lunes, 14 de noviembre de 2016

Trozo de humanidad



El futuro es una naturaleza diferente de la que esperaba.

Soy presa de mis propios sentimientos.

No es mi deseo sumarme a la carga, la fatiga de los demás. Todos, cada uno de mis

desconocidos.

Me ha sido muy difícil controlarme hasta ahora. Creo que no lo he conseguido.

Mi mayor temor en el presente es que se escape verdadera maldad de mi voluntad,

habiendo podido evitarlo. No concibo mayor angustia. Más maldad que aumente el dolor de los

que sufren. La enfermedad de los enfermos. Es, lo digo sin rodeos, el techo de mi

preocupación. Aquello que tengo por el final de mi conciencia.


He juzgado a los desconocidos. También a mí mismo. Pero no siempre he fallado. Dudar no

puede ser equivocarse. El devenir implica eficacia. Aunque sea mínima.


Creo que no conozco esa grandeza, según la cuál, podemos presumir de no cometer errores.

Se me parece a un fantasma incómodo e infantil, violento y brutal que se arrastra y nos acompaña mientras

vivimos, amenazándonos a nosotros y a los demás. Absorbiendo de repente

nuestro entusiasmo. Como si en un instante muriese para siempre toda nuestra felicidad,

no pudiera revivir y lo supiéramos.

La desesperación es simplemente una esperanza amarga, desagradable. Insoportable e

indeseable. Pero la esperanza es la naturaleza de nuestra conciencia. Esto no lo podrá

negar la verdadera gente sensata.

La vida es todo.

¿Cuándo es el momento adecuado, ideal, óptimo, supremo?

¿Qué circunstancia es brillante o perfecta?

¿Cómo conquistaremos el honor extraordinario de la inmortalidad?

El juicio es aquello que nos aparta y nos arrebata de este mundo, para afrontarnos en plena

soledad. La soledad austera de la razón, dónde el corazón explota de quejas que resuenan

en el silencio, por un tiempo. Han sacado y medido cuentas. Han intercambiado lo que no

podían contener para sí.

He ido callando. No sé por cuánto más hablaré.

No me he librado de mí mismo.

Todos los desconocidos son mis hermanos.

Me gustaría dar vida a estas palabras. Más vida, vida humana. Mi vida humana.

No robes felicidad. ¡Regálala!


Si no ignorase por completo mi aportación, si no me preocupase, no volvería a exponer mi

orgullo en este texto. Pero aún me siento arrastrado en la fantasía por dentro.

Envuelto, embelesado en proyectos sin acabar. Será mi juventud o la naturaleza humana.

Lo ideal es invisible.

Si se vuelve a probar la profundidad, por si acaso, es pronto para rendirse.

El enemigo oculto siempre es más peligroso que el manifiesto.

En la historia de la tristeza está escrito que, después de la prosperidad material,

viene la difícil prueba de la filosofía. Nuestro desafío.

La transición que los vivos todavía no hemos cruzado.

Bien sabemos que hay ataques contra nosotros mismos que no podemos detener. Ni sabemos

cómo. Si creímos haberlo sabido, lo olvidamos o nos dimos cuenta de que no era así.

Nos dimos nuestras propias respuestas sobre lo que no sabíamos.

Nos bastaron esbozos rápidos.

Huimos de la difícultad en un suspiro.

Pero seguimos atrapados en lo desconocido.

Como el no-nato. O las criaturas fantásticas en su propio mundo.

Somos la mitad de lo que no se puede saber.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Listopad


Se llena de sueños vagos y libres el descuido de mis educadores. Mis cuidadores, tan humanos como yo, que no pudieron ni quisieron resistirse finalmente al empeño de sus propios sueños. Todo eso que nos hace vagos y libres, en nuestra imaginación. Vivir es estar enfermo de vida, ser hombre, pero un hombre más. Otro hombre. No enseñar más que su propia ignorancia, el canon de su cultura. El rastro de amor que sondearon los anteriores. 

Más puede un grupo de hombres que un hombre solo, pero mucho más puede un grupo de hombres organizado. He aquí todo el sentido de la sociedad humana. Por mi parte, me cuesta usar el lenguaje para algo más que la construcción de significado, la recreación de la belleza. Pues, no lo usamos sólo para decir lo que queremos? 

Estoy lleno de reproches. No se separan los que lanzo contra mí mismo y contra los demás. La vida está llena de vanidad, de exceso de vanidad. El orgullo es la enfermedad del alma. Desear caer es ignorar por completo la caída. Contener, ser lo exterior y no su contrario. 

Todos divagamos sobre nuestros errores, porque en realidad no los conocemos, y sólo los sospechamos y olvidamos temporalmente. No hay superhombres más que en los sueños de los hombres, acusando y deslumbrando. Los hombres perfectos son imperfectos. He querido seguir con más fuerza de la que he querido que me sigan a mí, pues poco o nada tengo que enseñar, como puede verse. 

Callo y escucho, pero termino exponiendo mi consuelo y consejo, con tanto amor que hago callar y escuchar a mis semejantes, a los que me encuentro. Está ya lejos la juventud y la infancia, donde apenas recibía mi propia perplejidad. Ahora estoy actuando por mí mismo. He sido empujado a la vida real. Pasa de verdad. 

Un día ya no estaré aquí. Intento decir algo que tenga sentido, pero también pasión verdadera. Pasión de vida humana, de empatía humana. Hablemos de filosofía. Filosofemos, hagámonos hombres divinos a la semejanza de los verdaderos hombres divinos y pongamos todo el empeño de nuestro corazón. 

martes, 1 de noviembre de 2016

Sin palabra


Me gusta olvidar que otros ya han vivido, sin salirse un centímetro de la vida real. Sin necesidad de haberlos conocido, bastándome por completo la especulación, a pesar de la incertidumbre. Los momentos liberales del verdadero espíritu. El que se siente imperfecto, agonizante. Moribundo. Dependo por completo de este momento. La memoria y los huesos. Soy desconocido del tiempo. 

A veces, me gusta lo contrario. Darme libertad a mí mismo para hablar, para fantasear. Vuelvo forzosamente a lo cotidiano. Para volver a escapar pronto. Rápido. En cuanto puedo. No me encuentro en calma, cuando empiezo a pensar. Rebusco en mi corazón. Ninguna garantía basta. Ninguna fantasía. Ningún recuerdo. Ni el más poderoso y tranquilizador. Se resiste y escurre la vida, mientras dura. Se derrama fuera de sí misma. 

Todos somos pequeños y existen los otros. Hay compañía. Hay roce y dolor. Travesuras. Penetración extraña y total. Vacilamiento y exceso. Los sentimientos son superávit de razón. La conciencia es el único descubrimiento por dentro, sin ser total ni constante. Basta lo pasajero, para los que discuten.