lunes, 18 de julio de 2016

Escribir con el corazón


No soy famoso o rico porque hay otros más ricos y famosos. Esta es la idea clave. La suerte es un misterio. Es menos romántico creer que otros han vivido una vida más fácil, se han sacrificado menos, han sufrido menos, menos frustración, incertidumbre, ofensa. Todo eso. La competencia está en la raíz del espíritu humano. 

Creo que tendría que estar loco para no sentir envidia por los que disfrutan de una mejor reputación o riqueza que la mía. Esto es lo que creo. Que todos daríamos nuestra vida por ello, si creemos que es lo más valioso. Y que en ello ponemos todo nuestro empeño. Hacemos trucos, contorsiones. Conocemos al público. Intentamos simpatizar, sintonizar con él. Y nuestra vida se vuelve artificial, cuando  ya no podemos ser mejores sofistas, porque hemos alcanzado el máximo desarrollo y no hay vuelta atrás. 

Nos han juzgado para siempre. Otros hubieran vivido esta época como nosotros, si les hubieran tocado los mismos retos, las mismas condiciones materiales. El mismo punto de partida. Debemos creerlo firmemente. No tenemos elección. 

Escribí: júzgame por lo que pueda cambiar, no por lo contrario. No por ser hombre, sino por mi manera de ser hombre, mi hábito. Pregúntate: qué cosas crees que hizo bien y cuáles hizo mal? Este es un examen moral, exclusivamente humano, especial, importante. 

Detrás del río de letras, del balbuceo y los parloteos, recuerda que al principio no sabíamos mentir y no lo necesitábamos. No nos habíamos adaptado todavía. No nos había absorbido la prole. Nos olvidamos de la individualidad cuando nos arrastra la masa. Esto sucede en un segundo. Sucede todos los días de nuestra vida. Siempre acarrea sufrimiento, deseo. Nadie sabe si aquí termina todo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario