viernes, 14 de septiembre de 2018
La espada y la pluma
Nunca ha habido tantas lecciones sobre el mundo. Por tanto, no ha habido nunca tantas lecciones inútiles.
No tengo un blog de deporte, ni de moda, ni de viajes, ni de ninguna tendencia o marca, o filial. Ni siquiera es esto un blog de filosofía. No deseo repetir los errores de mis ancestros.
Estamos todos atrapados aquí. Incluso el futuro. Lo que deseo es expresar la verdad de mi interior. Deseo que baste de una vez con eso. Sentir que baste. Pero tengo que volver a hacerlo. Volver a buscar y dudar.
Tantear, negociar la solución, la respuesta. Conformarme, fingirme satisfecho.
Tirar lo recogido; volver a recoger. Así funciona ser.
Sólo estar aquí. Relleno del mundo o no, confundido.
Herido y lleno de dudas, o de una sola, pero sin fe en ninguna respuesta pequeña y parcial. Son demasiadas.
Sin más ganas de alargar el suspense innecesario. El teatro que no se planificó, que fue espontáneo por dentro. Más natural y primario que cualquier concepto.
La opinión del resto es el fondo del pozo. Por más profundo que sea, se puede tocar. Se llega.
Acabamos en los demás. Llegamos a ellos a través de las opiniones. Sus mudas.
Pero todas van pasando, en realidad, sin grandilocuencias, sin exceso de drama.
Serpiente sigilosa que se despeña hacia el olvido. Una cabeza detrás de otra. Cientos, miles, millones.
Todo no es más de lo que es.
Pasa, hasta ser nada.
Pero pasa.
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