jueves, 26 de mayo de 2016

Salmo nuevo


El sufrimiento es mejor que el miedo a sufrir.

Ojalá la vida fuese distinta, pero no lo es.

Todos los días lo deseo y todos los días sufro.

Qué soy yo sin Dios?

He visto que las palabras no reflejan mi verdadero ser

porque lo he intentado.

He intentado purificarme solo, valerme de mí mismo

y no sé cuánto dependo de Dios.

No sé cuánto desconfío de Él.

No confío en este mundo y Él es mi última esperanza.

Yo no puedo expresarlo de otra manera.

Mis emociones se desbordan por Él.

Yo me olvido y lo lamento.

Tengo miedo de entregarle mi vida.

Hay unos demonios que me lo impiden.

Que ejercen presión y suspense sobre mí.

Que esconden su rostro en las sombras porque odian sin límite,

y pervierten, mienten, murmuran. Todo lo que hacen es violento, no natural. Todo lo que hacen es daño.

Yo lo hago después, porque fui poseído y vencido, si hay esperanza en mi espíritu, puesta por Dios.

Quién, sino Dios me salvará y me librará de ellos, que son el mismo mal?

Me atormentan sin tregua.

Son la tristeza, la ira, la soberbia.

Los malos sentimientos.

No estoy preparado para sufrir como imagino.

Qué he hecho yo para sentirme tan culpable, tan temeroso?

No soy hombre?

No me someto a la moral?

No tengo miedo al mundo?

Sé que mis palabras pueden poco contra Ti.

Con quién hablo sino contigo?

Por quién hablo, sino por Ti?

No quiero sentirme más solo, Señor.

Ni tener más miedo a la muerte.

Ni retorcer mi alma de ansiedad.

De pura desesperación, Dios mío.

Qué soy yo sin Ti?

Quién soy yo para servirte?

A este mundo entré a adorarte y no lo sabía.

Yo no he renunciado a este mundo aún, porque el miedo agarrota mis miembros.

Me agota por dentro.

Llena de sed mi alma. Y de tristeza.

Qué soy yo sin Ti?

Dios mío, he sido grosero.

He sido sucio.

Un pervertido.

Porque he buscado el placer, Señor.

Mi placer, no el tuyo.

Lo busco porque soy débil y me conmueve, Dios mío.

Y me hace temblar por dentro.

Y me siento una criatura pequeña que se ha quedado sin sueños que le entretengan.

Porque sabe que le entretenienen. Que fue así.

Vas a salvarme aunque no lo merezca?

Vas a mostrarme, Padre mío, cuál es el secreto, la matriz del mundo?

Sólo Tú la conoces y el hombre no es nada sin Ti. La naturaleza es obra de tu poder.

Estoy cansado de buscarte, Señor.

He perdido toda esperanza, menos la tuya.

Estoy atrapado en este cuerpo mortal, lleno de pasiones, de concupiscencia, de sentimientos lejos de Ti.

Quién es el hombre para adorarte?

Yo creía en el mundo.

Pensé que lo entendía.

Yo contendí con mis hermanos

Y guardé ira en mi corazón hacia ellos.

Voy a salvarme?

Salvarás mi alma?

Cobarde me he vuelto, porque flaqueé.

Mi moral languideció.

Me quedé solo y me sentí más lejos de Ti que nunca, Dios mío.

No me apartes, te lo suplico. No quiero estar lejos de Ti.

No quiero ensuciarme más.

La marca de mis padres me atormenta. Como una herida candente, recalcitrante.

Porque ellos también se alejaron de Ti muchas veces. No les he amado lo suficiente.

Les odio en mi corazón, porque no he podido perdonarles. Tú lo sabes todo.

Quién puede perdonar, sino Tú, Dios mío?

Qué vale el perdón del hombre frente al perdón de Dios?

He sido tan desordenado. Tan ignorante. Y tan violento.

Ese he sido yo.

Pensé que había conocido la sabiduría.

Y quién la conoce, sino Tú?

Porque yo aún busco vanagloriarme a través de Ti.

Así te lo confieso.

He admirado a otros hombres llenos de vanidad y ambición que no conocí,

de los que me llegó sólo un rastro. Una sombra de triunfo que está lejos del tuyo.

Quién sino Tú, Dios mío todopoderoso, conoció sus almas?

Quién sino Tú, conoce la mía mejor que yo mismo?

Sólo a Ti, por tanto, puedo pedir perdón.

Yo sin Ti no soy nadie

y estoy cansado de andar sin Ti, de no sentirte en mi corazón.

Me pesan estas carnes de ira y de deseo.

Estoy hinchado y enfermo.

Sólo Tú puedes curarme.

El hombre se ataca a sí mismo por dentro,

porque no sabe, Señor, lo cerca que está de Ti,

creyéndose lejos. Creyéndose a salvo de Ti.

Y sólo Tú sabes todas las cosas.

Sólo Tú puedes curar nuestras almas,

porque yo no sé qué más hacer sin Ti,

si planeo mis propios deseos, Señor.

No es esto planear contra Ti?

No sabes Tú el destino de todos?

Sólo a Ti puedo rogar por mi alma, porque si no tienes compasión de mí, Dios de dioses

qué puedo esperar?

Qué es lo que quieres de tu siervo?

Miedo tengo a mis hermanos, a sus juicios, a los míos.

No me apruebo a mí mismo.

He perdido mi camino.

Creía que sabía a dónde iba y no era así.

Me engañaba.

Preferí la mentira, Señor.

La preferí muchas veces.

Confieso que no sé si fuiste Tú el que me la pusiste delante

o yo mismo el que la busqué, optando por esto último.

Yo no he sido grande en este mundo. Esto lo sé.

Porque aún hoy estoy lleno de ambición y no he cultivado mis éxitos.

Que son un soplo de viento.

Qué son al lado de los tuyos?

Qué es la obra del hombre frente a la de Dios?

Yo me lamenté, Señor, con todo mi corazón, me lamenté por mí mismo.

Porque te buscaba y no lo sabía.

Te necesitaba y lo ignoraba por completo.

Ignoraba cuánta falta me hacías.

Yo no sé esto de momento, porque estoy vivo y soy mortal.

No he llegado a Ti, Dios mío, hacedor de todas las cosas.

Dador del aliento de vida.

No he tenido piedad de mis hermanos, considerándolos enemigos, competidores,

tramposos. Como a mí mismo, Señor.

Veo nuestras trampas y me lleno de desesperación, porque imagino que Tú te alejas

y te decepcionas de nosotros, pues no te regocijas en nuestro mal,

en nuestro intento de maldad, causado por la confusión de las tinieblas.

Cuándo vendrás a salvarme, Dios mío?

No ves cuánto tiembla mi alma y padece por Ti, si no estás conmigo?

A esto debo decir, si no estás con mis deseos. Con mi maldad. Por eso te alejas? Por eso no vienes?

A qué tengo que esperar? Cómo he de servirte?

Yo sé la respuesta pero no quiero reconocerlo.

Me da miedo decirlo.

Me da miedo consagrarme a Ti, sacrificarme.

Porque me aferro a este mundo por miedo a él.

No a Ti, Señor, que eres el que lo ha hecho.

Pero yo no tengo ojos para ver en mi corazón,

y no sé cómo te siento a Ti, que eres el secreto supremo.

Tú escribiste el destino y nosotros no sabemos cómo lo cumplimos.

Este momento estaba en tu decreto y yo ignoro de qué formo parte.

Tú eres la inteligencia y nosotros una pequeña copia de Ti en este mundo.

Eso somos, Señor. Nada somos sin Ti.

Qué puedo esperar de esta vida, de este siglo?

Es por eso, Señor, por lo que estoy tan desanimado?

Es por eso, Señor, por lo que no ceso de importunarte?

Por mis ambiciones vanas?

Deseo de poder, riqueza, placer. Es eso?

Nada más que eso puedo desear?

A quién sirvo entonces?

A uno inferior a Ti?

Yo busco provocarte, Señor, porque he empezado a hablar

y no me has detenido. Nada conseguiría callando. No quiero callar, si hablo.

Todos hablamos de Ti, hasta los que te aborrecen. Hasta los corazones más alejados de Ti, Señor.

Yo no sé bien lo que digo.

Y he hablado demasiado.

Aún no he callado para empezar a escucharte.

Me he extraviado en este mundo muchas veces,

pero Tú no me has soltado, ni me has dejado caer.

Tu brazo es fuerte y me reconforta.

Tú eres manantial de vida para la sed de mi alma.

No hay ningún otro, sino Tú.

No he hecho ninguna penitencia por tu nombre

porque he sido egoísta y estoy atrapado en este siglo,

en sus deseos y ambiciones, que se han hecho míos, mi carga, mi prisión, mi distancia de Ti, Dios mío.

Qué aprovecha el hombre excusándose delante de Ti?

Llegar a su arrepentimiento, Señor.

Abandonar de una vez su soberbia para siempre.

Pero, quién puede obrar ese milagro, sino Tú mismo?

Porque el hombre no se sana a sí.

Eres Tú el que sanas al hombre por Tu misericordia,

no por su mérito.

Por tu poder, no por nuestra ira.

Escucha mi súplica, Señor.

Hazme fuerte. El mundo está ya muy oscuro sin Ti,

ilumínanos por dentro para que podamos volver a Ti.

Yo padezco en mi alma si siento que no estás conmigo.

A nadie más quiero ya, sino a Ti.

No deseo poseer más la perfección, si sólo es vanidad,

humanidad.

Señor, Tú sabes cuán sincero intento ser.

Me escucharás esta vez?

Oirás mi súplica?

En quién puedo confiar, sino en Ti?

Quién me ha salvado siempre, sino Tú?

Antes de nacer, ya estabas conmigo.

Porque yo era nada y me diste el ser, Señor.

Me lo diste porque tu amor no tiene límites.

Toda mi esperanza está en Ti, siempre ha estado en Ti.

Siempre he estado en Ti, Dios mío. Todos los días de mi vida.

En mi camino hacia Ti, hecho por Ti y para Ti.

Nada puedo esperar, si no es en Ti.

Si caigo, me levantarás.

Si mi alma se ensucia de pecado, la limpiarás?

Si no merezco el Cielo y me arrepiento con todo mi corazón,

me concederás, oh, Padre! ver tu rostro?

No bastaría una sola vez para la eternidad, si eres Dios?

No es tu amor invencible?

Padre y Dios mío.

Todas las obras merecen alabanza por tu nombre.

Ya no quiero odiar más.

El odio es historia.

Líbrame de esa terrible carga, la peor de todas. La destructora de almas.

Si no puedo ser un hombre grande en este mundo, si me lo has negado,

si no está escrito en tu libro, que no es el mío, hazme pequeño.

Hágase tu voluntad y no la mía.

Déjame conocer la humildad, si he sido altivo.

Déjame ser tu servidor, si la violencia del mundo no me ha destruido del todo.

Si por dentro sigo en pie, sólo es gracias a Ti.

A quién puedo dar gracias?

A quién puedo decir cuánto amo tu nombre, tu imagen, tu misterio?

En quién puedo regocijarme, si no es en Ti, Señor?

Aleluya por Ti para siempre. Aleluya en las alturas, en la tierra y por debajo de la tierra

porque Tú estás en todas partes.

Salva mi vida del mal, Dios mío, yo te lo suplico, aunque no merezca suplicarte.

Hazme bueno, si soy malo, porque Tú eres capaz de todas las cosas.

Sana mi alma de la locura del deseo.

Si me he extraviado, devuélveme al buen camino. Tu camino, Señor. El camino de la justicia verdadera.

Quiero sanar a través de Ti, que eres la suprema salud, el manantial de vida eterna.

Perdóname todas mis faltas, si a mi corazón le falta arrepentimiento.

Quién me lo puede dar, sino Tú, Señor, si tanta falta me hace?

Gracias por escucharme, Dios mío. Por darme la vida y por permitirme alabarte desde mi pequeñez.

Mi debilidad y mi brevedad.

Qué es el hombre sin Ti?

Perdóname, Señor. Gracias por ser mi Dios y no abandonarme en el peor momento de todos.

Brillas en mi corazón como una luz salvadora que guía. La única luz verdadera.

Gracias por darme amor para reconocerte.

Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario