jueves, 5 de febrero de 2026

El mundo que pasa

 

No va a cesar la mentira de fuera, mientras exista la mentira de dentro. El deseo no negocia. No es compasivo. Ni razonable. Exige, arrasa. Impone. Es usado por otros en nuestra contra. Para fabricar la mentira de fuera. Duraría una eternidad. Siempre la misma. Cambiando para seducir. Amantes de la novedad, nunca estamos satisfechos. Nos volvemos verdaderos enemigos de nosotros mismos. Miserables. Maldecimos lo alcanzado, apenas poco después. Una y otra vez. 

El mundo te va a decir que no eres suficiente. Es lo que nos mantiene en movimiento. No importa lo bien que estemos, en realidad. No es vendible. No es popular. Hay que perderse. Hay que consumir. Hay que sentir. Doblegarse ante las experiencias sensibles. Como si la vida no fuera nada más. Y nadie lo sabe. 

Me pregunto si alguna vez podré verlo diferente, o esta certeza se irá posando en mí más profundamente, cada día. No sabemos ser felices. Ni sabemos lo que es la felicidad. La creatividad está en sentirse miserable de nuevas formas. Triunfar es convertirse en una mentira. Porque es bella, inalcanzable. Invencible. Y tiene infinitas formas. Perseguimos lo que no puede ser real. 

No tengo oportunidad de que el llegue el mensaje. No llegará nunca. Hay muchos otros por delante. Más atractivos. Deseables. El ruido y la furia. No tengo soluciones. No puedo salvar al mundo de sí mismo. Si soy parte de él, es como enfermedad mortal. No quedará nada. Sentimos como si fuéramos a sentir siempre. Nos dejamos engañar igual. Divagamos tonterías. Casi todo el tiempo. Se nos llena la cabeza de absurdos. Distracciones que no van a ninguna parte. Así pasa el tiempo. 




martes, 29 de octubre de 2024

Contar al mundo mi dolor

 

Hace unas semanas me han echado del trabajo. No era cualquier trabajo. Era un trabajo en el que había puesto una especial ilusión. Conseguí trabajo de lo que quise hacer durante más tiempo, que creía que tenía algún sentido para mí, más allá de la transacción económica. Iba a ser profesor de filosofía. 

Desde hace mucho tiempo, me pareció que era el único trabajo que tenía sentido para mí, que tenía verdadero valor, no siendo los otros para mí más que insignificancias, por decirlo así (sé que no es así, que es una impresión). 

Me destrozó. Es demasiado reciente. Me ha dejado completamente anulado. Más de lo que imaginaba que podría dejarme. No sé si es que no quise o no pude ver las señales, pero todo lo que ha girado entorno al despido me ha dejado lleno de incertidumbre, de frustración, de pena y, por qué no decirlo, también de ira. 

No he sido capaz de soportar la injusticia. Quizá escribir esto aquí no cambie nada. Pensé que tenía que decírselo a alguien. Ha sido demasiado real. Tampoco sé si lo publicaré todavía. No creo que nadie más lo lea. No habría por qué. 

No estaba preparado para lo que pasó. Fue tan rápido. Se trata de un colegio privado que yo elegí. Que elegí sobre otros, en el que confié. Mi primer trabajo como profesor. Se espera que pueda cometer errores. No pido que nadie me perdone la vida ni sean tan condescendientes conmigo. Hubiera estado bien algo de humanidad. De verdadera empatía. Lo que hubo fue una jauría de lobos que atacó toda a una al final. La vida misma. La realidad que nadie querría afrontar nunca. 

Pensé, como tantas veces uno peca de creer, que otros serían como yo. Que estaba en un lugar amable. Que era mi sitio. Que era cuestión de tiempo que las dificultades cedieran y no fue así. Todo salió mal. 

No me dijeron las cosas con claridad. Vengo de trabajar muchos años fuera. Cuando haces algo mal, lo normal es informarte de manera clara y precisa sobre tus errores para que dejes de cometerlos. Es lo que esperaba. Colaboración. Nada más que eso. 

Pero fueron las vaguedades, la ignorancia y la malicia lo que me fue perdiendo, sin yo darme cuenta de lo que estaba pasando. Me lo dijeron en el mismo día, a mitad del día. Ya no trabajaba allí. Firmé un papel y se acabó. El acoso duró poco menos de cinco minutos. Como si nunca hubiera trabajado allí. Ya se libraron de mí. Ya no van a tener que sufrirme nunca más. 

No tendría fuerzas para volver a pisar ese colegio. La humillación que sentí, la vergüenza, la miseria que sentí, no se la deseo a la persona que me haya hecho más daño de allí ni a nadie, joven o adulto. Sea quien sea. Nunca voy a saber la verdad. Nadie me la va a decir. 

Si fueron las estúpidas redes sociales, que tanto daño han hecho y harán a la sociedad, si fueron los padres, los alumnos, los compañeros o todos a la vez. Nunca lo voy a saber. Me han destrozado la moral y la carrera por un precio muy pequeño. 

No quiero dar más pena de la que corresponda. Ya el solo hecho de escribir aquí muestra debilidad. Pero ha sido demasiado. Ha sido demasiado. 

Creo en mis capacidades, pero se han visto mermadas como no esperaba verlas en lo que llevo preparándome para ser profesor. No puedo culpar a la sociedad, ni a los tiempos que vivimos. 

Culpo a los responsables de deshacerse de mí, de tomar la decisión. Me sentí parte del equipo. Sentí que todos remábamos a una, que podía mejorar con ellos. Incluso ayudar a otros. Y ya tenía la batalla perdida de antemano. 

Me han informado de que esta es la práctica normal en sitios así, aunque este se lleve la palma. No es que me consuele demasiado. El daño está hecho. Quisiera creer, de veras, que una injusticia es para siempre y que la han hecho ellos para cargarla en sus conciencias. Pero ya no estoy tan seguro. 

Como tampoco de si es mejor sufrir una injusticia que cometrla. Nadie quiere perder su trabajo ni que le echen. Quiere poder elegir. Tener opciones. La vida es mucho más dura. 

¿Cuál es nuestro sitio? Fue culpa mía tratar a los demás como esperaba ser tratado yo. No sabía dónde me estaba metiendo. ¿Qué es lo que he hecho? ¿Qué es lo que me han hecho y por qué?

Estpu hablando solo. Estoy va a acompañarme siempre. No sé lo que va a pasar. Cuáles son mis opciones. Si soy demasiado incapaz para dedicarme a esto. Si no era mi sitio ni el momento. O si el problema realmente, como siempre, soy yo. Mi soberbia y mi incapacidad para reconocer los hechos. 

Creí que estaba haciendo un buen trabajo. Suficientemente bueno. Con tiempo. Que mi supervisor me ayudaría de verdad. Mis compañeros. Los que sabían lo que estaba pasando. Que si buscaban a otro me informarían con más tiempo. Que serían justos conmigo. Que no mentirían ni ocultarían la verdad. 

Estaba equivocado. No fue lo que pasó. Siempre lo voy a llevar por dentro. Siempre me habrán hecho esto. Confié en ellos para que destrozaran mi carrera al principio. Nada más empezar. Porque no valía la pena. Porque otro debía ocupar mi puesto ya. Fuera quien fuera. Fui un error que había que subsanar de inmediato. No soy una persona. Soy una mala decisión económica. Una incomodidad de uno o varios con mucho más poder que yo, que jamás dieron la cara. Que nunca voy a conocer realmente. 

miércoles, 31 de enero de 2024

La partida

 

El valor de los buenos

Quizá tuviera siete u ocho años. No había terminado la primaria. En un ejercicio de clase, nos encargaron describir en el papel a un familiar que admirásemos mucho, como el que quisiéramos ser. 

Siendo yo tan pequeño, es raro haberlo tenido tan claro desde el principio. Sólo podía pensar en mi tío Ricardo. Tengo este recuerdo fresco en mi memoria. Lo que me venía a la mente era, como lo es siempre para mí, su imagen de vitalidad, desafiante y orgullosa, como la de una deidad olímpica, que no conoce la muerte. Que sólo da golpes certeros y heroicos, en el momento justo. Es como quiero recordarlo. 

A medida que crecía, pude ir descubriendo en nuestros encuentros que no me había equivocado con él. Su firmeza, su claridad de ideas y su vocación de servicio, de mantener a la familia unida y en contacto, de dar buena imagen (y de mantenerla) me cautivaban. Su inflexible optimismo. Su coraje. Son virtudes que a mí me gustaría imitar porque las vi en gente como él. Las viví a su sombra, esforzándome por copiar cada detalle, cada gesto. Porque valía la pena. Porque es lo correcto. 

Si existe un destino del que todos formamos parte, me sorprendería, me repugnaría que no estuviese marcado a trazos, como a través de símbolos y señales, por gente como él. El valor se prueba. Marca la diferencia. No sólo de vez en cuándo, sino siempre. Porque es lo que hay que hacer. Lo que hacen los valientes. No se puede acabar con la dignidad humana. Todos los intentos fracasan. Y la dignidad humana es la esperanza en el valor. El esfuerzo cotidiano por alcanzarlo. La excelencia está en el esfuerzo por lo que es justo. Porque es justo. 

Algo en nosotros es distinto. Todavía me cuesta creerlo, pero el escepticismo no me lo arrebata del todo. Ni el cansancio de los días. Ni la insistencia del tiempo humano que se acorta. Es el valor. Creo en el valor y la firmeza de los buenos. Prefiero creer que esa es la verdad. La vida humana que vale la pena vivir. La vida correcta. 

Nuestra vida está llena de absurdo, de vacío. De momentos que son incomprensibles y amargos, por más vueltas que se le den. La mortalidad es algo que no comprendemos. Que, siendo como nosotros, no deja de parecernos el mayor misterio. Extraño, a pesar de irreversible. Ahí es donde veo brillar la verdadera grandeza humana. 

Creo que los buenos no nos dejan del todo. Que continúan en los demás y no dejan de aportar con su ejemplo. Con su elección. Que llegan más lejos por su valor. Su vida es su regalo. Nos mantienen unidos y avanzando. Nos inspiran y nos confortan. Están siempre a nuestro lado. En los mejores y en los peores momentos. 

Para siempre. 





martes, 26 de septiembre de 2023

Carta al padre

 Querido padre, 

Me he resuelto a escribirte finalmente, ya que por fin he terminado algunas obligaciones que me tenían bastante preocupado y distraído. La mayor de todas, la del examen de filosofía, que afortunadamente pude aprobar. Es la asignatura que también estuve preparando en tu casa, la del profesor que hablaba cosas raras. 

Las cosas van bien por aquí, a pesar de las preocupaciones de siempre (que no dejan de cambiar). Madurar es difícil y siempre hay nuevos retos que nos obligan a perseverar en esa madurez. Su dificultad está en el cambio. Mi rutina es bastante sencilla, pero a veces se complica bastante. Sigo estando bastante ocupado, sobre todo entre semana. Voy tres veces por semana a la oficina y el trabajo está muy tranquilo últimamente. Como hemos hablado muchas veces, soy consciente del privilegio que supone tener un trabajo en estas condiciones en la actualidad. No me puedo quejar seriamente. 

Mi segundo trabajo es la escuela, mis clases de español. Doy en una academia y alumnos por privado. No me quita demasiado tiempo, pero sí noto la diferencia de tener clases o no, de una semana otra. Acabo de descubrir un club de "filosofía" que, de momento, no me está agradando demasiado. Es, más bien, una especie de terapia de grupo, donde la gente sólo dice lo que se le ocurre, pero sin reflexionarlo demasiado. No es la forma en que me gusta discutir o aprender algo nuevo, a partir de algo ya sabido. 

Procuro hacer un poco de ejercicio de vez en cuándo. Pesas y correr. A veces, intento ir al gimnasio, pero es más complicado de compaginar con las otras obligaciones del día a día. Mantener el orden es siempre difícil. Sea superior o inferior, es fácil sentirse débil cuando no salen las cosas como esperábamos (bastante a menudo). Es algo que me toca conocer bien. 

Hablo con mamá, con mi hermano y con mis amigos muy a menudo. Procuro mantener mis relaciones sociales activas. No es bueno aislarse. Como te he dicho muchas veces, tú tienes que hacer lo mismo porque la vida obliga a que sea cada vez más difícil mantener privilegios. Se ganan algunos y se pierden muchos, y lo que antes teníamos como accesorio o irrelevante, se va volviendo una prioridad, sin que nos demos cuenta. Parece una especie de crueldad de la naturaleza, pero al mismo tiempo es liberador. Debemos resignarnos a lo que no podemos cambiar de nosotros mismos. 

Decía San Agustín, tu patrón, que el injusto lleva el castigo en su propio desorden, y es algo que recuerdo casi a diario. Me angustia no saber lo que sucederá y me doy cuenta de que el orden es el mejor antídoto que tenemos contra el desorden de lo desconocido. No pretendiendo ser ejemplar en este aspecto, si me propongo al menos ser práctico y honesto. Es bueno tener la habitación recogida y limpia. Se empieza por ahí. Es más fácil concentrarse cuando se ha hecho todo lo posible por reducir las distracciones, una vez bien elegida la ocupación que debemos atender (pues la mayoría no valen la pena, e incluso son perjudiciales). 

La conclusión de todo esto es que las cosas van como siempre, pero intento hacerme más consciente de lo que puedo cambiar para mejorarlo, tanto de mí mismo como de otros. Tengo pensado llamarte muy pronto, pero como anticipo, mandaré esto a mi madre para que te lo imprima y te lo de en mano. Sé que te gustan mis cartas y espero poder escribirte algo más a menudo. Si todo va bien, no veo por qué no escribirte una vez al mes, si mis obligaciones me lo permiten. 

Espero que estés llevando muy bien el retiro por ahí y que no te aísles. Hazle caso a mi madre y no le des problemas. Se preocupa por ti y quiere que estés lo mejor posible, pero tú tienes que ayudarla. Ya tiene bastantes preocupaciones que la alejan de lo importante. Tu solidaridad con ella cuenta mucho. Sin ir más lejos, acaba de decirme que no podrá venir en navidades y siento no poder ir yo hasta enero, pero así están las cosas. 

Descansa y aprovecha el tiempo. Hacer cualquier cosa no suele ser una buena opción, si no se ha meditado lo suficiente. Aprovecha lo que tienes y deja algo mejor de lo que encuentres. Es nuestra obligación hacernos mejores cada día. 

Un abrazo y hablamos pronto, 

Vïctor. 

miércoles, 8 de febrero de 2023

La cara de la oscuridad

Te odio por lo que siento que me obligas a ser. 
Soy un dragon dormido. No me dejas despertarme. Quieres que muera con todo mi poder por dentro. Que no te destruya en el camino. No puedes hacer que un dragon deje de ser un dragon. Ni tu ni nadie. 
No estoy bien contigo, para nada. 

Sacas lo peor de mi y no te das ni cuenta. 
No quieres hacerte responsable del efecto que tienes sobre mi. No es conveniente para ti. 
No somos iguales, ni nos parecemos. 
Nuestras vidas no tienen nada que ver. 
Nuestra forma de ser, nuestros habitos, amistades, traumas. Son como el dia y la noche. 

Yo no decidi que fuera asi. Solo lo descubri. 
Y se que voy a llevarme la peor parte. Que lo peor no ha pasado todavia. 

Espero la proxima vez que me ofendas. Que no ha sido la peor. 

Estoy lleno de rabia, de resentimiento hacia ti. Pero no puedo confesartelo, porque no lo entenderias. Porque crees que es algo que hiciste o que no hiciste, no algo que eres. Que puedes o no puedes hacer. 

No esperamos lo mismo del otro. No me entiendes, ni me quieres entender. Me desprecias como soy y me quieres como no quiero ser. Como no puedo ser. Porque si no quiero, desde luego, no podre. Eso es una realidad. 

No creo que quiera pasar el resto de mi vida contigo. No se que hago aqui. Estoy atrapado en esta situacion. Profundamente comprometido. 

Siento que estoy aguantando, pero no se cuando podre aguantar. Era otra persona y me has cambiado. Me has hecho mas cobarde y mas resentido. Porque me has ido llevando a la desesperacion. 

A lo mejor estoy exagerando. No puedo hablarte asi. No quiero ser injusto. Todo no ha sido tan malo. Pero no me gusta tu forma de razonar, tus evasivas, tu victimismo, tus excusas y caprichos. Tu falta de empatia y de raciocinio. Tu exceso de sentimentalismo. Me puede completamente. Quisiera poder decir que resistire. Pero no es verdad. Me estoy cansando. 

Estoy llegando a mi limite. Cada golpe que me das me pone mas cerca. No digo que lo hagas a drede. Que sea parte de un plan o quieras destruirme. Pero no se tomarlo de otra manera. Lo he hecho lo mejor que he podido y este es el resultado. Mi resentimiento. Mi desesperacion. El ridiculo de mi violencia. A lo mejor no estaba preparado para esto. O tu no lo estas para mi. O no debemos seguir juntos. 

No se si esto esta bien. Creo que nunca lo voy a saber. Tu egoismo enciende todas mis iras como nunca lo habia visto en mi. Tu desconexion con la realidad. Tu depravacion, manias, caprichos. Agotan toda mi paciencia, en un momento. 

No voy a ceder un centimetro. Esto no ha sido un dia. Ha sido dia a dia, hasta ahora. Y no puedo verte como no eres. Se que acabaras sola. Que agotas a todo el mundo, emocionalmente. Si estan el tiempo suficiente contigo. Que te he aguantado mucho. Porque yo soy asi. A lo mejor me he equivocado. O espere demasiado de ti. No lo se. Pero no quiero vivir asi. Valgo mas que esto. 

Tengo miedo a las consecuencias. A romper contigo. A equivocarme o a perderte. A hacerte un daño irreversible. Quiza no soy tan bueno. Quiza no puedo serlo. Y solo puedo ser yo. 

De ti solo espero lo que eres. Y ya esta. No seremos mas perfectos. Estamos solos, con todas nuestras imperfecciones. 


viernes, 17 de junio de 2022

Por una vida plena

 

Te prometo este esfuerzo: hablar con franqueza. Con el corazón. Ya has escuchado 
suficientes desvaríos, por dentro, por fuera. Ya basta. 

 

*      *      *

 

Aquel que se enfrenta al mundo perderá, porque es esclavo de su desconocimiento. Hay un vacío que no se puede llenar por dentro. El entendimiento, como el sentimiento del que procede, sólo persigue quimeras. Hijas bastardas de la imaginación. 

 

*      *      *

 

A aquellos hombres sin honor que ruedan por el mundo, aquel que aún revolotea, insumiso, en tu interior, tú ya nunca más lo verás igual. No desde la misma distancia. Eres mucho más fuerte que él y tienes una vida entera, el resto de tu vida, para luchar la buena lucha. 

 

*      *      *

 

Verás por ti mismo, de una vez, que damos y recibimos el misterio de la Imagen, indicación, principio, reinterpretación del Misterio. Símbolo. 

 

*      *      *

 

La vida ordenada, en armonía, no podrá ser nunca más ni menos que la envidia de una vida desordenada. Culpable.

 

*      *      *

 

Tu trabajo es ser superior. Deja que la gente hable, que se malogre. Nada puedes hacer por casi nadie, pues cada uno cree elegir su perdición, no llegando a reconocer que había sido entregada a ella hace ya mucho tiempo. Es demasiado para reconocerlo con la poca sencillez que requiere. 

 

*      *      *

 

Nunca creerás más, a partir de ahora, esos juegos de palabras, miserias de los fatuos ávidos de vacío y excesivo reconocimiento. Se hinchan como la herida infecta de pus, que pronto habrá que cortar, si uno quiere salvar el cuerpo al que pertenece. 

 

*      *      *

 

Llegará el día en que hablar libremente, solo hablar, sea demasiado ofensivo para los oídos estúpidos, embotados de mentiras, adulaciones y audacias de la más diversa índole, cada cual más pintoresca. 

 

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Usa todas tus fuerzas para el Bien. Toda tu alma. No vas a tener una segunda oportunidad. Te encuentras en el vértice, la cabeza de ángulo. Entre dos infinitos que se tocan en ti. ¿Qué harás finalmente con la raíz de tu divinidad?

 

*      *      *

 

Prepárate para lo mejor, sin dejar de protegerte contra lo peor. Una cosa no es menos importante que la otra. Ya tienes menos tiempo. Menos del que creías. Hemos perdido mucho, pero no es tarde. Que el mundo siga siendo mundo. Mata a la bestia dentro de ti.

 

 
*      *      *

 

Usa la palabra. Ya has empezado a hablar. Ahora no te pares. Después de todo, te acusas por dentro. Te hablas con dureza. Dirige, pues, tus esfuerzos dialécticos a una búsqueda superior, más fiable. Más digna de ti. Si no eres capaz, hazte capaz. 

 

*      *      *

 

Manos a la obra. No pierdas más tiempo. Levanta tu ánimo y sé valiente. Pues el camino al que estás destinado es el mejor y no es para cualquiera. Ahora, no veas nunca más tu camino como lo que fue. Sé, ahora, el camino a la vida plena. Deja atrás los pesos de tu corazón y elévate.

 

*      *      *

 

¡Sursum corda!




                        









jueves, 9 de junio de 2022

Ilusión por un futuro

Intentaré no robarte tu tiempo. Quiero contarte algo. Quizá te haya pasado y lo conozcas personalmente. ¿Sabes esa sensación de haber creído que nunca volverías a ilusionarte por nada, esa desesperanza que creías que ocuparía el resto de tu vida... 

                                                ...pero después descubrir que en realidad no era así?



 

Me llamo Víctor y tengo 32 años. Yo acabo de tener esa sensación. Inequívocamente, ha sido esa. Es un mundo extraño el que somos. Todo hombre es el mundo entero en su cabeza.

 

Se suponía que podría dormir pronto, finalmente, pero no ha sido así. He tenido que ponerme a escribir para ti. No podía dormir. Me acordé de cuando era muy pequeño todavía, y era el último día de verano. 

 

Estaba tan emocionado que no podía dormir, por empezar el curso, ver a mis amigos. Seguro que sabes a qué me refiero. Para mí, eso era la felicidad, la expectación segura de lo mejor. 


Pues hoy he tenido esa sensación. He pensado, para mí mismo, que el camino que debemos seguir todos, cada uno de nosotros, es el que se encuentra entre la serenidad y el entusiasmo, la pasión.

 



Ese camino es la certidumbre de uno mismo. Lo he pasado bastante mal, últimamente. No sé por qué, pero ha sido así. Lo confieso. Todas las apariencias del mundo parece que estaban contra mí. Aún no estoy tan seguro de que no lo estén. 


Siento que mi trabajo es luchar por demostrar que no es así. Que hay valor en mí que vale la pena demostrar, sacar, compartir. Que no debemos permanecer humillados hasta el final. 


Dice el Evangelio: Si te humillan, levántate, sacúdete el polvo y sigue tu camino. Porque todo no está perdido. ¿Quién está contigo, de tu parte? ¿Quién eres tú, realmente y de parte de quién estás aquí?


Es un mundo salvaje, brutal. Lleno de desesperación. Es demasiado ingenuo creer que esto durará mucho. Sin embargo, no puedo evitar pensar algo que me serena. Que esto era parte de mi destino. 


Llegar hasta aquí, exactamente así, con una especie de fe intacta, que se atempera, pero no se pierde. Quería compartir esto contigo. Quizá comprendieras cómo me siento ahora. La emoción es lo de menos, el motivo de mi alegría. Si lo digo, quizá suene fatuo, estúpido, infantil. Pero yo no lo siento así. ¿Dirías que un niño es estúpido con su juguete?

 

Gracias por compartir este momento conmigo. Seas quien seas, sé que eres mi hermano. Que haber llegado hasta aquí nos llena de orgullo, de gozo. Que hay mucho malo que dejar atrás y vencer, todavía. Si algún día puedo ayudarte a luchar, intentaré estar ahí para ti. La lucha siempre es difícil.