jueves, 9 de junio de 2022

Ilusión por un futuro

Intentaré no robarte tu tiempo. Quiero contarte algo. Quizá te haya pasado y lo conozcas personalmente. ¿Sabes esa sensación de haber creído que nunca volverías a ilusionarte por nada, esa desesperanza que creías que ocuparía el resto de tu vida... 

                                                ...pero después descubrir que en realidad no era así?



 

Me llamo Víctor y tengo 32 años. Yo acabo de tener esa sensación. Inequívocamente, ha sido esa. Es un mundo extraño el que somos. Todo hombre es el mundo entero en su cabeza.

 

Se suponía que podría dormir pronto, finalmente, pero no ha sido así. He tenido que ponerme a escribir para ti. No podía dormir. Me acordé de cuando era muy pequeño todavía, y era el último día de verano. 

 

Estaba tan emocionado que no podía dormir, por empezar el curso, ver a mis amigos. Seguro que sabes a qué me refiero. Para mí, eso era la felicidad, la expectación segura de lo mejor. 


Pues hoy he tenido esa sensación. He pensado, para mí mismo, que el camino que debemos seguir todos, cada uno de nosotros, es el que se encuentra entre la serenidad y el entusiasmo, la pasión.

 



Ese camino es la certidumbre de uno mismo. Lo he pasado bastante mal, últimamente. No sé por qué, pero ha sido así. Lo confieso. Todas las apariencias del mundo parece que estaban contra mí. Aún no estoy tan seguro de que no lo estén. 


Siento que mi trabajo es luchar por demostrar que no es así. Que hay valor en mí que vale la pena demostrar, sacar, compartir. Que no debemos permanecer humillados hasta el final. 


Dice el Evangelio: Si te humillan, levántate, sacúdete el polvo y sigue tu camino. Porque todo no está perdido. ¿Quién está contigo, de tu parte? ¿Quién eres tú, realmente y de parte de quién estás aquí?


Es un mundo salvaje, brutal. Lleno de desesperación. Es demasiado ingenuo creer que esto durará mucho. Sin embargo, no puedo evitar pensar algo que me serena. Que esto era parte de mi destino. 


Llegar hasta aquí, exactamente así, con una especie de fe intacta, que se atempera, pero no se pierde. Quería compartir esto contigo. Quizá comprendieras cómo me siento ahora. La emoción es lo de menos, el motivo de mi alegría. Si lo digo, quizá suene fatuo, estúpido, infantil. Pero yo no lo siento así. ¿Dirías que un niño es estúpido con su juguete?

 

Gracias por compartir este momento conmigo. Seas quien seas, sé que eres mi hermano. Que haber llegado hasta aquí nos llena de orgullo, de gozo. Que hay mucho malo que dejar atrás y vencer, todavía. Si algún día puedo ayudarte a luchar, intentaré estar ahí para ti. La lucha siempre es difícil. 






No hay comentarios:

Publicar un comentario