Querido padre,
Me he resuelto a escribirte finalmente, ya que por fin he terminado algunas obligaciones que me tenían bastante preocupado y distraído. La mayor de todas, la del examen de filosofía, que afortunadamente pude aprobar. Es la asignatura que también estuve preparando en tu casa, la del profesor que hablaba cosas raras.
Las cosas van bien por aquí, a pesar de las preocupaciones de siempre (que no dejan de cambiar). Madurar es difícil y siempre hay nuevos retos que nos obligan a perseverar en esa madurez. Su dificultad está en el cambio. Mi rutina es bastante sencilla, pero a veces se complica bastante. Sigo estando bastante ocupado, sobre todo entre semana. Voy tres veces por semana a la oficina y el trabajo está muy tranquilo últimamente. Como hemos hablado muchas veces, soy consciente del privilegio que supone tener un trabajo en estas condiciones en la actualidad. No me puedo quejar seriamente.
Mi segundo trabajo es la escuela, mis clases de español. Doy en una academia y alumnos por privado. No me quita demasiado tiempo, pero sí noto la diferencia de tener clases o no, de una semana otra. Acabo de descubrir un club de "filosofía" que, de momento, no me está agradando demasiado. Es, más bien, una especie de terapia de grupo, donde la gente sólo dice lo que se le ocurre, pero sin reflexionarlo demasiado. No es la forma en que me gusta discutir o aprender algo nuevo, a partir de algo ya sabido.
Procuro hacer un poco de ejercicio de vez en cuándo. Pesas y correr. A veces, intento ir al gimnasio, pero es más complicado de compaginar con las otras obligaciones del día a día. Mantener el orden es siempre difícil. Sea superior o inferior, es fácil sentirse débil cuando no salen las cosas como esperábamos (bastante a menudo). Es algo que me toca conocer bien.
Hablo con mamá, con mi hermano y con mis amigos muy a menudo. Procuro mantener mis relaciones sociales activas. No es bueno aislarse. Como te he dicho muchas veces, tú tienes que hacer lo mismo porque la vida obliga a que sea cada vez más difícil mantener privilegios. Se ganan algunos y se pierden muchos, y lo que antes teníamos como accesorio o irrelevante, se va volviendo una prioridad, sin que nos demos cuenta. Parece una especie de crueldad de la naturaleza, pero al mismo tiempo es liberador. Debemos resignarnos a lo que no podemos cambiar de nosotros mismos.
Decía San Agustín, tu patrón, que el injusto lleva el castigo en su propio desorden, y es algo que recuerdo casi a diario. Me angustia no saber lo que sucederá y me doy cuenta de que el orden es el mejor antídoto que tenemos contra el desorden de lo desconocido. No pretendiendo ser ejemplar en este aspecto, si me propongo al menos ser práctico y honesto. Es bueno tener la habitación recogida y limpia. Se empieza por ahí. Es más fácil concentrarse cuando se ha hecho todo lo posible por reducir las distracciones, una vez bien elegida la ocupación que debemos atender (pues la mayoría no valen la pena, e incluso son perjudiciales).
La conclusión de todo esto es que las cosas van como siempre, pero intento hacerme más consciente de lo que puedo cambiar para mejorarlo, tanto de mí mismo como de otros. Tengo pensado llamarte muy pronto, pero como anticipo, mandaré esto a mi madre para que te lo imprima y te lo de en mano. Sé que te gustan mis cartas y espero poder escribirte algo más a menudo. Si todo va bien, no veo por qué no escribirte una vez al mes, si mis obligaciones me lo permiten.
Espero que estés llevando muy bien el retiro por ahí y que no te aísles. Hazle caso a mi madre y no le des problemas. Se preocupa por ti y quiere que estés lo mejor posible, pero tú tienes que ayudarla. Ya tiene bastantes preocupaciones que la alejan de lo importante. Tu solidaridad con ella cuenta mucho. Sin ir más lejos, acaba de decirme que no podrá venir en navidades y siento no poder ir yo hasta enero, pero así están las cosas.
Descansa y aprovecha el tiempo. Hacer cualquier cosa no suele ser una buena opción, si no se ha meditado lo suficiente. Aprovecha lo que tienes y deja algo mejor de lo que encuentres. Es nuestra obligación hacernos mejores cada día.
Un abrazo y hablamos pronto,
Vïctor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario