. Al final, todos siempre me parecen iguales. Como perder o ganar siempre una batalla sin poder cambiar el resultado.

La ambición humana es el conocimiento de su fracaso. El afán de cambio no es el cambio mismo. La aspiración de convertir problemas reales en problemas ideales. Todos vivimos atrapados en la misma ilusión, de la que no podemos salir mientras dura nuestro tiempo, sin importar a dónde vayamos. En ese momento, si es real, todos los consuelos se vuelven insuficientes. Esconderse es haber sido encontrado. 

Encontrar mis palabras

Una vida sin examen no merece la pena ser vivida. 
                                                    Apología de Sócrates



El peligro de la literatura no son sólo las mentiras que se conocen, sino también las que no se conocen. Es decir, no sólo las propias, sino también las ajenas. Dejarse llevar por ellas, seducir y ser seducido tiene como único precio la barbarie, la miseria. El descontrol. La pérdida. 

No todo lo que se dice es verdad, aunque todas las palabras tengan significado. 

El filosofar consiste en reflexionar, dialogar y leer. Este es un estudio realmente noble y útil. 

Enseñar es aprender dos veces. 

Enseñar es recordar. 

Tratamos mal a los demás cuando nos comportamos como necios, ignorantes o insensatos. 

La agresividad es parte esencial del comportamiento humano y es extremadamente difícil de manejar. Pero es mucho más difícil de manejar por dentro que por fuera. 

El resentimiento también es peligroso para otros, no sólo para uno mismo. 

Vivir en sociedad significa vivir entre iguales. Todos tienen ocupación.

Todo lo hacemos por el futuro. Con esperanza. 

Vivir aislado consiste en vivir como si no existiera la sociedad. Es decir, ignorándola voluntariamente. 

El miedo incluye el espejismo de que se detenga el tiempo. 

Todos los ejemplos tienen un mínimo de realidad. De sustancia. 

El mundo no ha sido tan cruel contigo. Por eso te hablo con confianza y sin embarazo alguno. 

La filosofía no puede cambiar un mal comportamiento. No puede acabar con ellos. Pero sí puede reafirmar su condición al ponerlo en evidencia. 

La verdadera educación requiere una entrega completa a la filosofía, en cuerpo y alma, a la que pocos estarían dispuestos, si llegara el momento. 

La riqueza es aquello a lo que ninguna criatura es capaz de dar la espalda y a lo que tienden naturalmente todos los seres. 

La pobreza es un desvío de este proceso. Por lo tanto, no es natural. 

Saber implica saber hacer, saber pensar y saber hablar. 

El ser es la actitud. 

Vengo únicamente a por la conquista de la justicia. 


Pureza


La vida que tuve siempre es la misma. Confieso que he querido ser otro, porque siempre soy el mismo. Un mal filósofo con una vida vulgar tiene una misión. A ver cómo la defiende. 

Primer hogar conocido. La casa de la Garita. Los deseos inmediatos y fugaces del momento. La profunda melancolía atravesándolo todo. La imitación del héroe solitario. La soledad repentina. La repetición de los sueños. No sabemos qué hacer cuando estamos vivos, si no estamos bajo un peligro inminente. Lo simulamos sin descanso, como el que no quiere dejar escapar su única oportunidad de inteligencia, de ser especial. 

La clave es la justificación. Las leyes falsas se acaban rompiendo, pero hasta que sucede, se consideran verdaderas. La imaginación es ácrata y creativa. Todo lo mezcla. Nada la detiene. Reposa en todas las esencias. Pasa de largo, imparable. Invencible. Es el punto de unión de todos los seres. Es infinita. 

El puesto está alejado del centro, pero parece serlo. Lo parece siempre. Aquí está el conflicto. El desconocimiento del destino. Los límites de la libertad. El freno de la naturaleza. La ignorancia de lo que se es en realidad. El disparo, la explosión de todos los juegos y sueños. Los restos de la verdad. 

Rastros de pasado duran demasiado. Se pierde la pista de lo que es justo. Divagar es vagabundear. El corazón está semivacío cuando medita. Busca su otra mitad. Se sorprende de su pobreza. De no saber cómo llenarla, cómo llamarla. Inventa mitos para explicar. Inventa nuevos cuando le angustian los viejos. Como el que se sigue estirando, incapaz de permanecer en la misma posición.

Yo mismo me acuso. Un hombre no era suficiente. Todos los hombres tienen la misma carencia por dentro. Una carencia que no tiene nombre, ni forma, ni estado, pero que lo ocupa todo cuando lo demás no basta. Es simplemente la ausencia de pureza. La ausencia teórica que llena la presencia práctica. 


martes, 2 de agosto de 2016

Orgía de palabras


Mi vida personal es la definición de la relevancia. A veces, pienso que somos los restos de una generación que dejó de creer en todo. Como si todos hubiéramos nacidos desnudos por dentro y no existiera ningún vestido para ello, salvo las ilusiones, las fantasías. Mudables y fugaces como el tiempo. El terreno de lo irracional. Del exceso, que es la raíz de todos los sentimientos verdaderos. La penumbra de las pasiones humanas. 

Yo nací en la ignorancia, pero no en el error. Aún recuerdo con claridad la familiaridad continua de los lugares y personas, de los momentos. Todo conformaba la unidad y apenas algunas alteraciones formarían mi personalidad, mi socialización natural, por llamarlo de alguna manera. Pero estoy hablando demasiado. Demasiadas palabras. 

Disparo una flecha de sueños sinceros y confío en que nuestra ociosidad podrá elevarme a algún pedestal injusto donde entregarme a mi vieja pereza, una especie de dulce muerte cotidiana que no he podido resistir desde que recuerdo. Como si los demás me hubieran estado arrastrando permanentemente hacia delante y yo hubiese estado casi completamente ausente. Me lo han dicho muchas veces y yo mismo lo he notado. Por eso he debido acabar así. No he cambiado en el fondo. 

La envidia es la desigualdad, la imagen, la quimera de la desigualdad. La negación profunda de su irrupción se convierte en cólera, en destrucción. Esto lo creo con vehemencia, pero callo por temor. De todos modos, pocos escuchan mi voz y la que yo mismo escucho apenas me convence. Como si estuviese vestido de un muerto o alguien que no soy en realidad, sino que aún tengo que soportar. Una carga misteriosa la de la humanidad misma. Una transformación fatalmente tardía. 

Me desvío a drede para explayarme. Para desahogarme. Es también una forma de ser. Quizá no tan honrosa como otras, pero hay que reconocer su existencia, pues está sucediendo realmente. Como las palabras son trampas, debemos tener cuidado con ellas. No vaya a ser que demos a entender lo que no queremos decir. Es un juego que no puede cambiar sus reglas, pero que las afronta con esa fresca y joven arrogancia inmortal. El desorden vivificante que se convierte en alivio después de su ofensa inicial, porque no deja de ser parte esencial del espíritu de los hombres. 

Desahogo


No dejo de asomarme al mundo. El dolor es egoísta. Propio, no ajeno. Cruel exhibición, la que no termina. El juicio de los otros vale más que el propio. Mientras dudamos, sufrimos. Mi sufrimiento es la comparación con los demás. Necesitamos retos. Por eso los inventamos, por encima de las necesidades. Llega demasiado lejos un deseo que huyó de su prisión, repentinamente. 

En la boca tenemos la mala excusa. No siempre es fácil retenerla. Ahora sabemos más y nuestra maldad se hace ridícula. Los juegos se acaban y la vida continúa. Esperaba que la belleza fuera más grande. Pero existe. Es una lucha difícil la que se bate contra las sombras. Me gusta fijarme en los detalles que me parecen interesantes, porque creo que no los paso por alto. El Mundo pierde el equilibrio en los malos retratos. Describir es embellecer o afear, según se considere. 

Yo imagino que, cuando llegue la sabiduría, iluminará lo que siempre ha estado a oscuras. Pero es pronto para esto, al parecer. La apariencia no es toda la verdad. Bienvenido sea todo lo que es para los filósofos, buscadores del corazón. Los verdaderos valientes. Maldito todo aquello que se lance al populacho. 

Caer es humano. Cuando descubramos que había otras reglas, nos diremos: las excusas debían ser sinceras. Nuestro tiempo es limitado. Todavía no sabemos quiénes somos en realidad. El test, el entrenamiento, el hábito. Son aquellos lugares donde no podemos escondernos ni fingir. El juicio se adelanta. Nos importan menos los demás, cuando dejan de ser un simple obstáculo. Siempre se acerca lo desconocido. 

lunes, 1 de agosto de 2016

La suerte


Debo empezar pidiéndote perdón. Desde que te conocí, no he podido olvidarte. Ahora, es como si todo lo compusiera bajo tu atenta y serena mirada. Siempre estás cerca de mí. Veo tu humanidad más cerca que la de ningún otro antes. Aunque seas incómodo a veces, me has salvado la vida, con la ayuda de Dios. 

Voy a cometer algunos errores y te pido paciencia. La verdad es que detesto luchar contra mí mismo. No sé cuánto podré resistir esta vez. Tengo algo dentro de mí que quiero sacar desesperadamente. Algo invisible y largo. La continuidad de mis recuerdos. No sé si son la vida misma o algo más. Eso lo descubriré algún día, si ambos teníamos razón. 

Pero hasta entonces, sigue devorándome un deseo incontrolable. El deseo de compartir mis sentimientos. Mis memorias. Porque no siento que tenga nada más o que, tal vez, estas sean lo más valioso entre mis posesiones. Si pudieras escucharme, si realmente estás conmigo, tendrás que comprender esta debilidad apasionada. El fuego no puede elegir su crepitar. Persigue el aire para sobrevivir. Se agita y es su propia fuerza. Su calor que se pierde al darse por completo. 

Lo que más me avergüenza de mi comportamiento y de mi tristeza, de la negación o el desconocimiento de mí mismo, es actuar como un poeta. Hablar como ellos. Empiezo a comprender por qué los desterraste. Bastó uno o unos pocos para que los demás les imitasen y abusasen de su buena fe, de su solidaridad. 

Me avergüenza, digo, porque sé que todos tenemos vocación natural de poetas. Pero tenías razón, a mi parecer, al considerarlo algo peyorativo por esta razón. No quiero ser un poeta. No a la usanza de los de mi tiempo. Demasiado viles para tolerarlos. Tal vez yo soy demasiado vil ante ellos. Pero estoy entregado a la causa de amar a toda la humanidad y debo esforzarme por comprenderles. Por llegar a ser sabio algún día. Espero no haber escogido una causa demasiado alta o noble, si es que existe tal cosa. 

Las palabras son toda mi vida en mis pensamientos, como las imágenes y el movimiento. Mi consuelo y mi esperanza. Lo que entra en la imaginación es real. Lo que sale de ella no. Los poetas están en las antípodas de la realidad. Desde allí, confunden a las gentes simples con su musicalidad. Siempre las seducciones del demonio, tan nuevas y tan viejas. Pero no puedo odiarles del todo, porque terminaría odiándome a mí mismo. Soy consciente de ello. 

Mi vida es buena. Mía. No la de otro. No la de los desconocidos. La mía. Yo pienso que los recuerdos no se mueven. Que están ahí cuando los hemos descubierto, como lo estaban antes. Yo no sé si algún día conoceré ese primer movimiento divino en el que empezó la Creación. A veces estoy extasiado por ello. Otras, hastiado. La realidad es que ser hombre es difícil para el hombre. Los sentimientos son obstáculos difíciles de calibrar. Pero es necesaria una respuesta. No cualquiera. La respuesta adecuada. 

Me esfuerzo porque mis discursos afloren alguna parte de mi alma, tal vez la más bella que yo haya conocido. Repito mi perdón por mi egoísmo y te explicaré por qué. No tengo paciencia. La poca que tenía, la destruí. El mundo es rápido, se consume y se conserva en el momento. El tiempo que me ha tocado vivir es un reto demasiado tentador. Todos nos justificamos, pero no por los demás, sino por nosotros mismos. Por nuestro amor propio. 

Si la vida es un regalo inmerecido, lo es para todos nosotros. Los hombres de todas las épocas. Si es otra cosa, tal vez no sea tan relevante averiguarlo. Pero me alejo de la cuestión de nuevo. Es lo que tiene hablar como un poeta. Ya sé lo que debo imitar. El bien. Pero son simples palabras para los que acaban de empezar. Ya lo descubrirán por sí mismos. 

El riesgo que corro es escribir demasiado. Mecanizar un comportamiento que deje de ser mío. Dejar de esforzarme por conocerme a mí mismo y conocer otras cosas. Alejarme de mi misión. Por todo esto mi perdón es tuyo, si quieres dármelo. Algún día, si Dios quiere, aspiraré a algo mejor que las bellas palabras y acciones, como el que ha dejado atrás los sueños de belleza que llenaron su infancia y juventud, sin que pudiera evitarlo y lo amara con todas las fibras de su ser, no sólo las visibles, sino también las invisibles.